A nueve días de que expire su contrato, Josep Pedrerol tendría ya un destino. El presentador catalán, la voz más reconocible de las madrugadas futboleras de este país, prepara su desembarco en Mediaset y su fichaje estaría a punto de cerrarse, según ha adelantado Diario AS. El vínculo del comunicador con Atresmedia, la casa en la que ha construido durante más de una década el fenómeno de «El Chiringuito», termina el próximo 19 de julio. Si la operación se confirma, estaríamos ante uno de los movimientos más ruidosos que ha vivido la televisión española en años.
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Una ruptura anunciada: la oferta a la baja que nadie contestó
El desenlace no llega por sorpresa para quien haya seguido el culebrón desde la primavera. Ya en mayo trascendió que la continuidad del presentador y de su equipo en el grupo estaba en el alero: las conversaciones para la renovación llevaban semanas congeladas después de que el comunicador no respondiera a una propuesta económica sensiblemente inferior a la que venía percibiendo. Aquel silencio fue interpretado como lo que era, un portazo educado, y a partir de ahí el catalán comenzó a explorar el mercado. Fuentes del sector daban entonces por «improbable» su permanencia y aseguraban que el presentador negociaba ya con otros operadores para mudar su programa. Lo llamativo es que en aquel momento la vía de Mediaset se descartaba de manera expresa: se apuntaba a otras casas, y muy especialmente a Ten, el canal del Grupo Secuoya gestionado en buena parte por Mediapro, como el destino más plausible.
Dos meses después, el escenario habría dado un vuelco de ciento ochenta grados. Y no deja de tener su ironía, porque el propio presentador ha contado en público, durante una celebración de aniversario del programa, que ya recibió una oferta para irse a Telecinco hace años, cuando Paolo Vasile mandaba en la casa y él acababa de cerrar la etapa de «Punto Pelota». Aquella puerta nunca se cruzó. Ahora, con el contrato a punto de vencer y sin acuerdo con quien le ha dado cobijo desde entonces, la historia parece querer cerrar un círculo que se abrió hace más de una década.
Qué pierde Atresmedia y qué compraría Mediaset

Conviene dimensionar lo que está en juego, porque no hablamos de un colaborador ni de un rostro más de la parrilla. «El Chiringuito» es una máquina de generar conversación que se ha emitido en Mega y en laSexta convirtiendo la madrugada, una franja históricamente residual, en un territorio rentable y en una cantera inagotable de titulares que después alimentan a la radio, a la prensa deportiva y a las redes durante el día siguiente. El programa no compite por la cuota de pantalla convencional: compite por el minuto viral, por el corte que se comparte a las dos de la mañana y que a las nueve ya lo ha replicado media España. Perder eso deja un agujero difícil de tapar con una reposición.
Para el grupo de Telecinco y Cuatro, en cambio, el movimiento tendría una lectura estratégica evidente en un momento en el que sus datos de audiencia atraviesan un momento delicado y necesita marcas potentes con las que sostener las noches. Un formato como el del catalán, con público fidelizado, coste de producción contenido y una capacidad de conversación desproporcionada respecto a sus cifras, encaja como un guante en cualquier estrategia de reconstrucción. Y hay algo más: fichar a Pedrerol no consiste solo en ganar un programa, sino en arrebatárselo al competidor directo. En la guerra abierta que ambos grupos libran estos días en los juzgados por otro formato, el gesto tendría además un valor simbólico difícil de ignorar.
Las cautelas: una sola fuente y nueve días por delante
Toca, llegados aquí, poner el freno que exige el rigor. La información la firma un único medio, y ni el presentador ni ninguno de los dos grupos audiovisuales se ha pronunciado por el momento. Tampoco se han desvelado los detalles decisivos: en qué cadena del grupo aterrizaría, con qué nombre, en qué franja, con cuánto presupuesto y con cuántos de sus colaboradores históricos en la maleta. Nada de eso es menor, porque el valor del formato reside tanto en su conductor como en la troupe de tertulianos que lo rodea y en los derechos de las imágenes de los partidos, un asunto que ha condicionado la vida del programa desde su nacimiento.
Quedan nueve días. El 19 de julio, el contrato del presentador con su casa de siempre expira, y a partir de ese momento el catalán será libre de firmar donde quiera. La Liga arranca en unas semanas y ningún grupo puede permitirse llegar tarde a la cita con una franja que se decide, precisamente, en agosto. Si el fichaje se confirma, la madrugada española cambiará de manos y el mapa de la televisión deportiva se reescribirá de arriba abajo. Si no, habrá sido el enésimo capítulo de un pulso que lleva meses jugándose lejos de las cámaras. En cualquiera de los dos casos, la respuesta llegará antes de que termine el mes.
