El programa «De Viernes» de Telecinco recibió a una Irene Rosales en su entrevista más dura y honesta, en pleno huracán mediático por la reconciliación de Kiko Rivera con Isabel Pantoja, el distanciamiento del DJ de la familia de Irene y el posible acercamiento del clan Pantoja tras años de guerra abierta. Desde el primer minuto, la sevillana dejó claro que acudía dispuesta a contarlo todo, sin atacar, sin revancha y con una premisa: poner límites, dignidad y sentido común a once años de matrimonio vividos bajo una enorme presión mediática y familiar.
Te recomendamos

Telecinco le quita veinticinco minutos diarios a Jorge Javier Vázquez para colocar el rosco detrás por miedo a ‘Pasapalabra’

‘De Viernes’ abre temporada con Anabel Pantoja el mismo día que la productora Mandarina pierde el diario con el que exprimió a la familia todo el verano

La colaboradora María Jesús Ruiz revela el caché más alto de su carrera y pide lo mismo en su vuelta a ‘Supervivientes All Stars’

Telecinco recoloca a Joaquín Prat en su franja matinal y le renueva ‘El tiempo justo’ un año más
Kiko Rivera: distancia, convenio y ruptura con la familia de Irene
Uno de los grandes bloques de la entrevista giró en torno al presente de su relación con Kiko Rivera y el cambio radical de actitud del DJ en los últimos meses. Irene explicó que el convenio regulador de sus hijas se firmó de mutuo acuerdo, con un solo abogado, y que nunca ha tenido miedo a una custodia compartida, pero sí sintió como un ataque que él la usara como “rebote” cuando ella planteó un matiz legal al letrado.

Lo más doloroso para Irene no ha sido la separación en sí, sino la ruptura total de Kiko con toda su familia: “Ha decidido no tener relación con nadie de mi familia, pequeños, adultos y más mayores”, confesó, visiblemente afectada, recordando que sus sobrinos se han criado con él y que ella rogó a los suyos que no cortaron el contacto con el DJ pese al divorcio. La colaboradora aseguró que no entiende por qué el padre de sus hijas, que hasta diciembre mantenía trato normal con sus parientes, ha roto de golpe con todos justo cuando Lola entra en su vida, aunque se niega a culpar a la nueva pareja de su ex marido.
La reconciliación Pantoja–Kiko y el papel de las niñas
Otro de los grandes temas de la noche fue la aparente reconciliación entre Isabel Pantoja y su hijo, así como el sorprendente acercamiento a Agustín Pantoja, plasmados en la foto que Kiko compartió con su madre y su tío. Lejos de mostrarse resentida, Irene celebró el posible acercamiento, pero pidió que no fuera un gesto de cara a la galería: “Ojalá sea para siempre y no sean idas y venidas, porque hay niños pequeños que se merecen tener la figura que tienen que tener ya para siempre”.
Rosales reveló que sus hijas le contaron emocionadas que habían hablado con su abuela y que para ellas era impactante, ya que llevaban años sin trato. Ella, sin embargo, decidió no interrogarlas para no convertir cada visita al padre en un juicio: se limita a preguntar si han disfrutado, evitando transmitirles sus propios miedos y heridas. Con esa postura, Irene se reafirma como una madre que antepone el bienestar emocional de las niñas a cualquier rencilla.
Cantora, los trajes de Paquirri y el punto de no retorno

La entrevista repasó el episodio que dinamitó definitivamente la relación entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja: el 2 de agosto de 2020 en Cantora. Irene narró cómo, mientras ella estaba con las niñas en otra zona de la finca, Kiko fue enviada a cajas de mudanzas y acabó entrando en la habitación de su padre, donde encontró los trajes y pertenencias que su madre le había negado durante años.
“Lo vi venir blanco, blanco”, recordó, y contó cómo él le confesó que había visto todo lo que se suponía que no existía. Irene ya había hablado meses antes con Isabel sobre lo duro que era para ella no tener ni un objeto de su propia madre y que Kiko tampoco tenía nada de Paquirri; la tonadillera le aseguró que no quedaba nada salvo el traje de la faena del día de la tragedia. Cuando, tras el hallazgo, Isabel le dijo a su hijo que “eso lo tenía ella para él”, la indignación del DJ fue a más, al no entender por qué había mantenido la mentira durante décadas.

Rosales también puntualizó que en aquella noche de cumpleaños nadie habló abiertamente del hallazgo, que ella se acostó tras soplar las velas y que a las siete de la mañana se marcharon sin despedirse, decisión que Isabel les ha echado en cara. Desde entonces, la herida Cantora dejó de ser un rumor y se convirtió en el eje de una guerra judicial, mediática y familiar en la que Irene ha terminado siendo el blanco fácil para parte del entorno de Pantoja.
Señalada por el clan Pantoja
Uno de los momentos más duros fue cuando Irene relató cómo desde el entorno de Isabel Pantoja se la ha señalado como culpable de la ruptura entre madre e hijo. Explicó que, mientras trabajaba como colaboradora de televisión, le llegaban comentarios y motes muy despectivos hacia su persona, definiéndola como “mosquita muerta” y “la mano que mece la cuna”, y responsabilizándola de cada paso de Kiko: con su madre, su hermana, su prima y hasta su tío.
Irene negó tajantemente haber escuchado audios directos de Isabel metiéndose con ella, pero sí confirmó que esos mensajes circulaban y que ese señalamiento fue uno de los motivos del enorme cabreo de Kiko con su madre. La sevillana recordó que en once años no tuvo discusiones con Pantoja, salvo una conversación firme cuando le pidió que no utilizara las “audiciones” para desviar el problema real que existía entre madre e hijo. Aun así, toda la responsabilidad mediática ha caído muchas veces sobre ella, hasta el punto de sentirse “machacada” incluso cuando callaba.
De nuera adorada a chivo expiatorio
El programa rescató un audio de Isabel Pantoja en el que la tonadillera se refería a Irene como “esa nuera que tengo, que la amo, la adoro, la quiero con locura”, prometiéndole ser siempre una “segunda madre”. Al escuchar esas palabras, Irene se emocionó al recordar a su propia madre, fallecida, subrayando que nunca buscó a otra madre, pero sí valoraba el apoyo en momentos muy duros.

Sin embargo, la realidad posterior ha sido muy distinta: hoy se siente injustamente culpabilizada de conflictos que, insiste, no ha generado, sino que ha acompañado como esposa. “Si me quiero usar como la causa del problema para que se perdonen entre ellos, que miren un poco más dentro”, dijo, dejando claro que ni las adicciones de Kiko ni sus guerras familiares empezaron ni terminaron con ella.
Kiko, Lola y las redes sociales
Otro de los momentos destacados de la noche llegó cuando el programa le preguntó por las supuestas pullas que Kiko Rivera y su actual pareja, Lola García, le habrían lanzado en redes sociales. Irene, lejos de encender el conflicto, zanjó el asunto con elegancia: «No hace daño quien quiere, sino quien puede. Yo no me he dado por aludida». A continuación subrayó que “no soy partidaria de entrar en ese tipo de juegos y menos involucrar a mi pareja”, dejando claro que no piensa alimentar guerras digitales ni arrastrar a su actual relación a ese terreno.
Infidelidades, desconfianza crónica y un mecanismo de defensa.
‘De Viernes’ repasó en vídeo las múltiples infidelidades que han jalonado la relación de la pareja desde prácticamente el inicio, con nombres como Aura Ruiz, Lorena de Sousa o Carmen González. Irene reconoce que recuerda todas las historias, aunque sospecha que su mente ha desarrollado un mecanismo de autodefensa para poder seguir adelante en su momento.

Contó cómo Kiko le hacía creer que muchas informaciones eran falsas y cómo ella, recién llegada a la fama ya ese “mundo desconocido”, se aferraba a la versión de su marido, llegando a llamar a los programas para negar testimonios que hoy ve de otro modo. “Yo pensaba que, siendo ‘una chica buena’, él se iba a comportar conmigo”, confesó, dejando al descubierto la ingenuidad y el amor con el que arrancó la relación. Ahora, sin embargo, se niega a cargar con la culpa: que él diga que ella le perdonó no convierte a Irene en responsable de las infidelidades, sino en víctima de ellas.
Adicciones, ultimátum y soledad en la lucha
Uno de los tramos más sobrecogedores fue el dedicado a la etapa más oscura de Kiko Rivera con las drogas, especialmente durante el embarazo de su segunda hija, Carlota. Irene admitió que ese embarazo no fue buscado y que lo vivió con una mezcla de amor, miedo y sensación de estar sola ante una situación límite.

Cuando las discusiones se volvieron “muy evidentes” y la convivencia se hacía insoportable, ella puso un ultimátum: o Kiko ponía solución a su problema o no volvería a ver a sus hijas ni a ella. Fue entonces cuando el DJ le confesó su adicción y, para obligarle a asumir responsabilidades, Irene insistió en llamar a Isabel Pantoja y contarle la situación. Según su relato, el apoyo de la tonadillera se limitó a nueve días en el Rocío, una convivencia en la que se cambiaban cortinas y se pintaban paredes, pero donde apenas se abordaba de frente el problema.
Irene recordó que nunca sintió miedo por la integridad de sus hijas, porque no percibió que Kiko consumiera ante ellas, pero sí sufriría las consecuencias al día siguiente: mal humor, agotamiento extremo y un ambiente enrarecido. Reconoció que durante mucho tiempo atribuyó ese comportamiento a los horarios del trabajo y los viajes, hasta que la realidad le explotó delante. Pese a todo, no se pone medallas: “Lo más fácil habría sido huir, pero yo sabía que él tenía capacidad de salir y que me necesitaba”.
La ruptura: humillación pública y límite como mujer
El programa también recuperó las declaraciones de Kiko Rivera en las que llegó a decir que sentía rechazo hacia Irene y que ella ya no le atraía, palabras que él pronunció sentado en el mismo plató tiempo atrás. Rosales admitió que escuchar aquello en televisión la hirió profundamente “como mujer” y “como madre de sus hijas”, aunque asegura que ha hecho un enorme trabajo interno para sanar y no quedarse anclada en el rencor.

Reconoció que le habría gustado que Kiko no hiciera ese tipo de confesiones en público, y que lo único que puede reprocharle hoy es precisamente haber elegido ese altavoz para hablar de ella. Animada por Lidia Lozano, por primera vez marcó un límite claro: «Ya hay un punto y final. Eso sí que no lo soporto más. Ni él ni nadie». Con esa frase, Irene se reivindica como una mujer que por fin se respeta a sí misma.
Guillermo, terapia y la reconstrucción de Irene
En la recta final de la entrevista, Irene habló de Guillermo, su nueva pareja, con un cariño especial. Aclaró que no es él quien la “rescató”, sino que la ha animado a sacar su mejor versión ya reencontrarse con la Irene alegre, vital y segura que existía antes de Kiko.
La sevillana insistió en que el trabajo principal lo está haciendo ella, con terapia y mucha introspección, y que Guillermo ha sido un apoyo, un acompañante que la impulsa, pero no su “salvador”. “Es importante quererse por una misma, hacerse valer por una misma, y si tienes a alguien al lado que te lo hace ver, se multiplica”, resumió, arrancando el aplauso del plató. Fue entonces cuando Santi Acosta se dirigió a un Guillermo alejado de los focos pero presente en plató para que le dirigiera unas palabras a su pareja. Aunque en un principio pareciese que no fuese acceder, protagonizó uno de los momentos de la noche.
La emoción de una vida paralela. La emoción al reencontrarse con Jessica y hablar de su hijo
El broche más emotivo de la noche llegó con el mensaje indirecto que compartieron Irene Rosales y Jessica Bueno. Ambas, marcadas por su historia con Kiko Rivera, dejaron claro el profundo respeto y el cariño que se profesan, alejadas de cualquier rivalidad. Irene se emocionó especialmente al hablar del hijo que Jessica y Kiko tuvieron en común, dejando claro que con el joven mantiene un vínculo muy estrecho y que, por encima de los adultos y de las rupturas, siempre estarán los niños y los lazos que se construyen desde el amor y la presencia.
Una gran persona a los ojos de todos
Si algo quedó patente en ‘De Viernes’ fue la imagen de Irene Rosales como una mujer honesta, leal hasta el extremo, protectora con sus hijas y sorprendentemente empática incluso con quienes la han señalado. No negó el amor que ha tenido por Kiko ni su lealtad a la familia Pantoja en los momentos más críticos, desde las adicciones hasta la guerra por la herencia, pero sí dejó claro que ha aprendido a poner límites, a decir “hasta aquí” ya dejar de cargar con culpas que no le corresponde.

Su entrevista, aplaudida por colaboradores, presentadores, espectadores y redes sociales, no fue un ajuste de cuentas, sino un ejercicio de sinceridad y madurez emocional que la coronó como una de las voces más claras y coherentes del universo televisivo en torno al clan Pantoja. En una noche en la que podría haber dejado llevar por la venganza, Irene eligió la elegancia, la verdad y, sobre todo, la dignidad.
