La madre de Violeta Mangriñán está jubilada. Cuando el fuego empezó a bajar hacia Aín, el pueblo de Castellón donde vive, no cogió el coche para irse a Madrid con su hija: se presentó voluntaria y se puso a ayudar en la extinción. Sigue allí. La última vez que hablaron, según contó la propia influencer, estaba «en la zona crítica del incendio». Violeta lo está siguiendo desde Menorca, con el mar de por medio y el móvil en la mano: «Tengo el corazón en un puño, pero estoy tremendamente orgullosa de ella».
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«Ni la jubilación la para a esta mujer»

La frase con la que lo contó tiene el punto justo de orgullo y de guasa que ella suele usar cuando algo le duele. «El fuego ha empezado en la Vall d’Uixó —el pueblo en el que me crié— y se dirige hacia Aín, donde vive mi madre, donde veranea y vive parte de mi familia materna y donde está casa Pepa. Mi madre se ha presentado voluntaria, ya está operativa para ayudar en la extinción, ni la jubilación la para a esta mujer», escribió el sábado. Es, en dos líneas, el retrato de una mujer mayor que en lugar de ponerse a salvo se pone el equipo.

Y cuando llegó la orden de desalojo, tampoco se movió. «Acaban de evacuar Aín, hay muy pocos habitantes, pero en su mayoría son personas mayores y niños», explicó la creadora de contenido. Su madre, contó, «no quiere» irse a Madrid: «se quiere quedar allí y ayudar». Violeta lo resolvió con una broma que dice bastante de las dos: comparó la «cabezonería» de ambas y remató con un «ya sabéis a quién he salido». Es el mecanismo de siempre para quitarle hierro a algo que no lo tiene, porque a esas horas su madre ya estaba dentro del operativo.
Dos llamadas y un parte que empeora

Lo que ha ido publicando durante el domingo funciona como un parte de guerra contado por teléfono. Primero: «La última vez que he hablado con mi madre ha sido hace dos horas y estaba en la zona crítica del incendio ayudando a sus compañeros, tengo el corazón en un puño, pero estoy tremendamente orgullosa de ella. Millones de gracias a todos por preguntar».

Horas después, la actualización era peor y mucho más concreta: «Acabo de hablar con ella, me dice que el incendio está completamente descontrolado, que no hay medios aéreos y que van a hacer lo posible para que no se quemen también Artana y Eslida. Lamentable».
Ese segundo mensaje es el más informativo de todos, y conviene subrayar de dónde sale: no es una valoración de la influencer, es lo que le traslada alguien que está dentro del operativo. Ella lo presenta así, como el relato de su madre, y así hay que leerlo.

Al enfado por la situación le puso después una frase que ya circula sola: «Mi madre y sus compañeros se están jugando la vida literalmente y si les llega a pasar algo juro por Dios que ahí sí que va a arder Troya, nunca mejor dicho».

También ha ido compartiendo imágenes de cómo desaparece el verde de los montes que rodean la zona, y una que resume el asunto sin necesidad de adjetivos: «Las vistas desde casa de mi padre esta mañana, literalmente las vistas con las que he crecido. Dios mío, que pare esto ya».
Qué está pasando exactamente en la Vall d’Uixó
El contexto explica por qué el tono ha ido subiendo hora a hora. El incendio forestal declarado en la Vall d’Uixó mantiene desalojados numerosos municipios y núcleos urbanos de la provincia de Castellón, con alrededor de 16.000 vecinos evacuados, mientras los habitantes de Betxí y de la propia Vall d’Uixó permanecen confinados en sus viviendas. El fuego sigue fuera de control y ha calcinado ya 4.300 hectáreas. Es el frente que se abrió este domingo, cuando la emergencia parecía concentrada en Madrid y Ávila, y es el que ha hecho que la influencer pase de compartir el verano a compartir un mapa de evacuaciones.
Su caso se suma al de otros rostros conocidos a los que este fin de semana el fuego les ha entrado por casa, aunque cada uno lo haya contado de una manera. Carlos Sainz habló desde el Gran Premio de Hungría de la finca familiar de Cebreros, Nuria Roca seguía desde Baleares el avance hacia su casa de Candeleda y Najwa Nimri, evacuada, aseguró que su refugio de Ávila había ardido. La diferencia aquí es que lo que está en juego no es una propiedad: es su madre.
La distancia, que es la peor parte
Hay un detalle que se repite en todo lo que ha publicado y que probablemente sea lo que más pesa: ella no está allí. Está en Menorca, actualizando cada pocas horas, respondiendo a los seguidores que le preguntan por su madre y comprobando por fotos ajenas cómo va desapareciendo el paisaje en el que creció. La frustración de no poder hacer nada desde la distancia aparece en cada mensaje, incluso en los que intenta rebajar con una broma. Es una posición incómoda y muy reconocible para cualquiera que tenga a los suyos en un pueblo del que se marchó.
Queda por saber lo importante, y a estas horas no lo sabe nadie: si el frente que amenaza Artana y Eslida se consigue frenar, cuándo podrán volver los evacuados de Aín y qué habrá quedado en pie. Tampoco consta que la madre haya abandonado la zona ni que los medios aéreos que ella echaba en falta hayan llegado. Lo único cierto es lo que dejó escrito su hija a media tarde, y que resume el domingo de miles de familias además de la suya: una mujer jubilada metida en la zona crítica de un incendio, y una hija al otro lado del mar esperando la siguiente llamada.
