La televisión pública italiana está dispuesta a firmar el cheque más alto de su historia reciente para sentar a Romina Power en la pista de baile más famosa del país. Según ha adelantado el semanario Oggi, Milly Carlucci, la presentadora que lleva más de veinte años al frente de Ballando con le Stelle, prepara una ofensiva final para incorporar a la cantante estadounidense al concurso de Rai 1 con una propuesta que rozaría el medio millón de euros. Sería un caché sin precedentes, superior incluso al que se atribuyó en su día a Barbara D’Urso. Y todo apunta a que, una vez más, la respuesta será que no.
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La operación tiene todos los ingredientes de un culebrón televisivo de manual, y uno añadido que en España resulta imposible de ignorar: la mujer que sí ha levantado la mano para participar en ese mismo programa es Loredana Lecciso, la pareja de Al Bano y la mujer con la que el cantante anunció hace apenas dos semanas que por fin se casará. Las dos grandes protagonistas de la vida sentimental del artista de Cellino San Marco orbitan, sin proponérselo, alrededor del mismo plató.
«Milly me llama cada año, y cada año le digo que no»

La insistencia de la presentadora no es nueva ni disimulada. La propia intérprete lo ha reconocido con una franqueza desarmante: «Milly me contacta cada año, pero yo cada año digo que no. Sería demasiado estresante para mí. Tienes que estar ahí meses pensando solo en bailar, aprendiendo pasos que quizá no has hecho nunca». Su descripción de lo que supone el formato desmonta cualquier romanticismo sobre los concursos de baile televisados: «Luego tienes que actuar en directo el sábado por la noche y, toda sudada y agotada, te juzgan personas que están frescas y te dicen que ese paso no era exactamente como debía ser».

Tampoco contempla el atajo de sentarse en el jurado, esa salida honrosa que tantas veteranas aceptan cuando ya no quieren competir. Su negativa, en ese punto, tiene incluso un poso ético: «¿Yo? No lo haría. ¿Quién soy yo para juzgar a otra persona que baila? Yo daba la máxima puntuación a todos y no me veía capaz de suspender ni criticar». No es la primera vez que la Rai tropieza con este muro. Ya en la primavera del año pasado se filtró que las negociaciones habían encallado porque las pretensiones económicas de la artista resultaban, en palabras de la propia producción, decididamente inasumibles. Un año después, la cadena ha decidido que el problema no era el precio, sino la falta de cifras.
La otra mujer de Al Bano ya se ha ofrecido

Mientras la californiana se resiste, su gran rival mediática lleva tiempo levantando la mano. La compañera del cantante se dirigió directamente a la presentadora, en pleno directo televisivo, para dejarle un mensaje que no admitía dobles lecturas: «El tuyo es el único reality al que decir que sí. Es longevo, pero tú lo renuevas cada temporada». La prensa transalpina la sitúa desde entonces como el plan alternativo si la negociación con la exmujer del artista termina de descarrilar. Carlucci, hábil, no ha respondido públicamente a esa candidatura espontánea.
El contexto vuelve el asunto todavía más incómodo. A finales de junio, el intérprete de Felicità anunció en televisión que su boda con la locutora, tras veintiséis años de relación y dos hijos en común, se celebrará por fin: «Ahora lo sé, estoy seguro: se hará», dijo, definiéndola como la mujer que siempre quiso. No hay fecha en el calendario, pero sí un ruido de fondo considerable. El semanario Chi ha apuntado estos días a un malestar evidente en el entorno del cantante y ha descrito como gélida la reacción de su exmujer y de los hijos que tuvieron juntos, aunque conviene subrayar que ni la artista ni sus hijos han pronunciado una sola palabra pública al respecto.
La hija de una leyenda de Hollywood que conquistó Europa cantando en italiano
Conviene recordar quién es la mujer a la que la Rai quiere pagar medio millón de euros por bailar. Nacida en Los Ángeles en 1951, es hija del actor Tyrone Power, uno de los grandes galanes del Hollywood clásico, y de la actriz Linda Christian. Su vida, sin embargo, se escribió en italiano. Se casó con el cantante de Cellino San Marco en 1970 y juntos formaron el dúo más popular de la Europa de los ochenta, un fenómeno que representó a Italia en Eurovisión en dos ocasiones, en 1976 y en 1985, y que en 1982 llevó al Festival de Sanremo la canción que terminaría convirtiéndose en su emblema y en la banda sonora sentimental de varias generaciones, también en España.
Aquella pareja artística e íntima se rompió a finales de los noventa, y desde entonces ambos han sostenido una relación pública oscilante, con reencuentros sobre el escenario y silencios prolongados fuera de él. Es precisamente ese magnetismo residual, el de una historia que el público europeo nunca ha dado del todo por cerrada, lo que explica que una cadena esté dispuesta a desembolsar una fortuna por verla mover los pies un sábado por la noche.
La nueva temporada del concurso llegará en otoño, con la presentadora afrontando además la sustitución de una de sus juezas más temidas y una mudanza de plató. Le queda por delante el verano entero para convencer a la única concursante que se le resiste desde hace más de una década. Y a juzgar por lo que la propia interesada lleva años repitiendo, ni el dinero ni la insistencia parecen argumentos suficientes. Hay quien no baila por dinero. Sencillamente, no baila.
