Acaba de ganar uno de los concursos más vistos de la televisión española y su primera decisión es dejar de concursar. J Kbello hace balance de su victoria en Tu cara me suena con dos anuncios: cierra su etapa de concursante después de una vida entera compitiendo y, sobre un eventual regreso de España a Eurovisión, pone unas condiciones que hoy, dice, no se cumplen.
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«Llevo toda mi vida concursando»: el punto final a una etapa
El artista gaditano, Jesús Cabello en el documento nacional de identidad, ha encadenado cuatro grandes formatos televisivos en apenas tres años: Cover Night, el Benidorm Fest y Hasta el fin del mundo en Televisión Española, y el programa de las imitaciones en Antena 3, producido junto a Gestmusic, donde ha terminado ganando tras un recorrido en el que se midió a artistas como Elvis Presley o Ricky Martin. Su primera incursión en el formato, como invitado en la edición anterior, ya dejaba intuir lo que vendría después.
Ese recorrido es precisamente el que ahora quiere frenar. «Es verdad que quiero parar de concursar, porque llevo toda mi vida concursando. Desde los diez años, que bailaba», explica en una entrevista con la sección televisiva de El Confidencial. La decisión, matiza, no es un portazo a la pequeña pantalla: «Quiero dejar un poco los concursos, que eso no significa que deje de lado la televisión». Tampoco teme quedar encasillado como concursante profesional, porque entiende que su público llega por dos vías distintas. «Mucha gente me conoce por televisión y otra mucha gente me conoce por mi música. Creo que no es encasillarme en una o en otra, sino que es un híbrido», razona, antes de recordar que vive también de los escenarios: «Sigo con mis proyectos musicales, tengo muchos conciertos y también vivo de ellos».
Las condiciones que pone sobre la mesa para Eurovisión

Preguntado por un posible regreso al certamen alicantino o por una candidatura al festival europeo, descarta lo primero sin rodeos: «Ahora mismo no volvería al Benidorm Fest, porque lo que tenía que hacer ya lo hice». Y sobre lo segundo condiciona su participación a un escenario que, sostiene, hoy no se da. «Si España volviera a Eurovisión, tendría que ser con unas condiciones morales y éticas con las que yo estuviera de acuerdo para participar, que ahora mismo no se cumplen», afirma.
El artista no cierra la puerta, la deja condicionada. «Tendrían que cumplirse todas esas condiciones y, si se cumplen, obviamente yo estaría encantado de representar a mi país en Eurovisión, que es el mejor certamen musical del mundo», sostiene, en una fórmula que combina el entusiasmo por el festival con la reserva sobre su estado actual. Su explicación de qué es lo que no le encaja se mantiene en el terreno estrictamente musical y no señala a ningún país ni a ninguna decisión concreta: «Me gustaría estar en un festival musical donde se vote realmente a la actuación o país más talentoso. No a otras opciones que no tienen nada que ver con la música». Es, en el fondo, la misma queja que atraviesa desde hace años la conversación sobre el certamen, pero formulada por alguien que ha estado a un paso de representar a España y que, por tanto, tendría algo que perder si esa puerta se cerrase del todo.
Un padre camionero, un hijo en shock y los que le dijeron que no valía

La victoria le pilló, dice, sin capacidad de asimilarla: «Estoy que no sé ni dónde estoy. No soy todavía completamente consciente de haber ganado». Su emoción en la final tuvo nombres y apellidos. «Mi padre, que es camionero, se pilló los días para verme y nada más llegar a Cádiz se tuvo que ir con el camión otra vez», relata, antes de reírse de sí mismo: «Yo me harté de llorar. Tenía el maquillaje que parecía el conde Drácula». Su hijo lo siguió en directo desde casa de su madre y se quedó «en shock», porque creyó que el nombre que sonaba era el del segundo clasificado. Ahora quiere ser youtuber, y el padre le ha puesto deberes: que grabe, que aprenda a editar y que se busque su propio camino.
Detrás de esa insistencia hay una historia familiar que él mismo enlaza con la suya. Su padre fue actor de teatro y llegó a recibir la llamada de una compañía nacional que no pudo aceptar porque tenía dos hijos y un trabajo en una heladería. «Es como si hubiera cogido el legado de mi padre de otra manera y lo hubiera conseguido», resume. De ahí su relación incómoda con el dinero: «Yo odio el dinero. Eso de que la vida se maneje por el dinero no me gusta», dice, aunque admite que lo persigue para tener casa propia —ya se la está comprando— y para poder pagarle a su hijo los estudios que él no tuvo. También hubo una alusión, en plena celebración, a un capítulo más oscuro: no a las derrotas, que asegura no haber vivido nunca con pena, sino «a las personas que te hacen creer que no vales», gente de su entorno que le repetía que buscara otra opción. «Esas personas ya no están en mi vida», zanja. Le quedan un par de asignaturas pendientes: le habría gustado imitar a Michael Jackson y sueña con llenar un estadio antes de los treinta.
