La humorista y presentadora Henar Álvarez ha vuelto a agitar el avispero político y mediático desde su trinchera en RTVE. Durante la última entrega de su ‘late night’ Al Cielo con Ella en La 1, la cómica madrileña dedicó un incendiario monólogo a desgranar el actual estado de la libertad de expresión en España, aprovechando la coyuntura para lanzar un dardo envenenado y sin anestesia contra las dos vacas sagradas de la televisión privada: Pablo Motos y Ana Rosa Quintana. Con su habitual mordacidad, la conductora de la televisión pública tildó de auténtico «sinsentido» que los rostros más poderosos del sector audiovisual pretendan abanderar una falsa condición de víctimas frente a la corrección política.
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«Ya no se puede decir nada, lo que pasa es que la gente que se suele quejar de esto no son precisamente las víctimas de esa censura”, arrancaba la humorista, abriendo un melón que no tardó en salpicar la línea de flotación de Mediaset. Para Henar Álvarez, el discurso victimista que se promueve desde ciertos platós de televisión carece de cualquier lógica estructural y no dudó en trazar una demoledora analogía que provocó el aplauso unánime de su público: «Hay gente quejándose de historias con la libertad de expresión que suenan como si Ana Rosa se quejara de que los alquileres están muy altos, ¡es que no tiene sentido!».
El análisis de la cómica no se quedó en la superficie y conectó de inmediato con la estricta actualidad de los despachos de los medios tradicionales, señalando de forma directa el sonado adiós de Àngels Barceló en las mañanas de la Cadena Ser. Haciéndose eco de las filtraciones de la propia redacción de la emisora de Prisa, la presentadora de La 1 recordó que una de las voces periodísticas más críticas del país ha tenido que abandonar su puesto supuestamente por las presiones de tener que acatar una línea editorial impuesta con la que no comulgaba, evidenciando dónde se ejecuta la verdadera presión corporativa.
El banquillo de los cómicos frente al blindaje de ‘El Hormiguero’
La conductora de Al cielo con ella continuó desgranando la ironía de que sea el jefe de El Hormiguero quien clame al cielo contra una supuesta mordaza ideológica. Con sorna, la cómica admitió que casi llega a estar de acuerdo con Pablo Motos en eso de que «no se puede decir nada», pero matizando de inmediato quiénes acaban sentados ante un juez y quiénes retienen el privilegio del micrófono diario en Antena 3.
Para ilustrar la verdadera persecución judicial en el gremio de la comedia, puso sobre la mesa los nombres de Facu Díaz o Héctor de Miguel ‘Quequé’, habituales de los tribunales por culpa de sus sátiras políticas, así como la reciente ofensiva de Abogados Cristianos contra la humorista Lalachus por su parodia de las Campanadas. Una realidad de acoso legal que contrasta frontalmente con la cómoda posición de los grandes popes de las cadenas privadas, inmunes a este tipo de asedios judiciales por sus discursos editoriales.
“No se puede decir nada… Es que estoy de acuerdo con Pablo Motos”
— 𝗺𝗮𝗿𝗶𝗮_𝗟𝗔𝘁𝗮𝘁𝘂𝘀 💫 (@maria_LAtatus) May 26, 2026
¡Díselo, reina! Henar Álvarez por el penúltimo bochorno de Trump, la renuncia de Angels Barceló y las demandas a Héctor de Miguel Quequé y Lala Chus.
▶️#AlCieloConElla, hasta el infinito y más allá 💜🚀 pic.twitter.com/rEVaQV2Al9
El berrinche de la derecha mediática contra el micrófono ajeno
Para cerrar su intervención en la cadena estatal, la presentadora desmontó el concepto de la denominada «dictadura woke» que los sectores conservadores utilizan como escudo ante las críticas de los espectadores. Con una lucidez aplaudida en las redes sociales, concluyó que las quejas de censura vertidas por las estrellas de los formatos comerciales no son más que un berrinche ante la pérdida del monopolio de la opinión pública.
«Creo que cuando hay gente que se queja de que hay una censura, en realidad se están quejando de que personas con ideas contrarias a las suyas tengan un micrófono delante», sentenció de forma implacable. Con este movimiento, el rostro de RTVE no solo apuntala el perfil irreverente de su formato nocturno, sino que planta cara a la narrativa de los principales dinamitadores del ‘prime time’ privado, recordándoles que tener una concesión televisiva millonaria casa bastante mal con el papel de náufrago censurado.
