La presentadora de Antena 3, Sonsoles Ónega, ha estallado en directo contra la última y más retorcida suplantación de identidad que circula por redes sociales. Los piratas de la red han cruzado todos los límites éticos admisibles en el ecosistema audiovisual al inventar una falsa entrevista financiera y utilizar la reciente muerte de su padre, el consagrado periodista Fernando Ónega, como cebo emocional para saquear las cuentas bancarias de usuarios incautos. El asunto ha provocado una profunda indignación en los pasillos de Atresmedia.
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El entramado digital que lleva meses usando rostros de primer nivel para vender falsos elixires económicos ha encontrado en la imagen de la conductora de Y Ahora Sonsoles su nuevo filón corporativo. El modus operandi no varía en exceso de lo sufrido por su compañera de cadena Susanna Griso o por el propio Jordi Évole: portales fraudulentos que simulan un diseño de prensa respetable, repletos de declaraciones absolutamente inventadas atribuidas a la comunicadora. La sofisticación de las plantillas empleadas induce al error incluso a internautas habituados a manejarse en la red, replicando tipografías, cabeceras de diarios reales y falsas secciones de comentarios donde supuestos beneficiarios agradecen la recomendación económica de los presentadores.
La trampa promete un método de inversión infalible para generar ingresos masivos a partir de una inversión inicial ridícula, jugando con la desesperación de perfiles vulnerables. El gancho radica en el prestigio intachable de la periodista de Antena 3, un valor seguro en el mercado publicitario que los ciberdelincuentes exprimen con absoluta impunidad mediante campañas de publicidad segmentada en redes sociales. Sin embargo, la gravedad de esta última oleada radica en el nulo pudor a la hora de manipular las tragedias familiares del rostro televisivo, dinamitando cualquier barrera de respeto moral.
Este tipo de estafas daña colateralmente la credibilidad de los medios tradicionales. El público, al ver los logotipos e imágenes corporativas asociados a estas falsas informaciones, puede llegar a confundir los formatos comerciales legítimos con las redes de extorsión informática. Los departamentos jurídicos de corporaciones como Atresmedia e incluso competidores directos como Mediaset se encuentran desbordados ante la proliferación de servidores ubicados fuera de la Unión Europea, lo que dificulta la ejecución de órdenes de derribo inmediato de estas páginas web engañosas.
El dolor de Sonsoles Ónega ante el descaro de los timadores de la red
Lo que ha transformado este enésimo caso de suplantación en un agravio intolerable es la asombrosa falta de escrúpulos de la organización delictiva. La campaña fraudulenta sostiene que el secreto millonario que la presentadora supuestamente promociona fue un legado directo transmitido por Fernando Ónega apenas unos días antes de morir. Tocar la memoria del histórico comunicador, una de las figuras más respetadas de la transición y del periodismo nacional, ha sido el detonante para que la ganadora del Premio Planeta decida romper el silencio y alertar a su audiencia con una dureza tajante desde su tribuna televisiva.
La indignación de la madrileña responde al dolor de ver el nombre de su progenitor arrastrado en un burdo fraude diseñado para vaciar los ahorros de familias trabajadoras. Desde el magacín vespertino de Antena 3, la periodista ha dejado claro que jamás ha mantenido contacto con este tipo de empresas comerciales, ni ha prestado sus servicios para asesorías de inversión digital, desmantelando por completo el relato inventado que los estafadores utilizaban para revestir el engaño de una pátina de emotividad filial.
Suplantan la identidad de Sonsoles Ónega para promover inversiones fraudulentas que supuestamente recomendaba su padre #YAS https://t.co/8TRCMrmzOy
— Y Ahora Sonsoles (@YAhoraSonsoles) May 26, 2026
La indefensión de los profesionales ante estas prácticas evidencia el reverso oscuro de la popularidad en televisión. Las cifras de audiencia que consolidan a Y ahora Sonsoles como un referente diario sirven, desgraciadamente, como base de datos cualitativa para que los algoritmos delictivos seleccionen qué rostros poseen un índice de confianza más elevado entre la población mayor de cincuenta años, el sector demográfico prioritario para los estafadores al concentrar un mayor volumen de capital disponible y un menor grado de alfabetización digital frente a los nuevos fraudes en red.
Un vacío de control que asfixia a las estrellas de la televisión
La vulnerabilidad de las figuras de la televisión frente a estas mafias de la red pone de relieve la alarmante ineficacia de los mecanismos de denuncia de las grandes plataformas tecnológicas que alojan estos contenidos. Las cadenas de televisión se encuentran con las manos atadas ante un goteo constante de páginas clonadas que reaparecen bajo un dominio distinto a las pocas horas de ser retiradas de la circulación. Mientras las identidades de figuras clave de la comunicación siguen siendo vulneradas, el espectador queda expuesto a un ecosistema publicitario online carente de filtros de veracidad mínimos, donde el dinero de los anuncios fraudulentos fluye sin cortapisas legales efectivas.
Sonsoles se suma así a la larga lista de profesionales del medio audiovisual español que exigen responsabilidades penales contundentes para los creadores de estos contenidos manipulados. La impotencia compartida por las estrellas del sector evidencia un problema estructural: el prestigio que se construye durante décadas en la pequeña pantalla se convierte en el cebo perfecto para los depredadores de internet, capaces de rentabilizar el luto de una familia con tal de arañar unos cuantos euros de las cuentas de las víctimas. El sector exige una regulación firme que obligue a los gigantes tecnológicos a verificar exhaustivamente la identidad de cualquier anunciante que utilice la imagen de un personaje público antes de autorizar la difusión de sus campañas.
La solución que plantea el entorno de los afectados no pasa solo por la denuncia pública en sus respectivos programas, sino por la creación de una fiscalía especializada en delitos de identidad audiovisual. En un contexto donde la Inteligencia Artificial y las falsificaciones digitales ganan terreno día a día, el caso de la familia Ónega sienta un peligroso precedente de crueldad mediática que obliga a replantear los protocolos de seguridad de los propios comunicadores, quienes ven cómo sus vidas privadas y sus procesos de duelo se transforman en mercancía barata para redes de crimen organizado transnacional.
