Céline Dion tardó un buen rato en poder hablar. La noche del sábado, en el Plénitude Arena de Nanterre, a las afueras de París, la cantante canadiense salió a un escenario por primera vez en seis años y se encontró de golpe con 35.000 personas de pie. Cuando la ovación por fin bajó lo suficiente, dijo cinco palabras con la voz rota. «Os prometí que volvería».
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El aplauso se prolongó varios minutos antes de que sonara la primera nota, y Céline Dion, la intérprete de My Heart Will Go On, no pudo contenerlo: apareció visiblemente emocionada, incapaz de frenar las lágrimas mientras agradecía un recibimiento que la desbordó desde el primer minuto. Era la primera fecha de la residencia que la artista, de 58 años, ha abierto en la capital francesa, con actuaciones programadas a lo largo de las próximas semanas. No fue el arranque de una gira cualquiera: era la noche en la que se comprobaba si podía volver a hacerlo.
@agarcimo_ Céline Dion too emotional to sing her first song, on ne change pas 🥹 WELCOME BACK, MY QUEEN 👑 Opening night in Paris 🎶 #concert #emotional #celinedion ♬ original sound – agarcimo_ 🐌
Dos horas y media, cuatro actos y un coro gospel
El espectáculo se sostuvo durante unas dos horas y media repartidas en cuatro actos, con una puesta en escena firmada por el director creativo Willo Perron —que ha trabajado con Rihanna y Kendrick Lamar— que renuncia a los grandes efectos y deja el espacio libre para la emoción. En el centro del escenario, un templo de piedra gigantesco que se va abriendo conforme avanza la función. En la segunda parte, cuando el tono se vuelve más espiritual, sube un imponente coro gospel. En los visuales, Céline Dion aparece caminando por el desierto, y en un momento de la noche dice que está ahí iluminada por la luz y que canta para su público y para la vida, otra vez sin poder aguantar la emoción.
El repertorio alternó el inglés y el francés con los clásicos que el público esperaba, pero también la llevó a terrenos que no son los suyos. Interpretó en directo por primera vez Dansons, el tema que publicó en abril, y se atrevió con I Feel Love, en homenaje a Giorgio Moroder y Donna Summer, y con Sweet Dreams (Are Made of This), de Eurythmics. En el cuarto acto llegó el giro más inesperado: Ebben? Ne andrò lontana, el aria que Alfredo Catalani escribió para su ópera La Wally y que quedó ligada para siempre a Maria Callas. La voz quizá ya no tenga exactamente la potencia de antes, pero conserva intactas la elegancia y la intensidad. Ella misma se lo explicó al público con otra frase que resume la noche: ha aprendido a vivir con sus fragilidades y ahora canta lo que es, su camino y la vida.
@nas.archives We are so proud of you @Celine Dion 🤍🤍🤍🤯🤯🤯 #allbymyself #celinedion #viral #vocals #fy ♬ original sound – NAS
El vestido de la vuelta y una joya de más de mil horas
Céline Dion abrió el concierto con un vestido negro de Christian Dior hecho a medida, palabra de honor, cuerpo ajustado con pliegues horizontales y una falda de capas plisadas que gana volumen en las caderas antes de estrecharse hasta el suelo, el pelo recogido. Al cuello llevaba The Address, una pieza de Boucheron de su colección de alta joyería dedicada a la figura de su fundador: un diamante talla esmeralda de 10,01 quilates rodeado de diamantes baguette y redondos, laca negra y oro blanco, con la geometría octogonal de la Place Vendôme reproducida en el diseño. La firma detalla que la elaboración se llevó 1.107 horas de trabajo, y que el motivo central se puede separar y convertir en anillo.

Hubo más cambios de vestuario a lo largo de la noche. Uno de ellos, un diseño negro de Schiaparelli de silueta ceñida y hombros muy marcados, recorrido por aberturas perfiladas con aplicaciones plateadas que se extienden por el cuello y las mangas; el reverso exacto del volumen del Dior con el que había arrancado. El tercero que se viralizó fue un vestido negro de Tom Ford, también a medida, de caída larga y fluida, con una abertura muy pronunciada que dejaba una pierna al descubierto y pequeños puntos de brillo que solo se veían del todo con los focos encima.
Seis años, un diagnóstico y una promesa

La cantante había revelado en diciembre de 2022 que padecía el Síndrome de la Persona Rígida, un trastorno neurológico autoinmune muy poco frecuente —afecta a una o dos personas por cada millón— que provoca rigidez muscular y espasmos dolorosos, y que la obligó a cancelar giras y a reducir sus apariciones públicas. El documental Soy Céline Dion, estrenado en 2024, mostró sin filtros hasta qué punto la enfermedad condicionaba su cuerpo y su día a día. En todo ese tiempo su única reaparición cantando fue la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, en julio de 2024, cuando interpretó Hymne à l’amour, de Édith Piaf.
Detrás de la vuelta hay una rutina construida día a día: sesiones de Pilates de noventa minutos tres veces por semana y dos clases de ballet impartidas por una compañía de danza local, además de fisioterapia, inmunoterapia, terapia vocal y medicación. Su fundación ha destinado dos millones de dólares a la investigación de estos trastornos. El aviso de que estaba cerca lo dio ella misma hace unos días, cuando se detuvo ante los fans que esperaban a las puertas de su hotel en París y les dijo que estaba lista «y un poco nerviosa»; la residencia, de hecho, se anunció para este otoño y llevaba meses siendo uno de los acontecimientos culturales del año.
