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Corazón

Irene Rosales baja el volumen del escándalo de Cantora: «Se le está dando mucho bombo» y zanja en tres frases la declaración de amor de Kiko Rivera a Lola

Pedro Serrano González
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En una semana en la que todo el mundo ha querido opinar sobre las ruinas de Cantora, la única que vivió allí y aún no había abierto la boca ha decidido hacerlo para bajar el volumen. Irene Rosales ha roto su silencio sobre el estado en el que se encuentra la finca de Isabel Pantoja y lo ha hecho con un mensaje que va justo en dirección contraria al ruido dominante: «Yo creo que se le está dando mucho bombo». La exmujer de Kiko Rivera, que residió durante años en la propiedad junto al DJ, no niega el impacto que le produjeron las imágenes —«verla así impacta mucho», admite—, pero se niega a interpretar el deterioro como un acto de maldad. Y, de paso, ha zanjado en tres frases la otra pregunta que todos querían hacerle: la declaración pública de amor que su exmarido dedicó a Lola García.

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«No creo que lo hayan hecho queriendo ni a malas»

La reflexión de Irene Rosales tiene el valor de venir de quien conoce la casa por dentro, no de quien la ha visto en un plató. Ella durmió allí, hizo vida allí, y por eso su análisis del abandono es doméstico antes que moral. «Es lo normal cuando dejas una casa, y además una casa que ha sido muy vivida», ha explicado. «El deterioro de una casa tan grande y que necesita tanto trabajo, pues al final en unos meses se echa abajo. Y no creo que haya sido nada por querer hacer todavía peor la casa». La frase desmonta, sin levantar la voz, la lectura que ha circulado estos días: la de un abandono deliberado, casi vengativo, de una propiedad convertida en símbolo.

Esa es la parte incómoda de su declaración para quienes esperaban leña. En el ecosistema del corazón, donde el reproche cotiza al alza, Irene Rosales ha optado por lo contrario: entender. No exculpa a nadie porque no hay nadie a quien acusar, viene a decir. Una finca de las dimensiones de Cantora, vacía y sin mantenimiento, se degrada sola y lo hace deprisa. La suya no es una defensa de la familia Pantoja —con la que hace tiempo que no tiene relación—, sino una constatación de sentido común que, precisamente por serlo, choca con el tono épico que ha adquirido todo este asunto desde que un programa de televisión mostró el estado real del inmueble.

La emoción que sí reconoce: «Da pena, pero más pena les tendrá que dar a ellos»

Otra cosa es lo que sintió al ver las imágenes. Ahí Irene Rosales no disimula, y es en ese punto donde su testimonio adquiere un peso que ningún tertuliano puede igualar. «Ya lo dije yo en el programa: al final es una casa que ha sido muy vivida y que yo he estado ahí y la he visto llena de vida», ha recordado. «Verla así impacta mucho». La comparación entre aquella casa habitada —con niños, con ruido, con celebraciones— y el esqueleto que se ha visto en televisión es inevitable para alguien que hizo allí una etapa entera de su vida.

Pero incluso en la nostalgia se guarda las distancias, y lo hace con una frase que resume su posición actual mejor que ninguna otra: «Estoy segura de que los bonitos recuerdos se los han llevado ellos y ya está. Ya habrán cerrado esa etapa y, bueno, da pena, pero más pena les tendrá que dar a ellos seguro». Es decir: no es su duelo. Ella pasó página hace tiempo, igual que Kiko Rivera pasó la suya, y el desmoronamiento de Cantora pertenece a un capítulo que ya no le corresponde llorar. La afirmación es respetuosa y, al mismo tiempo, marca una frontera clarísima: los recuerdos se guardan, la casa se pierde, y el dolor de esa pérdida es de otros.

El portazo elegante a la declaración de amor de Kiko Rivera

Quedaba, por supuesto, la pregunta que sobrevolaba toda la conversación. Hace apenas dos días, Kiko Rivera dedicó públicamente a su pareja, Lola García, unas palabras que dieron la vuelta al país —«la vida me regaló a una mujer diferente»— precisamente en la jornada más dura de su verano, coincidiendo con la exhibición televisiva de la casa de su madre. Preguntada por ello, la respuesta de Irene Rosales ha sido un ejercicio de contención difícil de superar: «Es que yo no tengo nada que ver ahí. Me parece muy bien, si ha hecho eso me parece muy bien. No puedo contestarte otra cosa».

Tres frases, ni una grieta. Sin ironía, sin doble sentido, sin el más mínimo resquicio por el que un titular pudiera colarse. La que fuera mujer del DJ durante años, y con quien tiene a sus dos hijas, ha entendido perfectamente el terreno que pisa y ha decidido no entrar. Y esa negativa, en un contexto en el que cualquier matiz suyo habría sido convertido en guerra abierta, dice bastante del lugar en el que ha decidido instalarse: fuera del ruido, aunque su apellido siga apareciendo cada vez que el clan salta por los aires.

Su testimonio llega, además, en un momento en el que todo el entorno se ha pronunciado ya. Habló el círculo de Kiko Rivera, que aseguró que al DJ «se le partía el alma» recorriendo la finca. Habló Asraf Beno para confirmar que Isa Pantoja ni siquiera fue capaz de ver el especial. Habló el propio Santi Acosta, que reivindicó el reportaje como uno de los hitos de su carrera. Faltaba ella, la que conoció aquella casa cuando todavía era un hogar. Y ha aparecido no para añadir un ladrillo más al escándalo, sino para recordar, con una tranquilidad casi desconcertante, que a veces una casa vacía solo es eso: una casa vacía.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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