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Corazón

Antonia San Juan corta en seco las preguntas sobre su cáncer: «Este tema ya pasó. Ya no. Ya no me toca»

Pedro Serrano González
5 min 47

Llegó al photocall quejándose de un catarro de verano, de esos que reparten los aires acondicionados, y se encontró con la pregunta que lleva meses esquivando. Antonia San Juan escuchó cómo los periodistas le interesaban por su enfermedad y decidió que ya está bien. «Yo me cuido mucho. Pero ya no quiero seguir. Este tema ya pasó. Ya no. Ya no me toca», respondió, rotunda y esquiva a la vez, dejando claro que su cáncer de garganta pertenece a un capítulo cerrado que no piensa reabrir cada vez que se cruce con una cámara.

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La actriz canaria acudía este jueves a la presentación en Madrid de Tal vez, su última película, arropada por buena parte del reparto, entre ellos Adriana Ugarte, Aitor Luna, Ana Fernández, Javier Pereira y Tania Santana. Había ido a hablar de cine. Pero primero, como siempre, tocaba pasar por la aduana de la enfermedad.

«Ya no me toca»: el derecho a no contar más

La respuesta, breve y sin aristas, encierra una reivindicación que la intérprete lleva formulando desde que superó la enfermedad y que en este país todavía cuesta entender: la de que un paciente recuperado no tiene ninguna obligación de seguir siendo, para siempre, un paciente a ojos de los demás. Está totalmente restablecida. Terminó la quimioterapia a comienzos de este año y el tumor remitió sin metástasis. Y ahí, para ella, se acabó la historia.

No es la primera vez que lo plantea, y conviene recordarlo porque su postura ha sido constante y coherente. El pasado febrero, sobre la alfombra de los Goya, ya avisó de que aquel asunto la agotaba: «No me gusta hablar de este tema, es muy pesado», dijo entonces con la misma naturalidad. Y meses antes había ido más lejos, dejando una frase que debería estar enmarcada en las redacciones: «Yo no quiero que me den un premio por tener cáncer, yo soy actriz; el mejor premio es darme trabajo». Difícilmente puede decirse con más claridad ni con menos aspavientos.

El trabajo como cura y como respuesta

Lo que sí quiso contar, y contó con entusiasmo, fue lo otro. Que este verano no habrá vacaciones, que encadena un proyecto tras otro y que no tiene ninguna intención de bajar el ritmo. «Mi trabajo es mi pasión y mi vida», resumió. En esa frase hay bastante más que una declaración de amor al oficio: hay la explicación de cómo salió adelante. La interpretación fue el asidero al que se agarró durante los meses duros, el motivo para levantarse cuando el cuerpo pedía lo contrario.

Y también reconoció una vulnerabilidad que desmiente cualquier tópico sobre la veteranía. A pesar de una carrera de décadas, todavía se le revuelve el estómago la noche de un estreno: «Me sigo poniendo nerviosa en un estreno porque yo no controlo lo que hice y no la he visto todavía. En un teatro cuando actúo no me pongo nerviosa, pero aquí como yo no controlo ni montaje, ni he visto lo que he hecho, pues sí te provoca nervio». Sobre las tablas manda ella; en una sala de cine, se pone en manos ajenas.

Una carrera que se resiste a caber en un titular

Conviene recordar de quién hablamos, porque el ruido alrededor de su salud ha tapado durante un tiempo lo esencial. La actriz construyó una de las carreras más singulares del audiovisual español desde una posición completamente marginal, sin escuela ni padrinos, y encontró la consagración internacional dando vida a la Agrado de Pedro Almodóvar, uno de esos personajes que se escapan de la película y se instalan en la memoria colectiva. Después vinieron el teatro propio, la dirección, la escritura y un puñado de papeles televisivos que la convirtieron en rostro cotidiano de millones de casas.

Esa trayectoria explica su hartazgo. A una intérprete que se ha ganado cada centímetro de su lugar se le pregunta hoy, antes que por su trabajo, por un tumor que ya no existe. Su respuesta de este jueves no fue un desplante ni un mal gesto: fue una frontera trazada con educación y sin dramatismo. Ella ha decidido dónde termina lo público y dónde empieza lo suyo.

Queda la película, que es de lo que iba la tarde y de lo que nadie acabó preguntando lo suficiente. Y queda una lección incómoda para quienes cubrimos estos actos: que sobrevivir a un cáncer no convierte a nadie en portavoz permanente de la enfermedad, ni obliga a rendir cuentas del propio cuerpo cada vez que se pisa una alfombra. «Ya no me toca», dijo. Convendría escucharla.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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