La comparecencia extraordinaria de Florentino Pérez no solo dejó un anuncio electoral y un mensaje de resistencia al frente del Real Madrid. También abrió un debate mucho más incómodo sobre los límites del poder, el respeto a la prensa y el machismo todavía enquistado en determinados discursos públicos. Porque entre ataques a medios de comunicación, reproches a periodistas y una evidente puesta en escena de confrontación, el presidente blanco dejó una frase especialmente grave al referirse a una información publicada por una periodista: “Esto lo ha escrito una mujer que no sé ni si sabe de fútbol”.
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No fue un desliz menor. No fue una frase inocente. Y tampoco una expresión interpretable en exceso. El mensaje es cristalino: desacreditar un trabajo periodístico introduciendo el género de quien firma la información como elemento de desprecio. En pleno 2026, que una de las figuras de poder más relevantes del deporte español utilice ese marco para desacreditar a una profesional no solo resulta impropio; resulta profundamente revelador.
Porque Florentino Pérez no se limitó a negar una información o a discutir su contenido. Decidió deslizar una descalificación con un subtexto que muchos considerarán sencillamente inaceptable: cuestionar la autoridad profesional de una periodista poniendo el foco en que es mujer y sugiriendo que quizá no sabe de fútbol.
Florentino Pérez carga duramente contra la prensa: "Esto lo ha escrito una mujer que no sé si ni siquiera sabe de fútbol…"https://t.co/rhfKjti2rO pic.twitter.com/VnF5oXONZd
— Cadena SER (@La_SER) May 12, 2026
La gravedad aumenta cuando se analiza el contexto completo.
La comparecencia, convocada para abordar su continuidad y la convocatoria de elecciones en el Real Madrid, derivó durante largos minutos en una ofensiva directa contra medios de comunicación y periodistas. ABC fue uno de los principales objetivos de su enfado, con reproches explícitos, ataques personales y hasta el anuncio teatralizado de su baja como suscriptor del diario, apelando incluso a la memoria de su padre.
El mensaje proyectado fue el de un dirigente visiblemente irritado con cualquier relato crítico.
Y ahí está una de las claves del problema.
Una cosa es desmentir informaciones. Otra muy distinta convertir una comparecencia institucional en una vendetta pública contra periodistas.
Cuando alguien con el peso institucional de Florentino Pérez decide situar a la prensa como enemigo, señalar nombres propios y ridiculizar públicamente a profesionales, el debate deja de ser deportivo para convertirse en una cuestión mucho más amplia: la relación entre poder y escrutinio.
También hubo otro momento especialmente desafortunado durante el turno de preguntas, cuando se dirigió a una periodista con expresiones paternalistas impropias del contexto profesional.
No es solo el contenido. Es el tono.
Es esa mezcla de superioridad, desprecio y blindaje personal desde la posición de poder.
Porque lo preocupante no es únicamente que Florentino se enfade.
Lo preocupante es cómo canaliza ese enfado.
El Real Madrid atraviesa un momento delicado tras una temporada por debajo de expectativas, con ruido institucional, desgaste competitivo y cuestionamientos públicos sobre la gestión. En lugar de responder con autocrítica, claridad o explicaciones centradas en el proyecto, el presidente optó por desplazar el foco hacia una supuesta campaña mediática.
Es una estrategia conocida.
Cuando el relato se complica, el enemigo externo siempre resulta útil.
Pero convertir a periodistas en dianas públicas y deslizar comentarios machistas no fortalece liderazgo alguno.
Lo debilita.
Porque el debate aquí ya no va de una información concreta.
Va de si una figura con semejante capacidad de influencia considera legítimo ridiculizar a profesionales de la información y hacerlo, además, desde códigos que muchos creían ya inaceptables en el espacio público.
Y ahí Florentino Pérez ha cometido un error grave.
