La libertad provisional de Antonio Tejado, a la espera del juicio por el asalto al chalé de María del Monte, ha tomado un rumbo alarmante que ha hecho estallar la paz familiar. Según ha revelado el periodista Luis Rollán, el entorno más cercano del sobrino de la artista vive sumido en la preocupación por sus constantes salidas nocturnas y una conducta que ha provocado fuertes enfrentamientos con su madre y su pareja.
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El fin del perfil bajo: noches sin fin y conflictos domésticos
Desde que abandonara la prisión provincial de Sevilla en mayo de 2024, se esperaba que Antonio Tejado mantuviera una conducta discreta mientras se dirimen sus graves problemas legales. Sin embargo, la realidad que describe su círculo íntimo es radicalmente opuesta. La discreción ha dado paso a una exposición innecesaria que tiene a su familia en un estado de nerviosismo constante. El cambio de actitud es tan drástico que aquellos que más le quieren ya no reconocen al hombre que intenta retomar su vida mientras pesa sobre él una petición fiscal de casi 30 años de cárcel.
La información que maneja el colaborador Luis Rollán en Telecinco es tajante respecto al comportamiento del sevillano. «Hay una preocupación por parte de la familia por el cambio de actitud de Antonio Tejado. Ese perfil bajo ya no existe», ha sentenciado el periodista. Esta nueva faceta, marcada por la despreocupación, ha generado un cisma en su hogar, donde la tensión es ya insostenible debido a unos hábitos que chocan frontalmente con la delicada situación judicial que atraviesa.
Salidas nocturnas y una economía bajo sospecha
El principal foco de conflicto reside en la intensa vida social que Tejado ha retomado. Lejos de buscar el refugio del hogar, las crónicas de su entorno describen una rutina de excesos que terminan al alba. Según las declaraciones de Rollán, «nos llega información de que sale por la noche y vuelve a casa al día siguiente, son salidas continuas». Este ritmo de vida no solo es cuestionado por lo que implica a nivel de imagen pública, sino por las consecuencias directas que tiene en su convivencia diaria.
«Esto ha supuesto peleas con su pareja y con su madre», revela la fuente, dejando claro que el apoyo incondicional que ha recibido hasta ahora está empezando a agrietarse. Pero más allá de las discusiones, surge una incógnita que atormenta a su familia: la procedencia del dinero. Con las cuentas bloqueadas o inexistentes debido a su falta de ocupación laboral, nadie se explica cómo puede sufragar los gastos de una vida nocturna activa. La realidad financiera es cruda, ya que, según se ha filtrado, «su casa la está costeando su pareja y su propia madre», lo que hace que cada euro gastado en ocio sea visto como una falta de respeto hacia quienes le mantienen.
El horizonte penal: 30 años de cárcel y una fianza millonaria
Mientras Antonio Tejado se pierde en la noche sevillana, la maquinaria judicial no se detiene. El Juzgado de Instrucción número 16 de Sevilla ya ha movido ficha con el auto de apertura del juicio oral, una etapa que será definitiva para su futuro. Los delitos que se le imputan son de extrema gravedad: cinco delitos de robo con violencia en casa habitada, retención ilegal de cinco personas —entre las que se encontraban María del Monte e Inmaculada Casal— y un delito leve de lesiones.
La presión económica también es asfixiante. El juez le ha impuesto una fianza de 639.725,98 euros para cubrir posibles responsabilidades civiles si llegara a ser condenado. Esta cifra, sumada a la petición de la Fiscalía que solicita tres décadas de privación de libertad, dibuja un panorama desolador que su familia no entiende cómo él parece ignorar. El contraste entre la gravedad de los cargos y su actitud festiva es lo que ha terminado por dinamitar la paciencia de su madre, quien ha sido su principal baluarte durante todo el proceso instructivo.
El aislamiento de un hombre a la deriva
La interpretación mediática de este comportamiento apunta a una huida hacia adelante. En los pasillos de las cadenas de televisión y en las redacciones de la crónica social, se analiza este cambio de actitud como un síntoma de rebeldía o de incapacidad para procesar la realidad de su situación. No es solo que haya abandonado el perfil bajo; es que parece estar desafiando el orden lógico que dictaría la prudencia ante un juicio inminente por ser el presunto autor intelectual del asalto a la casa de su propia tía.
Esta crisis nos deja a un Antonio Tejado más solo que nunca. El apoyo de su pareja y de su madre, fundamental para costear su día a día y su defensa legal, pende de un hilo ante la falta de empatía y responsabilidad mostrada por el excolaborador. Si el juicio oral debe ser el momento de la verdad jurídica, los meses previos están resultando ser la sentencia moral de un entorno que ya no puede más con sus desplantes y su descontrolado estilo de vida.
