Lo detuvieron a plena luz del día en el bar al que va habitualmente en Salamanca y pasó una noche en el calabozo. Héctor de Miguel, conocido como Quequé, ha contado ya cómo fue todo y no se guarda la conclusión: «La intención es meter el miedo en el cuerpo». En otoño le esperan peticiones de cárcel de hasta Cuatro años.
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Qué pasó exactamente: una notificación, un tuit borrado y una noche detenido
Conviene precisar los hechos, porque el caso se está contando con mucha imprecisión. El humorista fue detenido por «desobediencia y resistencia a la justicia» tras no atender una notificación judicial derivada de una condena previa: la que recibió por llamar «subnormal» al periodista Alfonso Rojo. Es decir, el arresto no fue por un delito nuevo, sino por no responder a un trámite del anterior.
Su explicación sobre el origen de todo apunta a un detalle casi doméstico: el tuit que contenía el pantallazo de su condena desapareció, según relata, por la eliminación involuntaria que hizo una herramienta automática de limpieza de su historial. No un borrado deliberado, sino un programa haciendo su trabajo. Y sobre el modo en que se ejecutó la detención, es donde carga con más dureza: sostiene que las autoridades sabían perfectamente dónde localizarlo y que aun así eligieron el impacto público. «Decidieron hacerlo con su poquito de show, con su poquito de espectáculo desproporcionado», afirma en una entrevista con el periodista José Carmona para el diario Público. Su lectura de por qué se hizo así es la frase que más ha circulado: «La intención es meter el miedo en el cuerpo, que todos nos mordamos la lengua antes de decir algo, que te lo pienses».
Cuatro años de petición y un doble rasero que denuncia
El horizonte judicial que tiene por delante no es menor, y conviene manejarlo con exactitud: se trata de peticiones, no de condenas. La acusación que ejerce Abogados Cristianos solicita para él cuatro años de prisión por presunto acoso e incitación al odio, mientras que la Fiscalía pide dos años de cárcel y 6.000 euros de multa. Nada de eso está resuelto: son las peticiones con las que se llegará al juicio.
Él sostiene que el procedimiento parte en desventaja. «La Fiscalía ha comprado todos los argumentos de la parte denunciante. Juegan en casa, porque me denunciaron en Valladolid y eso influye», afirma, acusando a ciertos colectivos de «saber dónde denunciarte para que la cosa prospere porque conocen cómo funciona la estructura judicial». Y al comparar su caso con otros —cita el de Vito Quiles, que dispuso de tres días para personarse ante el juzgado sin ser arrestado—, mide las palabras pero no se calla: «No quiero alentar tampoco teorías conspiranoides, pero evidentemente hay una manera de hacer las cosas para unos y hay otra para otros». Su reclamación de fondo es una reforma del sistema judicial, y la argumenta apuntando a quién puede llegar a juez: «Es una carrera que necesita varios años de estudio en tu casa y de tener todas las necesidades cubiertas. Muchas veces parece incluso una profesión que se hereda, porque llevan los mismos apellidos».
Ni autocensura ni comedia blanca: «lo contrario del miedo es la risa»
Pese a las penas que se piden contra él, descarta de plano dos salidas: la autocensura y el regreso a un humor inofensivo. Lo despacha con la ironía que le caracteriza: «Podría volver a hacer monólogos de cuando vas a IKEA con tu pareja o volver con una gira que se llamase ‘En busca y captura’ y hablar de esto para hacer todavía más dinero». Y se apoya en una frase de su compañero Ignatius Farray para explicar por qué no piensa bajar el tono: «Lo contrario del miedo es la risa».
El humor es, sostiene, «el arma que tenemos para distinguirnos entre nosotros, hacer colectivo y cuidarnos». En la misma conversación aprovecha para hacer un balance muy crítico del rumbo de Cuatro, la cadena que él mismo ayudó a inaugurar en sus inicios y de cuya trayectoria actual se declara profundamente desencantado: cuestiona el planteamiento del programa de Nacho Abad —al que rebautiza con una pulla— por sentar en la misma mesa y al mismo nivel a interlocutores que, a su juicio, no deberían compartirla, y extiende el reproche al espacio nocturno de Iker Jiménez. Lo resume como un problema que no es de programación sino de despacho: «No sé cómo se puede controlar, porque es una cuestión de ética empresarial».
Héctor de Miguel explica el show de su detención pic.twitter.com/qZUOATTGgR
— Carmen Lázare ❤️ 🖤🤍💚 (@guntinesa) July 21, 2026
Todo ello después de que el cierre de su programa Hora Veintipico quedara marcado por la polémica que desató una parodia de Abad, tras la que recibió una oleada de insultos y amenazas de muerte.
