El actor Fernando Guallar ha concedido una reveladora entrevista al videopódcast «Sabor a Queer» donde analiza las consecuencias de su visibilidad. El intérprete de «Velvet Colección» confiesa que mostrarse tal como es ha condicionado su carrera, limitando en ocasiones el radar de ciertos directores de casting.
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El peso de la etiqueta frente a la honestidad

La trayectoria de Fernando Guallar ha estado marcada, hasta ahora, por roles que seguían el patrón tradicional de «chico conoce a chica». Sin embargo, el actor ha decidido hablar sin tapujos sobre cómo la industria del entretenimiento gestiona la orientación sexual de sus protagonistas. Según explica Guallar, existe una creencia arraigada de que el público, educado bajo ciertos estándares, podría dejar de creerse al personaje si conoce la realidad íntima del actor que lo interpreta. Esta barrera invisible es la que, según su testimonio, ha provocado que algunas personas dejen de contar con él para determinados proyectos tras hacerse pública su homosexualidad.
A pesar de haber sentido el temor de que su honestidad le bloqueara el acceso a ciertos peldaños de la industria, el actor hace una lectura positiva de su situación actual. Guallar afirma que muchas de esas puertas que se han cerrado han terminado siendo «puertas cerradas deseadas». Para él, la pérdida de ciertas oportunidades se compensa con la apertura de nuevos caminos donde puede trabajar con mayor comodidad y, sobre todo, manteniendo una coherencia absoluta consigo mismo.
Una industria que aún etiqueta los perfiles

La reflexión de Guallar pone el foco en un problema persistente en el sector audiovisual: la garantía de papeles heterosexuales como norma establecida. El actor sugiere que, mientras los perfiles se mantengan bajo una capa de misterio o sigan lo esperado por el público mayoritario, las ofertas fluyen de manera convencional. Al romper esa norma, el radar de la industria cambia, algo que él ha experimentado en primera persona durante su carrera.
Esta confesión en el espacio «Sabor a Queer» se suma a las voces de otros intérpretes que reclaman un espacio donde la orientación sexual no determine la capacidad de un actor para transformarse en cualquier personaje. Fernando Guallar concluye que ser honesto ha sido la clave para encontrar proyectos en los que se siente más identificado y valorado por su esencia real, más allá de los prejuicios que aún persisten en los despachos de producción.
