La memoria del boxeo español y el recuerdo de una de las figuras más queridas de la crónica social han confluido en un plató de televisión en una noche marcada por el respeto, la nostalgia y la resolución de viejos mitos. Coincidiendo de forma exacta con el 25 aniversario del fallecimiento del púgil, el programa ¡De Viernes!, el formato de las noches de Telecinco producido por Mediaset, ha logrado sentar por primera vez en un mismo espacio a la viuda del deportista, Raquel Mosquera, y a su nieta, Rocío Flores, para rendirle un merecido homenaje institucional. Lejos de la estridencia, ambas invitadas han ofrecido un testimonio sereno y maduro, aportando datos clarificadores sobre los últimos días de vida del campeón.
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Un cinturón póstumo para sellar un afecto indiscutible a lo largo del tiempo
La sintonía y el respeto mutuo entre ambas se han escenificado desde los primeros minutos de la emisión, sirviendo para poner en valor el papel que la madrileña desempeñó en la vida del deportista. La hija de Antonio David Flores ha querido validar públicamente los sentimientos que unieron a su abuelo con la peluquera, reconociendo su honestidad histórica frente a cualquier escepticismo del pasado.

«Tú has demostrado a lo largo del tiempo que realmente estuviste con mi abuelo porque estábais enamorados y nunca te aprovechaste de él, entonces si alguien tenía ese pensamiento le has más que callado la boca», manifestaba la joven con total naturalidad en el plató de Fuencarral.



Para dotar a la entrega de una atmósfera entrañable y acercar la figura del boxeador a una nieta que apenas pudo convivir con él por su temprana edad, la colaboradora ha acudido provista de diversos objetos personales de gran valor sentimental que pertenecieron al difunto. Entre los enseres exhibidos ante las cámaras ha destacado, por su incalculable valor deportivo, el cinturón de campeón de España de boxeo que le fue concedido a Pedro Carrasco a título póstumo, un galardón que se suma a su impecable palmarés como campeón del mundo y de Europa.
El componente nostálgico de la noche se ha agudizado cuando la dirección del espacio ha proyectado un compendio de imágenes de archivo de la familia, donde aparecía Rocío Carrasco relatando pasajes de la infancia de su hija. El visionado ha despertado una respuesta muy humana y madura por parte de la nieta del púgil, quien ha dejado clara la generosidad de sus sentimientos y el orgullo que le producen sus raíces biológicas por ambas ramas familiares.

«Me he emocionado porque al final se te remueve un poco todo. El hecho de que las cosas no hayan salido como deberían haber salido no quiere decir que a mi no me alegre o no empatice al ver imágenes con toda mi familia. Para mí es un orgullo. Jamás en mi vida he renegado ni renegaré de donde vengo, ni por parte de mi madre ni por parte de mi padre, estoy muy orgullosa de mis raíces», sentenciaba de forma solemne ante los colaboradores.
Desmentidos históricos y la ausencia de recuerdos en el hogar materno
Uno de los puntos más relevantes de la noche ha servido para restablecer la imagen del deportista frente a los persistentes rumores que apuntaban a una supuesta agresión física hacia su hija al enterarse de su precoz maternidad. La viuda del boxeador ha aprovechado el directo para desmentir de forma tajante semejante versión, ofreciendo un valioso testimonio presencial que retrata el carácter comprensivo y protector del púgil. «Jamás tocó a su hija. Jamás. Yo estaba presente cuando se lo dijo y Pedro dijo que apechugaremos con lo que venga», explicaba, mostrando la templanza con la que el deportista afrontó aquella crisis familiar cuando su hija tenía 17 años de edad.
Por su parte, la intervención de la nieta de Rocío Jurado ha aportado una revelación muy significativa sobre las dinámicas del recuerdo que imperaban en la vivienda de su madre durante sus años de infancia. Con total sinceridad, la joven explicaba cómo la figura del campeón del mundo de boxeo parecía haber quedado diluida en el día a día del domicilio familiar. «Nunca me habló de mi abuelo. No había en casa ningún recuerdo de mi abuelo. Igual que de mi abuela sí había un busto y otros recuerdos, de mi abuelo nada», narraba, evidenciando que los únicos recuerdos que conserva de él a día de hoy se han construido fuera de ese entorno.
El factor de la distancia familiar y el tenso episodio de los regalos de Reyes
La viuda del deportista ha situado el origen del proceso de distanciamiento del clan en un momento temporal muy concreto, señalando la influencia y la entrada de Fidel Albiac en la familia como el punto de inflexión en las relaciones.
Para ilustrar los intentos de acercamiento que se realizaron desde su entorno, la invitada ha desgranado un complejo episodio sucedido durante unas fechas navideñas, un relato que ha contado con el respaldo en el plató de las aportaciones de la periodista Lydia lozano. Según esta versión, la peluquera adquirió personalmente los obsequios de la festividad de Reyes para los hijos de Antonio David Flores en un esfuerzo por propiciar un encuentro afectuoso entre el abuelo, su hija y los nietos pequeños. A pesar de trasladar los paquetes hasta el inmueble, los abuelos se vieron obligados a marcharse de la propiedad sin poder ver ni abrazar a los menores por aquel entonces.
La firme voluntad del boxeador por recuperar el vínculo con su hija le llevó a aceptar las condiciones impuestas por el entorno de esta. Aunque el deportista ansiaba mantener una reunión íntima y a solas, claudicó y aceptó la presencia de Fidel Albiac durante la conversación. Los términos en los que se desarrolló aquella cita en el domicilio resultaron de una enorme dureza ambiental: «No nos pusieron ni agua, y todo lo que hablaba Rocío era un discurso dirigido por Fidel Albiac». La tensión culminó cuando, según la invitada, se produjo una fuerte discrepancia verbal que llevó al deportista a levantarse de inmediato, tomar del brazo a su esposa y abandonar la vivienda para evitar un conflicto mayor.
Un último viaje de regreso y la sensatez ante las consecuencias emocionales
Las secuelas psicológicas de aquel desencuentro habrían hecho mella en el ánimo del deportista. La invitada ha evocado con visible emoción el trayecto de regreso en automóvil tras el altercado en el domicilio de su hijastra. «Pedro iba muy nervioso, había perdido a su hija para siempre», reconocía en el plató, describiendo el hondo pesar del boxeador, quien fallecería a causa de un infarto agudo de miocardio apenas unos días después de aquel suceso.

A pesar de la dureza del relato, la estilista ha querido actuar con total prudencia y ecuanimidad, aclarando ante la mesa de debate que jamás ha responsabilizado de forma directa a la hija de Rocío Jurado del deceso de su marido, aunque sí ha remarcado el innegable impacto anímico que supuso aquel episodio. “A los pocos días, por desgracia, falleció mi marido. Ya no pudo ver más a su padre”, añadía con la voz entrecortada. Semejante escenario ha provocado una sensata reflexión por parte de la nieta del deportista, enfocada desde la madurez y la empatía.
«Una vez más, me vuelve a dar muchísima pena, porque por conflictos de los adultos salen perjudicados los niños pequeños. Mi madre se tiene que estar arrepintiendo el resto de su vida de haber hecho lo que ha hecho con su padre, y que su padre se haya muerto y no se haya hablado con su padre. Y eso es una cosa que le va a pesar en su conciencia toda su vida. Y ojalá y yo no tenga que pasar por ahí. Y ojalá y yo algún día en mis circunstancias con mi familia, cambiasen, porque yo no me quiero ver así, porque realmente lo que me da es pena».
La dignidad frente al dolor del pasado y la tranquilidad de conciencia
La emoción ha alcanzado su punto álgido cuando la producción del formato conducido por Santi Acosta y Beatriz Archidona ha proyectado las imágenes de archivo correspondientes a las exequias fúnebres de Pedro Carrasco. Tras rememorar la profunda tristeza que padeció en los meses posteriores a la pérdida, la invitada ha sido interrogada por el periodista Antonio Rossi acerca de las increpaciones que la hija del púgil recibió por parte del público congregado en el cementerio. «Yo no lo recuerdo porque en ese momento estaba ida, pero sí lo pude ver posteriormente en televisión», explicaba de manera sincera.
La periodista Ángela Portero ha intervenido en el debate para contextualizar la reacción popular de la época, vinculándola directamente con la percepción pública de las tensiones familiares. «Aunque nadie lo había contado, la gente sabía por la prensa la mala relación de Rocío para con su padre», recordaba la comunicadora, aludiendo a las dificultades que impidieron al abuelo disfrutar de las Navidades junto a sus nietos.

Para clausurar la noche en Telecinco, la primogénita de Antonio David Flores ha querido fijar una postura de absoluta serenidad interna, lamentando la falta de oportunidades para construir recuerdos con su abuelo pero mostrando una impecable tranquilidad respecto a su propio proceder. «Sinceramente ya es que nada me sorprende en la vida, pero me parece una situación surrealista, se podían haber hecho las cosas de otra manera para que a nosotros los niños por entonces no nos quitasen la posibilidad de tener recuerdos con nuestro abuelo que a día de hoy no tengo. Cada uno tendrá el cargo de conciencia que tenga que tener. Yo la tengo muy tranquila», concluía con madurez.
