José Antonio Morante de la Puebla ha abandonado la UCI tras la gravísima cornada sufrida en la Real Maestranza de Sevilla. El diestro, que se encuentra bajo la vigilancia del cirujano Octavio Mulet Zayas, encara una recuperación compleja que le obliga a la nutrición parenteral tras el severo daño sufrido en el recto y el aparato esfinteriano durante la Feria de Abril.
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El despertar del mito tras una noche de angustia
La luz de la mañana en el Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz ha traído consigo las primeras palabras de un hombre que, apenas unas horas antes, rozó la tragedia bajo el albero sevillano. Morante de la Puebla, a sus 46 años, ha logrado estabilizarse tras una intervención quirúrgica que se prolongó durante más de dos horas en las entrañas de la plaza. A pesar de la severidad del parte médico inicial, que calificaba su estado como muy grave, el diestro ha sido trasladado a planta tras superar una noche crucial sin picos febriles.
La realidad del hospital es, sin embargo, de una calma tensa. El torero ha mantenido un contacto directo con el periodista Zabala de la Serna para el diario El Mundo, donde ha dejado constancia de su estado físico y anímico actual. «He pasado una noche un poco regular, de dormir poco. Y bueno, la verdad es que no he tenido mucho dolor. Tendré que estar unos días así como poco. Espero poder pasarlo con un poco de paciencia», confesaba el matador desde su habitación, dejando entrever la resignación de quien conoce bien la dureza de su profesión, pero también el impacto de un percance que se sale de la norma.
La complejidad técnica de una herida invisible
No todas las cornadas son iguales, y la que ha sufrido Morante reviste una complicación técnica que preocupa especialmente a los facultativos. El doctor Octavio Mulet Zayas ha sido tajante al respecto de la intervención realizada. El cirujano explicó que la herida, situada en el margen anal posterior, presentaba una trayectoria de diez centímetros que lesionó parcialmente la musculatura esfinteriana y perforó la cara posterior del recto en 1,5 centímetros. Esta ubicación convierte la recuperación en un proceso lento y meticuloso donde la higiene y la inmovilidad de la zona son vitales para evitar infecciones.
Debido a la naturaleza de estas lesiones, el aparato digestivo del torero debe permanecer en reposo absoluto. Es aquí donde entra en juego la nutrición parenteral, un sistema de alimentación intravenosa que sustituye la ingesta oral. El propio Morante, arropado en todo momento por su apoderado Pedro Jorge Marques, ha asimilado esta nueva rutina hospitalaria con cierta extrañeza. «Nulo alimento. Dicen que es como un catéter», comentaba el diestro, consciente de que su cuerpo necesita tiempo para cicatrizar internamente antes de volver a funcionar con normalidad.
El inmenso miedo en el callejón de la Maestranza

A pesar de contar con un historial de percances dilatado, la cogida por el cuarto toro de la tarde de la ganadería de Hermanos García Jiménez ha dejado una huella distinta en la memoria del artista de La Puebla del Río. Las sensaciones en el momento del impacto fueron devastadoras, lejos de la anestesia natural que a veces proporciona la adrenalina en el ruedo. Morante ha sido sincero al describir el pavor que sintió mientras era trasladado a la enfermería por su cuadrilla.
«He tenido un dolor inmenso y además muchísimo miedo porque vi que el toro me había cogido y pensaba que estaba sangrando. Cuando llegué a la enfermería y el sangrado era poco, me relajé bastante, pero sí que me dolió muchísimo», ha relatado el protagonista. Esa sensación de desamparo inicial contrastó con el alivio de verse en manos del equipo médico, aunque el dolor persistiera de forma aguda. Según los informes de ABC, el torero también fue sometido a exploraciones lumbares para descartar lesiones en la columna tras ser pisoteado por el animal, pruebas que afortunadamente no han mostrado daños óseos de gravedad por el momento.
De la euforia de la oreja al drama del glúteo
Resulta casi paradójico recordar cómo comenzó la tarde para el diestro sevillano. Morante de la Puebla inició la décima corrida de feria con una disposición absoluta, cortando una oreja al primer toro de su lote tras una faena de lances lentos y nobleza absoluta. En el callejón, el humor del torero incluso le permitió bromear con sus compañeros. Cuando Borja Jiménez le brindó la muerte de su oponente, Morante respondió entre risas: «No sé si me brindan por bueno o por viejo», provocando el estallido de carcajadas entre los presentes.
Sin embargo, el destino cambió de rumbo en el cuarto acto. El drama se mascó en el ambiente cuando el animal hizo por él, propinándole una voltereta estremecedora que terminó en la cornada en el glúteo izquierdo. La solidaridad torera se hizo patente en el gesto de Borja Jiménez, quien tras asumir la lidia del toro que hirió a su compañero, depositó su montera frente a la puerta de la enfermería. Era un tributo silencioso mientras, al otro lado de los muros, el equipo de Mulet Zayas trabajaba contra reloj para reparar los daños en el esfínter del maestro.
Un futuro de diez días de incertidumbre
El plazo para empezar a hablar de una posible vuelta a los ruedos es, hoy por hoy, una incógnita que la medicina no se atreve a despejar. Octavio Mulet ha pedido prudencia extrema, marcando una hoja de ruta clara para los próximos días. «Hay que esperar unos 10 días para ver cómo se va recuperando la herida antes de dar plazos de recuperación», sentenció el cirujano. La evolución de la pared rectal reparada es la clave que determinará si el proceso de curación sigue los cauces previstos o si surgen complicaciones derivadas de una zona tan delicada.
En este retiro forzado, el diestro no está solo. Su esposa, Elisabeth Garrido, con quien contrajo matrimonio en 2010, se ha convertido en su pilar fundamental en el hospital. Junto a ella, la preocupación se extiende a sus tres hijos: María, que recientemente dio sus primeros pasos en el mundo del toro como alguacilillo, la pequeña Lola y su hijo mayor, José Antonio. El apoyo familiar será determinante para un hombre que ya sorprendió al mundo taurino con su retirada el pasado octubre y que regresó con renovadas ilusiones este Domingo de Resurrección, sin saber que Sevilla le tenía guardada la prueba más dura de su carrera.
