El periodismo español se viste de luto para despedir a una de sus plumas más brillantes, mordaces y libres. Raúl del Pozo ha fallecido en Madrid a los 89 años, dejando huérfana a una profesión que él entendía como una mezcla indisoluble de literatura, calle y bohemia. Cronista de raza y testigo directo de la transformación de España, Del Pozo se apaga tras una vida intensa marcada por su capacidad para retratar la realidad con un estilo único que le llevó a heredar la mítica columna de Francisco Umbral en ‘El Mundo’. Su marcha deja un vacío irreparable en las tertulias del Café Gijón y en las páginas que durante décadas iluminó con su verbo afilado.
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Nacido en la localidad conquense de Mariana, Raúl del Pozo inició su andadura en 1960 en el Diario de Cuenca, antes de forjarse en el legendario Diario Pueblo. Su carrera fue un viaje por los grandes hitos de la comunicación en nuestro país: desde Mundo Obrero e Interviú hasta convertirse en un referente de la crónica parlamentaria y el análisis político. Fue un rostro imprescindible en la televisión, colaborando en programas históricos como ‘Día a día’ junto a María Teresa Campos, y su firma en ‘El Mundo’ desde 1991 se convirtió en una cita obligada para entender el pulso de la sociedad bajo el título de ‘El ruido de la calle’.
Una vida entre estrellas de Hollywood y la aristocracia
Más allá de los titulares, Raúl del Pozo vivió una existencia de novela. Su carisma le permitió forjar amistades íntimas con figuras de la talla de Cayetana Fitz-James Stuart, de quien decía que era «libre, adelantada a su tiempo y muy bohemia», o el actor Paco Rabal. Como corresponsal en Londres, Moscú y Lisboa, su camino se cruzó con mitos del cine como Richard Burton o Peter O’Toole, experiencias que alimentaron su vasta cultura y ese estilo literario que plasmó en obras como ‘La primera Manhattan’ o ‘Noche de tahúres’.
En el plano personal, el maestro siempre reconoció la influencia de las mujeres en su vida, especialmente la de su esposa, la italiana Natalia Ferraccioli, de quien enviudó en 2018. Rodeado de amigos como Arturo Pérez-Reverte, Ana Rosa Quintana o Federico Jiménez Losantos, Del Pozo acumuló todos los grandes reconocimientos de su oficio: el Mariano de Cavia, el González-Ruano y el Premio Francisco Cerecedo, entre otros. Su legado es tan inmenso que hace una década se instauró el premio de columnismo que lleva su nombre, consagrando a figuras como Carlos Alsina o Esther Palomera. Hoy, el periodismo pierde a su cronista más elegante, pero su «ruido de la calle» resonará para siempre.
