La diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada ha concedido una entrevista sin filtros al pódcast Zodiac de Vanitatis, coincidiendo con la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, donde analiza la hostilidad hacia el sector empresarial y la falta de apoyo a la moda española.
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El malestar de una empresaria frente a la mirada social

En una charla que ha evitado cualquier tono promocional para centrarse en una radiografía cruda de la realidad económica, Ágatha Ruiz de la Prada ha dejado clara su postura sobre la percepción del éxito en España. La diseñadora, que se encuentra en plena presentación de su nueva colección, no ha dudado en señalar lo que considera una injusticia social hacia quienes arriesgan su capital. Con una contundencia verbal que pocos se atreven a mostrar en el sector, la creativa sentenció en el pódcast Zodiac: «La persona que tiene una empresa está visto como un hijo de puta».
Esta declaración no es un exabrupto aislado, sino el reflejo de un hartazgo acumulado ante lo que ella denomina un entorno hostil para el emprendimiento. Según su análisis, la combinación de una burocracia asfixiante, una presión fiscal elevada y una cultura que sospecha sistemáticamente del beneficio económico ha creado un clima donde generar empleo parece requerir una justificación moral constante. La diseñadora defiende que, lejos de las subvenciones, lo que el sector necesita es un marco menos restrictivo y una mayor comprensión de la responsabilidad que conlleva sostener una marca de proyección internacional.
Privilegios de cuna y la cultura de la reinversión

Lejos de los discursos de superación impostados, Ágatha habló con total transparencia sobre sus orígenes familiares y el punto de partida de su carrera. Reconoció con naturalidad haber crecido en un entorno privilegiado donde el dinero no era una preocupación inmediata. «Vengo de una familia en la que no trabajaba nadie y he podido hacer lo que me ha dado la gana», confesó durante la entrevista, subrayando que esa libertad le permitió explorar su universo creativo sin las ataduras de la necesidad urgente. Sin embargo, insistió en que ese privilegio no fue un colchón para la inactividad, sino la base sobre la cual ha construido un legado basado en el esfuerzo diario.
Su filosofía económica actual huye de la acumulación de activos para centrarse en la sostenibilidad de su propia estructura empresarial. Ágatha fue muy específica al definir su gestión financiera con una frase que resume su trayectoria de décadas: “No invierto, reinvierto”. Para ella, el éxito no consiste en superar el nivel de vida de sus antepasados, sino en lograr que su empresa se mantenga estable en una industria tan volátil como la textil. En un mercado que a menudo premia el crecimiento exponencial, ella aboga por una lógica de resistencia y mantenimiento que garantice la supervivencia de su firma a largo plazo.
La realidad financiera de la pasarela: de Madrid a las capitales del lujo

La conversación también aterrizó en el terreno práctico de la moda, desglosando los costes que supone para un diseñador español participar en la gran cita del sector. Ágatha puso cifras reales sobre la mesa para explicar lo que cuesta poner un pie en IFEMA durante la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Según la diseñadora, el alquiler del espacio dentro de la pasarela oscila entre los 10.000 y los 15.000 euros. No obstante, aclaró que esta cantidad es solo el inicio, ya que a ese gasto hay que sumar meses de producción, equipos de trabajo, tejidos y logística, lo que convierte cada desfile en una inversión de alto riesgo.
Al comparar el escenario madrileño con ciudades como París o Milán, la perspectiva cambia radicalmente. En las capitales del lujo mundial, los costes pueden escalar hasta los cientos de miles de euros, llegando incluso a los millones para las grandes casas. Ágatha utiliza esta comparativa no para quejarse de los precios locales, sino para denunciar lo que considera una falta de potencia en el impacto global de la moda española debido a la carencia de un apoyo estructural sólido. Para ella, España es un entorno accesible, pero el desajuste entre la inversión privada y el respaldo institucional impide que el diseño nacional compita en igualdad de condiciones en el mercado internacional.
Desapego sentimental y la nueva pasión de ser abuela

En el plano más personal, la diseñadora mostró una frialdad casi profesional al hablar de sus relaciones afectivas, marcando una distancia total con cualquier tipo de dependencia emocional. «No dependo para nada del amor», afirmó tajantemente, situando su trabajo y su marca como el centro absoluto de su universo vital. Para Ágatha, el pasado romántico no tiene lugar en su presente y asegura no sentir ninguna nostalgia por etapas anteriores de su vida. Su enfoque está puesto exclusivamente en el futuro y en los proyectos que tiene por delante, tratando lo sentimental como algo secundario o accesorio.
Sin embargo, esta coraza de pragmatismo se resquebraja ante una figura específica: su nieta. La diseñadora admitió que su papel como abuela le ha permitido conectar con una faceta mucho más emocional y cercana. Después de pasar gran parte de su carrera diseñando colecciones infantiles bajo criterios puramente estéticos y comerciales, la llegada de este nuevo vínculo familiar ha dotado a su universo creativo de un significado mucho más íntimo. Es, quizás, el único espacio donde la empresaria de hierro se permite una desconexión del control absoluto para disfrutar de una relación basada únicamente en el afecto y la ilusión.
