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El otro legado de Amy Winehouse: el pleito perdido de su padre por la herencia que sigue abierta quince años después de la tragedia de Camden

Pedro Serrano González
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El otro legado de Amy Winehouse: el pleito perdido de su padre por la herencia que sigue abierta quince años después de la tragedia de

Más allá de su voz irrepetible y de la tragedia que la convirtió en leyenda, Amy Winehouse dejó tras de sí otra historia mucho menos conocida y bastante más enrevesada: la de su herencia. Cuando este fin de semana se han cumplido quince años de la muerte de la «Leona de Camden», hallada sin vida en su piso del norte de Londres el 23 de julio de 2011 a los 27 años, su legado económico sigue coleando en los tribunales. Una fortuna millonaria, la ausencia de testamento y un pleito reciente de su padre contra dos de las mejores amigas de la cantante conforman las incógnitas que aún hoy rodean el patrimonio de una de las artistas más influyentes del siglo.

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Una fortuna millonaria y ningún testamento

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La primera de las claves de este embrollo es que Amy Winehouse murió sin haber dejado testamento. La cantante disponía en el momento de su fallecimiento de más de 4,7 millones de euros en activos, según The Sun, una cifra que se redujo a cerca de 3,5 millones una vez pagados impuestos y facturas pendientes. Al no existir últimas voluntades, toda esa fortuna recayó de forma íntegra en sus padres, Mitch Winehouse y Janis Winehouse, mientras que su exmarido, Blake Fielder-Civil, no recibió absolutamente nada del patrimonio de la artista.

Fuentes cercanas a la intérprete llegaron a asegurar que a Amy el dinero le resultaba profundamente indiferente: «No tenía ni idea de cuánto dinero tenía, y desde luego saberlo no estaba en el primer puesto de su lista de prioridades», deslizaron en su día. Y sin embargo, esa fortuna que ella apenas valoraba se ha convertido, con el paso de los años, en una fuente inagotable de disputas. Porque el legado económico y los derechos de imagen de la cantante siguen generando ingresos más de una década después, y su gestión ha terminado enfrentando en los juzgados a las personas que un día formaron parte de su círculo más íntimo.

La demanda del padre contra dos de sus mejores amigas

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El capítulo más espinoso lo protagonizó el propio Mitch Winehouse, que en calidad de administrador de la herencia de su hija llevó a los tribunales a Naomi Parry —estilista de la cantante desde 2006 y amiga suya desde los 19 años— y a Catriona Gourlay, otra de sus grandes confidentes, con quien compartió piso y vida antes de su muerte. El padre las acusaba de haberse beneficiado de la venta en subastas celebradas en Estados Unidos entre 2021 y 2023 de decenas de objetos que, según él, pertenecían al patrimonio de Amy. Sus abogados sostenían que las dos mujeres habían «ocultado deliberadamente» esas ventas.

El origen de todo se remonta a una subasta de más de 800 artículos de la cantante que en 2021 recaudó alrededor de cuatro millones de dólares, con buena parte de lo obtenido destinado a la Amy Winehouse Foundation. Entre las piezas que se han ido vendiendo figuran auténticas reliquias: el vestido que lució en su último concierto, en Belgrado; las botas de la portada de su primer álbum, Frank (2003), o unas zapatillas de ballet manchadas de sangre tras una pelea con su exmarido. La justicia, sin embargo, no dio la razón al padre: el pasado 20 de abril, la jueza Sarah Clarke falló que ni Parry ni Gourlay habían ocultado nada, y que el propio Mitch podría haber averiguado con una diligencia razonable qué objetos poseían. El administrador perdía así el pleito por los bienes de su hija.

La sombra de Blake y un legado que no deja de crecer

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El otro nombre inevitable en cualquier relato sobre Amy Winehouse es el de Blake Fielder-Civil, el gran amor tormentoso de su vida. La pareja se conoció en un pub londinense en 2005, se casó en 2007 y se divorció en 2009, y aquella relación volcánica inspiró buena parte de Back to Black, el disco que la encumbró. Fielder-Civil, que cumplía condena en prisión cuando la cantante falleció, fue señalado durante años por el público y por la familia como el responsable de haberla iniciado en las drogas duras, un extremo sobre el que él ha mostrado arrepentimiento sin aceptar ser la única causa de sus adicciones.

Su padre, en cambio, siempre defendió con uñas y dientes tanto la memoria como el patrimonio de la artista. «Rompería una pared para ayudar a mi hija, tal y como le dije a ella. Sacas fuerzas de donde no las hay», confesaba Mitch en una entrevista a propósito de su libro Amy, my daughter, en la que insistía en desmentir el relato de la drogadicta que, a su juicio, nunca hizo justicia a la realidad. Quince años después de aquella tarde de julio en Camden, el mito musical permanece intacto y su obra sigue generando ingresos, pero la letra pequeña de su herencia demuestra que la historia de Amy Winehouse aún tiene páginas abiertas lejos de los escenarios.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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