La actriz Mariona Terés, protagonista de la serie Barrio Esperanza, dinamitó anoche la calma de La Revuelta en RTVE al negarse en redondo a tener el más mínimo gesto de cortesía con Santiago Segura, retratando una fractura total con el cineasta.
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El desplante que dejó mudo al plató de La 1
La noche en la televisión pública se presentaba como un trámite promocional más, pero terminó convirtiéndose en el escenario de una de las declaraciones de intenciones más crudas que se recuerdan en el prime time. En una maniobra de programación para intentar reflotar sus datos, RTVE decidió emitir una doble entrega de su programa estrella conducido por David Broncano. La actriz Mariona Terés, que acudía junto a Alejo Sauras para presentar su último trabajo de ficción, no necesitó gritar para lanzar el mensaje más atronador de la velada: la era de la pleitesía a los tótems del cine comercial parece haber terminado para ella.
El momento se produjo cuando el presentador jiennense, con su habitual tono distendido, consultó a su equipo quién sería el invitado del programa siguiente. Al confirmarse que el sofá lo ocuparía Santiago Segura para promocionar Torrente Presidente, el ambiente en el estudio se gélido. Lo que habitualmente es un intercambio de bromas o «mensajes envenenados» con humor entre compañeros de profesión, se transformó en un vacío absoluto por parte de la actriz.
«Yo paso»: Las cuatro letras que sentenciaron a Segura
La fuente original de esta información, el diario El Mundo, destaca la frialdad con la que se gestionó el bloque dedicado al próximo invitado. Ante la sugerencia de Broncano de dejarle algún recado al director madrileño, Terés no titubeó. Su respuesta fue un latigazo de indiferencia que cortó cualquier intento de comedia: «Yo paso». No hubo risas cómplices ni el habitual juego mediático; hubo una negativa tajante que reflejaba una distancia insalvable.
David Broncano, visiblemente sorprendido por la sequedad de la respuesta, intentó reabrir la puerta preguntando si realmente no tenía nada que decirle o preguntarle. La réplica de la intérprete de Paquita Salas fue, si cabe, más demoledora por su sencillez: «No tengo nada que decirle». En un sector donde las formas y el «quedar bien» suelen primar por encima de las afinidades reales, la determinación de Terés de no dedicarle ni un solo segundo de su tiempo a Segura fue interpretada por los presentes como un acto de rebeldía frente a la figura del «amiguete».
El contraste de la diplomacia frente a la verdad
Mientras Terés se mantenía en un silencio sepulcral, Alejo Sauras intentó ejercer de pararrayos emocional. El actor optó por la vía diplomática, lanzando un «abrazo de amiguete», un guiño directo al léxico que ha definido la carrera de Segura. Sin embargo, este gesto quedó totalmente eclipsado por la actitud de su compañera, quien incluso se permitió ironizar cuando Broncano sugirió que el director aceptaría de igual manera el afecto de uno que el vacío de la otra. «Es que te prometo que no tengo nada que decirle a Santiago Segura», insistió ella, subrayando que su postura no era un despiste, sino una elección consciente.
Este choque de actitudes llega en un momento crítico para el formato de La 1, que anoche registró su mínimo de temporada con un escaso 8,4% de share. En plena crisis de audiencia, el programa encontró en la honestidad brutal de Terés el combustible necesario para incendiar las redes sociales, donde el público no ha tardado en posicionarse ante lo que consideran el fin de una hegemonía cultural basada en el amiguismo de la vieja escuela cinematográfica.
La respuesta de un gigante herido
La incógnita ahora se traslada a la entrega de esta noche. Santiago Segura, perro viejo en las lides de la promoción y el contraataque mediático, se encontrará con un presentador que tiene en su poder el vídeo de este desplante. Queda por ver si el creador de la saga más taquillera de la historia de España optará por la elegancia del silencio o si, fiel a su estilo, utilizará su artillería verbal para responder a una actriz que, con apenas cinco palabras, ha conseguido cuestionar su estatus de figura intocable en el entretenimiento patrio.
