Antes de subirse al avión rumbo al Mundial, Álex Baena escribió tres palabras en Instagram: «Esta vez seremos 27». La plantilla la componen 26 futbolistas. La número 27 era María Caamaño, la niña que levantó la Eurocopa con ellos y que había muerto tres meses antes. En Cibeles, delante de dos millones de personas, cumplieron la promesa.
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El silencio en mitad de la fiesta
La celebración de los campeones en el centro de Madrid fue todo lo que se esperaba de ella: música, karaoke, bailes y dos millones de personas en la calle, según los datos de la Delegación del Gobierno. Pero en mitad de ese estruendo hubo un paréntesis buscado, un momento en el que los jugadores decidieron parar la fiesta para acordarse de quien ya no estaba.
Fue el capitán, Rodri, quien tomó la palabra con la voz tomada por la emoción. «Queríamos acordarnos hoy de una personita muy especial, es María, que nos dejó hace muy poquito. Un fuerte aplauso para ella, que nos está viendo desde arriba», dijo. Y la plaza entera respondió. Que un equipo recién proclamado campeón del mundo elija, en el momento de máxima euforia colectiva, dedicar un silencio y un aplauso a una niña dice bastante más de ese vestuario que cualquier declaración posterior. No fue un gesto de protocolo ni una placa institucional: fue el capitán cogiendo el micrófono en mitad de un concierto para pedirle a dos millones de personas que aplaudieran a alguien a quien la mayoría no conocía.
🖤 El homenaje de toda España a María Caamaño, la ‘Princesa Futbolera Guerrera‘ ⤵️ pic.twitter.com/ASY1mDwRaT
— ABC.es (@abc_es) July 20, 2026
La «princesa futbolera guerrera» que levantó una Eurocopa

La historia venía de lejos. A la pequeña la llamaban la «princesa futbolera guerrera» y no era una invitada de un día: levantó la Eurocopa de 2024 junto a los protagonistas de aquella competición y se convirtió, para muchos de esos futbolistas, en un símbolo de inspiración y de motivación al que recurrían de verdad. Murió el pasado 16 de abril de 2026, después de haber luchado contra un Sarcoma de Ewing.
Su ausencia dejó un vacío evidente en el grupo, y el vínculo se hizo visible mucho antes de la final. El 26 de junio, el día en que ella habría cumplido catorce años, España se jugaba ante Uruguay el pase a las eliminatorias como líder del grupo H. Baena marcó aquel día y no dudó a quién dedicárselo. «Quería dedicarle el gol a María, que era su cumpleaños hoy y desde arriba me ha ayudado a que ese balón entrara», explicó al terminar el partido. Y añadió una imagen que emocionó a los presentes y que resume cómo hablan de ella dentro del equipo: «Cuando he visto la repetición del gol he pensado que seguro que ella desde arriba ha dado una patadita para que entrara».
«Esta vez seremos 27»: una promesa hecha antes de viajar

El gesto de Cibeles no fue una improvisación de última hora, sino el cierre de algo que el futbolista almeriense había anunciado por escrito antes incluso de empezar el torneo. Cuando la expedición partía hacia Chattanooga, publicó en sus redes una fotografía en la que aparecían los jugadores celebrando la Eurocopa con la pequeña, y la acompañó de una frase que entonces era una declaración de intenciones: «Esta vez seremos 27».
Esa aritmética —veintiséis convocados más ella— explica por qué el homenaje del lunes no sonó a fórmula. La habían llevado durante todo el campeonato, se acordaron de ella en la fase de grupos con un gol dedicado y volvieron a hacerlo con el trofeo ya en las manos y la plaza a reventar. Hay celebraciones que se recuerdan por el ruido y otras por lo que pasó cuando el ruido se detuvo un momento. En la fiesta más multitudinaria que ha vivido el fútbol español en años, el instante que más se ha compartido después no fue un baile ni un cántico, sino un capitán pidiendo un aplauso para una niña de trece años que ya no podía estar allí. La promesa de que serían veintisiete se cumplió delante de todo el país.
