Saltar al contenido
Actualidad

IÑAKI URDANGARIN SE DESNUDA EN SU LIBRO MÁS ESPERADO: «Me sentí abandonado cuando las cosas se pusieron feas»

Pedro Serrano González
6 min 211
IÑAKI URDANGARIN SE DESNUDA EN SU LIBRO MÁS ESPERADO: "Me sentí abandonado cuando las cosas se pusieron feas"

El próximo 12 de febrero las librerías recibirán un impacto que promete sacudir los cimientos de la memoria colectiva en España. Bajo el título ‘Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes’ (Grijalbo), Iñaki Urdangarin rompe un silencio de años para ofrecer un testimonio crudo, vulnerable y, sobre todo, humano. No es un ajuste de cuentas al uso, sino la radiografía de un náufrago que, tras perderlo casi todo, ha necesitado volcar en 295 páginas la verdad de su caída y la arquitectura de su reconstrucción. La revista ¡Hola! ha accedido en exclusiva a los pasajes más sobrecogedores de esta obra donde el exduque de Palma señala directamente al abandono institucional, recuerda el pánico de sus días en prisión y desvela la cara más amarga de su pertenencia a la Familia Real.

Te recomendamos

«Este soy yo». Con esa declaración de intenciones arranca un relato que Urdangarin define como una necesidad vital antes de «volver a volar». El hombre que un día fue el yerno perfecto admite que le ha costado reunir el coraje para mostrarse imperfecto y débil, lejos de la imagen de mármol que proyectó durante décadas. El libro no busca el perdón ni maquillar errores, sino la comprensión de un proceso que comenzó en la gloria olímpica y terminó tras los muros de Brieva.

De la infancia al «aterrizaje» en otro planeta

Urdangarin echa la vista atrás para recordar sus raíces: el chico de pueblo que trabajó en una tienda y fue granjero, hijo de unos padres cuya historia de amor todavía evoca con respeto. Su carrera deportiva ocupa un lugar de honor; recuerda con nitidez los días de gloria en el ‘Dream Team’ del balonmano, alzando 50 títulos y sintiendo el calor de una afición que lo idolatraba. «Del 95 al 2000 lo ganamos todo», escribe, marcando el contraste con lo que vendría después.

Al describir su integración en la Familia Real, Iñaki no utiliza metáforas amables. Define su llegada a la Zarzuela como el aterrizaje en «otro planeta». A pesar de los años de fotos oficiales y actos de Estado, confiesa que nunca logró crear vínculos afectivos reales. Consiguió encajar en el protocolo, pero jamás llegó a sentir que pertenecía a ese círculo hermético. «Cuando las cosas se pusieron muy feas, me sentí abandonado», admite con una amargura que traspasa el papel, aunque salva a algunas personas que sí se mantuvieron a su lado.

El «Papá Noel» que trajo el divorcio: Las Navidades de 2011

Uno de los momentos más descarnados del libro narra el fin de su idilio con la Corona. Mientras el mundo celebraba las Navidades de 2011, en el refugio de las montañas nevadas, no aterrizó el espíritu festivo, sino un emisario del Rey con una misión clara: cortarle la cabeza socialmente. «Mira, Iñaki, creemos que es mejor que te divorcies de doña Cristina». Esa propuesta de divorcio fue la certificación pública del repudio, el inicio de una travesía por el desierto donde, según sus palabras, «no se me quería en ningún sitio».

Urdangarin relata que la sentencia fue un «jarro de agua fría» que recibió en Ginebra, durante el cumpleaños de su entonces esposa. Lo que más le dolió fue tener que preparar a sus hijos, Juan, Pablo, Miguel e Irene, que ya no eran pequeños y tenían que enfrentarse a las preguntas y los comentarios de un mundo que señalaba a su padre. «Si todo lo que está fuera está bien… yo estaré bien», les decía como un mantra para intentar protegerlos del vendaval.

Brieva: «Una prisión dentro de otra» y tres meses de lágrimas

El capítulo sobre su paso por la cárcel de Brieva (Ávila) es, sencillamente, desgarrador. Urdangarin desmiente categóricamente que su estancia fuera un privilegio. Estar solo en un módulo vacío de una cárcel de mujeres fue un doble castigo que lo «rompió» por dentro. Describe la falta de libertad combinada con una soledad absoluta, él, que siempre había vivido rodeado de gente y de equipo.

«Todavía me tiembla el pulso al mirar de nuevo hacia esa oscuridad», confiesa sobre aquellos mil días y mil noches. Recuerda los primeros tres meses de pánico, tristeza y lágrimas constantes, donde su único consuelo eran las fotografías que empapelaban su celda y las diez llamadas permitidas a la semana. En ese «naufragio» emocional, Iñaki llegó a desear desaparecer, sintiendo que el mundo seguía girando fuera mientras él permanecía detenido en el tiempo.

El renacimiento: Del «viejo Iñaki» al nuevo comienzo

Sin embargo, de ese abismo emergió una resiliencia multiplicada por mil. Urdangarin transformó mentalmente su celda en un monasterio de introspección. Se sumergió en la lectura y el estudio, completando un curso de bienestar emocional y un máster de Psicología de Coaching. El perdón, el agradecimiento y la aceptación se convirtieron en su nueva piedra angular.

«De tanto perder aprendí a ganar», escribe en un capítulo titulado ‘Mil días y mil noches’. Iñaki relata cómo dejó atrás al «antiguo Iñaki» en aquella celda para liberarse del rencor, que al principio estaba «incrustado como una astilla bajo una uña». Cuando finalmente salió de prisión y despertó bajo el techo de su madre, se encontró con una realidad agridulce: él era un hombre nuevo, pero sus hijos adolescentes se habían convertido en adultos sin él.

Ainhoa Armentia y la «tranquila vida» en Vitoria

El libro concluye con un aire de paz largamente buscada. Urdangarin habla de la infanta Cristina con un respeto profundo: «Nos habíamos convertido en dos buenos amigos unidos por el mayor proyecto de nuestras vidas». Reconoce el impacto de aquellas fotografías de la mano de Ainhoa Armentia antes de haber cerrado las conversaciones necesarias con su familia, pero no escatima en elogios hacia su actual pareja, situándola como una pieza fundamental de su felicidad.

Hoy, Iñaki Urdangarin disfruta de una vida sencilla en Vitoria. Valora el tiempo con su madre, la sintonía con sus hijos y las charlas con sus siete hermanos. Su proyecto de impacto social, Bevolutive, es el motor de un futuro que mira con optimismo. «Quiero vivir desde la gratitud, desde la alegría serena de las cosas pequeñas», sentencia el hombre que, tras tocar fondo, ha decidido que ya es hora de que su historia se cuente completa.


¿Crees que este testimonio de vulnerabilidad de Iñaki Urdangarin servirá para que el público empatice con su proceso de reinserción o la sombra del caso Nóos es demasiado alargada?

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *