La madre de Daniel Sancho niega tajantemente haber agredido a una empleada de su urbanización y contraataca con una denuncia propia. Mientras la trabajadora la acusa de propinarle tirones de pelo e insultos racistas, Bronchalo asegura que fue ella quien recibió golpes con una porra reglamentaria durante una fuerte discusión en el control de acceso.
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La cronología de la tensión en el entorno de Silvia Bronchalo suma un nuevo y turbio capítulo judicial en Madrid. Este miércoles, la exmujer de Rodolfo Sancho ha respondido con firmeza a la denuncia interpuesta por una vigilante de seguridad de su residencia, referente a un altercado ocurrido el 26 de julio de 2025. Los hechos salieron a la luz tras el testimonio de la empleada en ‘Y ahora Sonsoles’, donde describió un forcejeo violento motivado por la prohibición de entrada a un vehículo no autorizado en el que viajaba Bronchalo.
Según la versión de la vigilante, la madre de Daniel Sancho —cuya condena a cadena perpetua en Tailandia se dictó apenas un mes después de este incidente— reaccionó con agresividad extrema, llegándole a arrancar mechones de pelo y profiriendo insultos de corte racista. Sin embargo, el equipo legal de Bronchalo ha emitido un comunicado avanzado por ‘El programa de Ana Rosa’ en el que califica estas acusaciones de «maniobra deliberada» para hundir su imagen pública, asegurando que Silvia «no se va a doblegar».
Guerra de pruebas: un vídeo y «golpes de porra»
Lejos de mantenerse a la defensiva, Silvia Bronchalo ha aportado pruebas que, según su defensa, demuestran su inocencia. Entre ellas figura un vídeo grabado por ella misma donde se escucha una disputa previa por la ubicación de unas bolsas de basura. En su propia denuncia cruzada, Bronchalo relata una realidad opuesta: afirma haber sido agredida con una porra reglamentaria en la cabeza, el costado y el brazo izquierdo, además de haber sido blanco de insultos constantes por parte de la trabajadora.
Giro en el caso: el testimonio de los vecinos
El conflicto ha tomado una nueva dimensión tras la intervención de un vecino de la urbanización, quien ha comparecido en televisión para avalar la versión de Bronchalo. El testigo describe a la vigilante como una persona «desequilibrada» que solía insultar y amenazar a los residentes de forma sistemática. Según esta fuente, la empleada ya no forma parte de la plantilla de seguridad al no habérsele renovado el contrato por su comportamiento errático y sus constantes faltas de respeto. Con denuncias por presuntas agresiones en ambas direcciones, el caso queda ahora en manos del juzgado para dirimir quién fue realmente la víctima en el umbral de la urbanización.
