El negocio de la precariedad digital vuelve a quedar al descubierto con toda su crudeza. Apenas dos meses después de anunciar a bombo y platillo el supuesto cierre definitivo de sus cabeceras, los máximos responsables de Noxvo han desatado una oleada de indignación en el sector al reactivar sus portales mediante una nueva red de colaboradores externos. Distintos testimonios recabados por ElPlural.com han destapado el «modus operandi» histórico de los editores Diego López y Fidel Conejero, dibujando un escenario de tarifas irrisorias, retrasos sistemáticos en los pagos y deudas acumuladas con jóvenes redactores que dinamitan el prestigio de marcas como Formula TV o eCartelera.
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La cronología de los hechos resulta sonrojante para cualquiera que defienda el ejercicio digno de la profesión. El pasado 20 de abril, las plantillas de portales como Formula TV, eCartelera, Bekia o Los Replicantes afrontaron su última jornada laboral tras ser despedidas bajo el pretexto de la asfixia económica del grupo. Sin embargo, los portales nunca dejaron de actualizarse. Fuentes internas desvelan que la cúpula ha estado explotando el trabajo de una única becaria para rellenar contenidos en múltiples webs sin ningún tipo de supervisión profesional, sumando ahora el fichaje de firmas externas dispuestas a producir a bajo coste.
La justificación de los editores para levantar esta estructura reducida es la necesidad de cumplir con las campañas publicitarias que ya tenían comprometidas y cobradas de antemano con diversos clientes. Para mantener el chiringuito a flote, han diseñado una red de colaboradores adaptada a los ínfimos ingresos actuales del medio, un eufemismo que esconde las prácticas abusivas que la empresa lleva aplicando desde hace años con los eslabones más débiles de la cadena periodística.
Tres euros por noticia: la tarifa del chantaje reputacional
Los testimonios de quienes ejercieron como colaboradores para el grupo durante años exponen un sistema de explotación sistemático. Las tarifas fijadas por la empresa hablan por sí solas: «3€ la noticia normal, 5€ la crítica cinematográfica y 35€ por cubrir un junket de prensa completo». Unas cifras tercermundistas que los directivos defendían escudándose en el supuesto renombre de sus marcas y amenazando a los redactores noveles con el clásico chantaje de «si no lo quieres déjalo, hay 80 en la cola esperando».
Aprovechándose de la juventud de los colaboradores y de su necesidad de engrosar el portfolio o hacer contactos en el sector audiovisual, la empresa se garantizó mano de obra tirada de precio. Por si fuera poco, cobrar lo estipulado se convertía en una auténtica tortura burocrática. El grupo obligaba a facturar a través de una plataforma interna donde los propios jefes debían subir los conceptos, retrasando el proceso de forma deliberada y dejando de responder a los mensajes de unos trabajadores que exigían lo suyo.
Despachos vacíos, viajes de lujo y nóminas pendientes
La frustración de los afectados aumentó al comprobar que, mientras las deudas con los colaboradores se acumulaban hasta superar los 1.500 euros por persona en algunos casos, los editores resultaban inaccesibles en la redacción. «Siempre estaban de viaje o de comidas, gastándose el dinero que habían conseguido tomándole el pelo a la gente», denuncia uno de los afectados con extrema dureza.
La indignación actual es absoluta al ver que, tras ejecutar un apagón ficticio y dejar colgados a los redactores contratados —quienes a día de hoy todavía siguen esperando percibir sus últimas nóminas y finiquitos—, los empresarios pretenden continuar lucrándose estirando el modelo de la precariedad. El desprecio de los damnificados hacia la gestión de la cúpula es unánime, salvando únicamente de la quema a los ya ex-trabajadores de las webs, los mismos que se dejaron la piel durante una década para levantar unos portales que hoy sobreviven bajo mínimos gracias a la explotación externa.
