La medallista olímpica Ana Peleteiro ha sufrido un preocupante contratiempo de salud a escasos días de dar a luz a León, su segundo hijo. Tras experimentar una pérdida de visión y fuertes malestares, la atleta acudió al hospital junto a su marido, Benjamín Compaoré, para descartar complicaciones graves en un embarazo que, hasta el momento, había transcurrido con la energía propia de una deportista de élite.
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La sombra de la preeclampsia en el momento más dulce
El camino hacia la maternidad de Ana Peleteiro ha estado marcado por una resiliencia admirable. Tras superar el dolor de un aborto espontáneo el pasado julio, la noticia de este nuevo embarazo supuso un bálsamo de esperanza para la familia que ha formado junto al también atleta Benjamín Compaoré. Durante meses, la plusmarquista gallega ha compartido con sus seguidores una gestación activa, luminosa y desprovista de las presiones estéticas que a menudo asfixian a las figuras públicas. Sin embargo, la naturaleza caprichosa de la recta final del embarazo ha decidido poner a prueba su templanza con un episodio que la ha llevado directamente a las salas de urgencias.
Según ha relatado la propia protagonista a través de sus canales oficiales, el malestar comenzó a manifestarse de forma insidiosa. «Esta mañana después de dormir y descansar bien, me levanté incluso peor de lo que me acosté ayer. Veía borroso y además empecé a ver como puntitos negros…» confesó con una franqueza que caló hondo en su comunidad digital. Ante la persistencia de estos síntomas visuales, acompañados de náuseas y una fatiga inusual, la gallega no dudó en activar el protocolo de seguridad médica, contactando de inmediato con su preparadora física de confianza, Crys Díaz, quien le recomendó encarecidamente una revisión de sus niveles de tensión arterial.
Un protocolo de emergencia entre monitores y análisis
La llegada al centro sanitario activó una serie de pruebas diagnósticas orientadas a proteger tanto a la madre como al pequeño León. En el hospital, los sanitarios procedieron a la colocación de monitores para supervisar el bienestar fetal y monitorizar las constantes de la deportista. El objetivo principal de los facultativos ha sido descartar la preeclampsia, una complicación grave caracterizada por la presión arterial alta que puede comprometer el tramo final de la gestación. Con el temple que la caracteriza en las pistas de atletismo, Peleteiro explicó los pasos a seguir: «Mañana me darán unos resultados para valorar el riesgo real de preeclampsia de aquí al final del embarazo, pero es algo que se hace para quedarnos todavía más tranquilos. Y, por desgracia, la semana que viene tengo que repetir la prueba de la glucosa. Pero bueno, que todo sea porque todo continúe estando bien».
A pesar de la lógica inquietud que genera cualquier paso por urgencias en un estado tan avanzado, las primeras valoraciones invitan a un optimismo prudente. La atleta ha transmitido un mensaje de calma, agradeciendo la profesionalidad del equipo médico y sugiriendo que, a falta de los resultados definitivos, todo parece indicar que se tratará de un susto derivado del agotamiento acumulado. «Cree que esas sensaciones se deben a que su cuerpo está recuperándose de toda la carga de trabajo y estrés de los últimos 2 meses» y, por ello, ha decidido abrazar una rutina de «vida en slow» hasta el momento del parto.
El imperio gallego y la calma tras la tormenta deportiva
Más allá de su faceta como icono del deporte español, Ana Peleteiro ha consolidado en 2026 una envidiable estructura empresarial que le permite afrontar estos momentos con una seguridad financiera ganada a pulso. Desde su base en Galicia, la familia Compaoré-Peleteiro no solo supervisa las obras de su nueva vivienda, sino que gestiona un diversificado portfolio de negocios que incluye una cafetería, una clínica de podología en Vigo y un centro deportivo de alto rendimiento en La Coruña. Este último proyecto, desarrollado en alianza con Lucas Vázquez —exjugador del Real Madrid y actual figura del Bayer Leverkusen— y Crys Díaz, simboliza la transición de Ana hacia una vida donde la gestión de su propio tiempo es la prioridad absoluta.
En este refugio gallego, la pequeña Lúa, de tres años, aguarda con ilusión la llegada de su hermano. La niña, que ya empieza a mostrar la herencia atlética de sus progenitores, es el centro de un hogar multicultural y políglota donde el deporte es un lenguaje más. La inminente llegada de León completará una familia supernumerosa, integrando también a las tres hijas mayores de Benjamín Compaoré. Para Peleteiro, esta estabilidad es el resultado de una filosofía de inversión inteligente, nacida del deseo de «no trabajar mucho o no tener un jefe» en el futuro. Ahora, con los pies en la tierra y la mirada puesta en los resultados médicos, la campeona se prepara para el salto más importante de su vida: el nacimiento de su segundo hijo.
