Lamine Yamal sopló las velas de sus 19 años el pasado 13 de julio, concentrado con la selección en plena disputa del Mundial 2026, y ha tenido que esperar un mes justo para celebrarlo como acostumbra. La fiesta se dio la noche de este martes en Mas de Sant Lleí, una masía del siglo XII levantada en Vilanova del Vallès, a un cuarto de hora en coche de Barcelona, y reunió a poco más de un centenar de invitados detrás de tres controles de acceso y de una flota de drones con cámaras termográficas. Dentro hubo sushi, cantantes internacionales que nadie vio entrar y un pedido de 1.200 euros a McDonald’s pasada la medianoche. Cuando la masía cerró, a las tres de la madrugada, la noche siguió en la discoteca Shoko.
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Tres controles de acceso y drones térmicos peinando cuarenta hectáreas de bosque
El dispositivo con el que Lamine Yamal blindó la finca fue el gran protagonista de las horas previas. Quien quisiera llegar hasta el interior tuvo que atravesar tres filtros sucesivos: el primero, en la puerta principal que da a la calle, donde los coches se detenían y sus ocupantes se identificaban uno por uno; el segundo, justo antes del aparcamiento interior de la propiedad, donde los invitados debían bajar del vehículo y continuar a pie; y el tercero, ya en la misma puerta que abre al recinto de la celebración. Por encima de todos ellos volaron drones equipados con cámaras termográficas, encargados de mantener vigilado el perímetro boscoso que rodea las cuarenta hectáreas de la finca, una precaución infrecuente en una fiesta privada y que da la medida exacta del celo con el que el delantero quiso proteger la velada. A los asistentes se les restringió además el uso del teléfono móvil dentro del recinto, de modo que quien no quisiera dejarse ver ante la prensa apostada en la entrada pudo pasar la noche entera sin aparecer en una sola imagen. La revista Lecturas consiguió entrar y contarlo desde dentro.

La convocatoria oficial figuraba a las nueve de la noche, pero el movimiento en los alrededores arrancó mucho antes: las primeras furgonetas negras de cristales tintados empezaron a desfilar hacia la masía sobre las cinco de la tarde y la celebración se puso realmente en marcha alrededor de las seis.
A las puertas se agolpaban decenas de seguidores de Lamine Yamal, desde adolescentes hasta madres con niños pequeños, a la espera de reconocer a alguno de los futbolistas. Los primeros en cruzar el control fueron precisamente los compañeros de vestuario, buena parte de ellos acompañados por sus parejas, un detalle que marca la diferencia con celebraciones anteriores: Marc Casadó, Fermín López, Gerard Martín, Dani Olmo, Joan García, Wojciech Szczesny, Pau Cubarsí, Marc Bernal, Frenkie de Jong, Jules Koundé y Héctor Fort fueron apareciendo de manera escalonada, a los que se sumaron Gavi, Raphinha y Eric García. Rato después llegó un grupo de compañeros de la Kings League y también Dulceida, del brazo de su mujer, Alba Paul. La última en presentarse, y una de las últimas en marcharse, fue la cantante Bad Gyal.
Del sushi de Nomo al capricho de 1.200 euros en hamburguesas
La propuesta gastronómica de la masía, dirigida por el chef Jordi Planchería y construida sobre producto de proximidad, se desplegó en un menú de carne, pescado y jamón que cumplió con nota. El éxito de la noche, sin embargo, se lo llevó un catering ajeno a la casa: el del restaurante japonés Nomo, que sirvió a los asistentes desde sushi hasta nigiris pasando por prácticamente toda su carta. Y a última hora, cuando los invitados llevaban ya un buen rato con la cena resuelta, llegó el capricho que ha acabado resumiendo la celebración entera: un pedido a McDonald’s por el que Lamine Yamal desembolsó 1.200 euros en hamburguesas y patatas para repartir entre los que aún resistían. La cifra, en una fiesta de poco más de cien personas, habla menos del presupuesto que del momento exacto de la madrugada en que se hizo el encargo.

Alrededor de la medianoche empezó el goteo de salidas, y el motivo era estrictamente laboral: buena parte de la plantilla azulgrana tenía entrenamiento a primera hora de la mañana siguiente en la Ciudad Deportiva, y así ha sido, con el propio Lamine Yamal reincorporado a la sesión pocas horas después de cerrar su fiesta. Fue justo entonces, con el vestuario desalojando la masía, cuando comenzaron a llegar las llamadas «chicas de imagen», aunque en un número muy inferior y con mucha más discreción de la que se les vio hace un año. Los invitados fueron abandonando la finca con una bolsa amarilla de regalo bajo el brazo, cargada de cremas de Sol de Janeiro y con un par de chanclas de Havaianas dentro. A las 2:45 de la madrugada salieron por la puerta tres furgonetas negras de cristales tintados con el futbolista y su familia, seguidas de un coche en el que viajaban su primo Mohamed y sus amigos. Quince minutos después, la música paró y la masía echó el cierre. No hubo fuegos artificiales ni llegadas en helicóptero, pese a que la finca ofrece ambos servicios y presume de helipuerto propio.
Los cantantes que nadie vio entrar y una ‘after party’ en Shoko
El cartel musical de la noche se mantuvo oculto hasta que sonó. Los seguidores congregados en la verja alcanzaron a escuchar durante la tarde algunos de los ensayos que se celebraron horas antes de que abriera la fiesta, y de ahí salieron las dos primeras pistas: se oyó cantar al Grupo Frontera y se reconoció la voz de Bad Gyal en las pruebas de sonido. Lo que nadie vio fue la entrada de los demás. Ozuna, Myke Towers, Anuel AA, Morad y Ryan Castro estuvieron dentro de la masía, y varios de ellos actuaron para Lamine Yamal, sin que ninguna cámara los captase cruzando el control de la entrada. El acceso escalonado, las furgonetas tintadas y la triple barrera funcionaron exactamente para eso: que el reparto artístico de la velada solo se conociera cuando ya había terminado.
La fiesta oficial murió a las tres de la mañana, pero la celebración no. Un grupo de asistentes se trasladó a la discoteca Shoko para prolongar la noche hasta bastante después del cierre de la masía, mientras otros preferían dirigirse directamente al hotel que Lamine Yamal había reservado a pocos minutos de la finca para quienes no quisieran conducir de vuelta. A esas horas, buena parte de la plantilla azulgrana llevaba ya un buen rato en la cama: la sesión de la Ciudad Deportiva no se movía de sitio por mucho que el anfitrión cumpliera años.
Inés García, la cena de la víspera y la sombra del 18 cumpleaños
La gran incógnita de la noche tiene nombre propio. El periodista Javi de Hoyos, que fue desgranando en directo la lista de asistentes desde la puerta de la masía, situó dentro de la celebración a Inés García, la novia de Lamine Yamal, aunque la influencer sevillana no ha publicado ni una sola imagen de la velada ni se ha pronunciado sobre si acudió.
@javihoyosmartinez Imágenes del interior de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal: estuvo Ines García. Artistas: Bad Gyal, Myke Towers, Grupo Frontera, Morad, Galder Varas… #lamineyamal #inesgarcia #badgyal #myketowers #galdervaras ♬ sonido original – JaviHoyos
@javihoyosmartinez El cumpleaños de Lamine Yamal #lamineyamal ♬ sonido original – JaviHoyos
@javihoyosmartinez Los invitados de Lamine Yamal #lamineyamal #gavi #ferminlopez #hectorfort ♬ sonido original – JaviHoyos
Lo anterior sí está confirmado: el propio 13 de julio, con el delantero concentrado en el Mundial, el cumpleaños se resolvió en un formato mínimo y familiar junto a su madre, Sheila Ebana, su hermano pequeño y la propia Inés García; y la víspera de la macrofiesta la pareja cenó en La Cúpula del Garraf, uno de los restaurantes de confianza de media plantilla del FC Barcelona. La cena no es un detalle menor en una semana en la que han corrido rumores de ruptura y hasta han circulado fotografías falsas del futbolista con otra mujer.
Todo el despliegue de seguridad de esta madrugada se explica por lo que ocurrió doce meses antes. La fiesta de su mayoría de edad reunió a más de doscientos invitados, tuvo temática de gánsteres y acabó devorada por la polémica sobre algunos de los servicios contratados, en particular la presencia de personas con acondroplasia trabajando durante el evento. El futbolista tardó meses en responder y lo hizo en el pódcast ‘Resonancia de Corazón’, de José Ramón de la Morena: «Me hizo gracia cuando intentaron mancharlo de muchas formas. Salió una señora diciendo mentiras, que yo elegía a las chicas de una forma y de otra forma. No tenía ningún sentido». Aquel verano el ruido no se quedó en la fiesta, y desde entonces su entorno encadena episodios: el enfado de su padre con los reporteros que fueron a felicitarle por este mismo cumpleaños o el comunicado atribuido a Inés García que en realidad escribió un suplantador. En julio, sin ir más lejos, se habló tanto de el collar de más de 25.000 euros con el que ella lanzó un guiño en el partido de España como de la madrugada con la que los campeones del mundo celebraron el título. La masía del siglo XII, los tres controles y los drones son la respuesta a todo ese ruido, y esta vez ha funcionado: de la fiesta solo ha salido lo que él ha querido que saliera.
