La casa está en Candeleda, un pueblo abulense de unos cinco mil habitantes a orillas del Tiétar, y es de piedra. Nuria Roca y Juan del Val la reformaron hace poco, con calma y con dinero recién llegado, después de que él ganara el Premio Planeta con Vera. Este fin de semana, mientras el matrimonio veraneaba en Baleares, el fuego avanzaba por el sur de Ávila y ella escribía en sus redes una frase que no es la habitual en estos casos: «Reflexión, exigencia, ruego y sentido común a la vez». Las cuatro palabras, en ese orden, dicen bastante más que un pésame.
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Cuatro palabras que no son un pésame
Conviene detenerse en la frase porque no dice lo que suelen decir los mensajes de famosos ante una catástrofe. «Reflexión» apunta a las causas; «exigencia», a quien tiene que responder; «ruego», a lo único que queda cuando ya no está en tu mano; y «sentido común», a los comportamientos que provocan o agravan los incendios. Es un mensaje que reparte responsabilidad en lugar de limitarse a acompañar el dolor, y llega de alguien que no está hablando de un paisaje ajeno: la presentadora tiene allí su segunda residencia. La distancia, además, hace el gesto más incómodo y no menos: ella lo escribió desde Baleares, a cientos de kilómetros, sabiendo que no podía hacer nada salvo mirar el móvil.

La comunicadora no se quedó ahí. Compartió también un comunicado escrito por el actor Alfonso Bassave, dándole altavoz porque, según su criterio, expresaba el dolor colectivo mejor que sus propias palabras. El texto está fechado en Madrid el 25 de julio de 2026 y arranca con una escena urbana muy reconocible estos días: «Hemos pasado el día viendo noticias de incendios terribles. El humo ensombrece la ciudad y el olor a quemado se cuela por las ventanas». Y sigue ensanchando el foco: «Los incendios nos rodean y arrasan el país, el continente y el planeta. Un verano más, pero cada año peor. Lugares con entornos únicos en Guadalajara, Almería o el pantano de San Juan, paisajes de mis recuerdos, han sido destruidos. Se han perdido ecosistemas enteros, árboles centenarios, miles de animales y, lo que es peor, vidas e historias humanas». El cierre es el que ella eligió subrayar: «Hoy lloramos nuestra riqueza natural. Algunos lloran por los montes donde crecieron; otros por sus casas o seres queridos; y otros por un campo que amamos y sentimos nuestro».
Qué hay exactamente en esa casa de Candeleda

El refugio no es una inversión anónima ni una casa de catálogo, y por eso la amenaza pesa distinto. Se trata de una casa rural de piedra en plena naturaleza que la pareja adquirió y reformó recientemente, con la holgura que dio a la economía familiar el Premio Planeta que se llevó el escritor por Vera. La decoración la firmaron a cuatro manos la propia Nuria Roca y el interiorista Pepe Leal, con un estilo declaradamente setentero: hay una suite con jacuzzi en el dormitorio principal, una cocina de estética vintage y un salón rústico donde la madera manda. No es una casa para enseñar, sino para usar: allí organizan comidas largas con amigos, tiran de gastronomía local y se bañan en el río.

Candeleda está en la vertiente sur de Gredos, bañada por el Tiétar, y ese dato geográfico es justo el que explica la inquietud. El corredor del Valle del Tiétar es el eje por el que estos días avanzan las llamas en la provincia, con evacuaciones preventivas ordenadas en varias localidades y con decenas de miles de personas desalojadas o confinadas entre Ávila y la Comunidad de Madrid. Conviene precisar, para no ir más allá de lo que consta: ni la presentadora ni su entorno han informado de daños en la vivienda, ni de que hayan tenido que desalojarla. Lo que hay, de momento, es una casa dentro del perímetro de una emergencia, y una propietaria siguiéndolo a distancia.
Un verano que empezó de otra manera
El contraste con el arranque del verano es notable. El matrimonio venía de cerrar una quinta temporada intensa de La Roca en La Sexta, con las colaboraciones habituales en El Hormiguero encima, y había puesto rumbo a las vacaciones con los hijos. En el plan estaba la parada tradicional en Menorca, donde vive Ruth, hermana de la presentadora, volcada en proyectos de hospedaje turístico y navegación en Ciudadela. Es decir: unas vacaciones perfectamente diseñadas que se han visto atravesadas por la actualidad de la peor manera posible, con el descanso a medias y la cabeza puesta en el otro extremo del país.
No es la única de su entorno a la que esta emergencia le ha entrado por casa. La propia fuente sitúa en la misma situación a su amiga y compañera Tamara Falcó, a la que el peor incendio de la historia de Madrid le llegó a cercar la finca familiar en Aldea del Fresno. Y hace unos días, varias caras conocidas rompieron la euforia del Mundial para reclamar medios contra el fuego en Guadalajara, una de las provincias que Alfonso Bassave menciona precisamente en su comunicado. El patrón se repite: gente con altavoz que, por una vez, no está opinando desde fuera.
El gesto final: una foto y una palabra
Después de la reflexión y del comunicado ajeno, la presentadora cerró con lo más corto y probablemente lo más eficaz: publicó una fotografía de los bomberos acompañada de una sola palabra, «Gracias». Sin adjetivos, sin hilo, sin etiqueta. En un verano en el que las redes se llenan de mensajes intercambiables, ese minimalismo funciona como una declaración de intenciones: el foco, en quienes están dentro del fuego, no en quien lo comenta desde una isla.
Queda por ver cómo evoluciona el frente en la vertiente sur de Gredos y si la pareja acabará desplazándose hasta Candeleda, algo que no han anunciado. Tampoco han detallado si la casa ha necesitado alguna medida preventiva ni si hay vecinos suyos entre los evacuados del valle. Lo que sí ha quedado dicho, y en un orden muy deliberado, son esas cuatro palabras que colocó antes que cualquier otra cosa. Primero reflexión. Y en segundo lugar, antes incluso que el ruego, exigencia.
