La rubia del catamarán ya tiene nombre: Claudia Canals, empresaria de Barcelona especializada en redes sociales, 30 años, siete más que Carlos Alcaraz. Y el dato que cambia la lectura de todas esas fotos no es su identidad, sino el verbo que se ha usado para contar la historia: lo suyo con el tenista se retoma a principios de verano. Retomar significa que ya había algo antes. Que la escapada por la Costa Amalfitana no era un flechazo de agosto, sino la segunda parte de algo.
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La identidad la desveló el periodista Nacho Gay en el plató de Y Ahora Sonsoles, y llegó acompañada de un matiz que conviene no perder de vista: podría tratarse de un romance pasajero, porque fuentes cercanas al deportista aseguran que a sus 23 años no atraviesa un momento vital en el que busque una relación estable y duradera. Es decir, la escena existe, pero nadie de su entorno la vende como el gran amor.
Los tatuajes que la delataron y un ex del mundo del deporte

El detalle que permitió ponerle nombre a la silueta de las fotografías fue puramente visual: sus tatuajes, muy característicos, fueron la pista que llevó hasta ella. A partir de ahí, el perfil se completó solo. Tras estudiar marketing decidió especializarse en redes sociales y acabó fundando su propia agencia. Pasó también por un conocido reality de televisión, aunque su vida hoy transita muy lejos del plató. Viajar es una de sus grandes pasiones, y siempre que su agenda se lo permite se escapa a algún rincón paradisíaco.
Hay un apunte biográfico que aporta una simetría curiosa. Según explicó en el mismo programa la colaboradora Isabel González, el corazón de la empresaria tuvo dueño hasta el año pasado, y se trataba de un joven que, igual que el murciano, se dedicaba profesionalmente al deporte. No es un dato menor: dibuja a alguien que ya sabe lo que supone convivir con una carrera de élite, con sus calendarios imposibles y su exposición.
Ella, por su parte, no ha querido hacer declaraciones ni comentarios sobre su vinculación con el tenista. Y él tampoco: se ha limitado a compartir en sus redes varias instantáneas de sus días en alta mar rodeado de amigos, sin seleccionar ni una sola imagen en la que aparezca ella. Fiel a su estilo de blindar la intimidad, ha contado el viaje sin contar la parte que todo el mundo quiere ver.
El otro romance: una de las gemelas de Julio Iglesias
La misma jornada dejó una segunda revelación, y conviene no mezclarlas porque son dos historias y dos mujeres distintas. El tenista mantuvo hace unos meses un breve romance con Victoria, una de las gemelas de Julio Iglesias y de la exmodelo neerlandesa Miranda Rijnsburger. Aquello ocurrió en Miami, no en Italia, y fue de carácter efímero.
A ambos se les vio juntos en el club de tenis que las hermanas frecuentan desde hace años, grandes aficionadas a este deporte, y el detalle que da solidez al asunto es su origen: fue el propio deportista quien confirmó esa historia a personas de su círculo más cercano. No es un rumor de plató, es él contándolo entre los suyos.
Aquel viaje a la ciudad estadounidense fue de contrastes. Voló en marzo con la ilusión de reconquistar el Miami Open, el torneo que ganó en 2022 y que le convirtió, con apenas 18 años, en el primer español en levantarlo. Cayó en tercera ronda ante Sebastian Korda. Se fue sin trofeo y con una historia que ha tardado cuatro meses en salir a la luz.
Un historial de vínculos que se desinflaron
El precedente obliga a la prudencia, y el más reciente es muy ilustrativo. Hace menos de un mes se dio por hecho que estaba ilusionado con Ana Mena tras la ruptura de la cantante con Óscar Casas, y aquello se desmontó en primicia: fuentes cercanas subrayaron que todo fue una simple coincidencia. «Se saludaron y hablaron, porque se conocen desde hace años, pero nada más». También se le relacionó con la tenista Emma Raducanu, con quien compartirá pista en el dobles mixtos del US Open, y tampoco pasó de la amistad.

La diferencia esta vez la marcan las fotografías. Las publicaron la revista Semana y la italiana Chi, y muestran una complicidad que no admite mucha interpretación: caricias y juegos a bordo del Sunreef Ultima 88, el catamarán valorado en unos diez millones de euros que estrenó este año. Es, con diferencia, la primera vez que se le ve en un plano romántico tan claro. El viaje recorrió Capri, Isquia y la costa napolitana, con parada gastronómica en Danì Maison, el restaurante de dos estrellas Michelin del chef Nino Di Costanzo.

Que todo esto ocurra en julio tiene una explicación que se cuenta poco: arrastra una lesión de muñeca derecha desde el 14 de abril, cuando se retiró en el Conde de Godó, y esa retirada le ha costado Madrid, Roland Garros y Wimbledon. Sin torneos que jugar, el foco se ha mudado de la pista a la cubierta del barco. Vuelve en el Masters 1000 de Cincinnati, del 8 al 23 de agosto, donde defiende título. Hasta entonces, el verano es suyo. Y, por lo que se ve, no lo está pasando solo.
