Tenía 21 años, se llamaba Abdul Ballout y en mayo había sido condenado por intentar unirse al Estado Islámico. Cuando la Policía alemana lo abatió este domingo por la tarde en el barrio berlinés de Spandau, llevaba casi veinticuatro horas huido y estaba en libertad condicional, participando en un programa de desradicalización. La noche anterior, una persona había muerto y otras veintinueve habían resultado heridas junto al desfile del Orgullo de Berlín, una de las mayores celebraciones LGTBIQ+ de Europa.
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Veinticuatro horas de búsqueda y un desenlace en un jardín de Spandau

La operación terminó en torno a las seis de la tarde del domingo. Según el comunicado que la propia Policía berlinesa difundió en su cuenta de X, los agentes localizaron al sospechoso en una zona ajardinada de Spandau, en las afueras de la capital, y este se dirigió hacia ellos portando «un arma punzante, lo que llevó al uso de armas de fuego policial». El cuerpo de bomberos inició maniobras de reanimación de forma inmediata, pero, en palabras del mismo comunicado, «falleció en el lugar del incidente». Hasta ese momento la búsqueda había sido infructuosa: los investigadores habían registrado la vivienda que compartía con su familia en el centro de Berlín y varios lugares más sin dar con él, y habían difundido públicamente una fotografía junto a una descripción física —delgado, en torno a 1,90 de estatura, pelo negro, sudadera negra con capucha y pantalón blanco— pidiendo colaboración ciudadana.
Las autoridades investigan lo ocurrido como un atentado de corte islamista, y el caso no se da por cerrado con la muerte del sospechoso. No se ha descartado que contara con cómplices y la Policía ha detenido a varias personas de su entorno para interrogarlas, sin que por el momento haya información oficial sobre qué papel habrían jugado. Es un matiz importante, porque durante buena parte del sábado la propia investigación no tenía claro ni siquiera cuántos agresores había: el portavoz policial Florian Nath reconocía esa misma mañana que «actualmente no sabemos nada sobre los motivos, la identidad del autor ni nada parecido» y que se buscaba a «uno o más sospechosos» huidos. Las cifras también se movieron durante el día: los primeros recuentos oficiales hablaban de diecisiete personas atendidas —tres en estado crítico y ocho con heridas graves— y el balance acabó fijándose en un fallecido y veintinueve heridos.
Una furgoneta blanca, un machete y la fiesta a unos metros
Los hechos ocurrieron sobre las diez de la noche del sábado en el Tiergarten, el gran parque central de Berlín, junto a la Puerta de Brandeburgo y a escasa distancia del recorrido del Christopher Street Day, que es como se conoce en la ciudad a la celebración del Orgullo. Según la reconstrucción policial, un vehículo blanco —una furgoneta Citroën con matrícula de Berlín— embistió a varios peatones antes de estrellarse contra un árbol. El coche, gravemente dañado, seguía a la vista en el lugar el domingo por la mañana, hasta que los investigadores lo retiraron. Pero el ataque no terminó ahí: el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, explicó que después el sospechoso «se lanzó contra otros transeúntes armado con un arma blanca, probablemente un machete, y también les causó heridas graves». Eso explica que entre los atendidos hubiera tanto atropellados como personas con heridas por objeto punzante, una combinación que desconcertó a los servicios de emergencia durante las primeras horas.

La distancia es lo que convierte el suceso en algo especialmente cruel. La embestida se produjo a unos cientos de metros de la fiesta que iba a cerrar la jornada del Orgullo berlinés, una convocatoria a la que habían acudido cientos de miles de personas y que figura entre las mayores citas LGTBI del continente. Los organizadores cancelaron de inmediato lo que quedaba de programa. El diario Tagesspiegel apuntó que la víctima mortal sería una mujer, a la que se intentó reanimar sin éxito antes de declarar su fallecimiento. Es el tipo de violencia que la comunidad lleva tiempo denunciando en toda Europa y que también hemos contado aquí en primera persona, como cuando Carla Flila rompió a llorar al relatar los ataques homófobos que sufrió tras su paso por el Orgullo de Madrid.
Condenado en mayo, en libertad condicional y en un programa de desradicalización
El perfil del sospechoso es el punto en el que este caso deja de ser un suceso y pasa a ser una pregunta incómoda para las autoridades alemanas. Según ha detallado la fiscalía, Abdul Ballout tenía antecedentes por lesiones y por robo, y en mayo de este mismo año había sido condenado a un año y diez meses de prisión por haber intentado unirse al grupo yihadista Estado Islámico en Siria. No estaba cumpliendo esa pena: había quedado en libertad condicional mientras la justicia resolvía un recurso presentado por la propia fiscalía, que consideraba la condena corta y pedía una pena mayor. Y mientras tanto participaba en un programa de desradicalización. Es decir, el hombre al que la Policía buscaba durante veinticuatro horas por un atentado era alguien que el sistema tenía plenamente identificado, con una condena por yihadismo dictada hacía dos meses y bajo supervisión.
El ministro del Interior había señalado antes de conocerse su muerte que el sospechoso «ya había llamado la atención en el pasado por un elevado número de delitos» y por su proceso de radicalización. Esa constatación —un individuo fichado, condenado y en un programa específico para prevenir exactamente esto— es la que ha abierto en Alemania la discusión sobre qué falló en la vigilancia del caso. La investigación deberá aclarar además si actuó solo, algo que a estas alturas no está determinado, y qué relación tienen con los hechos las personas de su entorno que han sido arrestadas para declarar. La fiscalía mantiene abierta la línea del terrorismo de inspiración islamista como hipótesis principal.
Un minuto de silencio ante la Puerta de Brandeburgo

La respuesta en la calle llegó antes que la judicial. Miembros de la comunidad LGTBI convocaron una vigilia el domingo por la tarde frente a la Puerta de Brandeburgo, a pocos metros del lugar del ataque, y varios centenares de personas guardaron un minuto de silencio por la víctima. Junto al escenario del suceso se formó también una concentración espontánea con flores y velas en su memoria y en apoyo del colectivo. El canciller Friedrich Merz, antes de acudir al oficio religioso en homenaje a las víctimas, lo resumió en una frase: «Estos actos tienen un único objetivo: dividir a nuestra sociedad». Las autoridades alemanas han anunciado que reforzarán la seguridad en los grandes eventos públicos.
Queda el contraste que ninguna nota oficial puede arreglar. El Orgullo es, por definición, la celebración que consiste en ocupar la calle sin miedo, y en Berlín lo hacían cientos de miles de personas a pocos metros del Tiergarten cuando la furgoneta entró en el parque. Aquí hemos contado esa misma celebración en su versión luminosa, la de Lali Espósito ante 25.000 personas en Madrid o la de los looks más comentados de los famosos en el desfile. Este domingo, en el mismo punto donde el sábado había música, hubo un minuto de silencio y un ramo de flores en el suelo.
