La aventura de Álex Ghita en las costas de Honduras ha terminado siendo un espejismo que apenas ha durado diez días. El que fuera presentado como uno de los grandes titanes físicos de Supervivientes 2026 ha regresado a España por la puerta de atrás, cosechando una de las críticas más feroces que se recuerdan en Mediaset. Joaquín Prat, conductor de El tiempo justo, no ha tenido reparos en calificar de «miserable» la actitud de un concursante que prometía ser el «robinson» definitivo y terminó rindiéndose antes de que el hambre hiciera mella real, marcando un hito negativo en la historia del formato.
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Una caída desde el pedestal del helicóptero

El aterrizaje de Álex Ghita en Madrid no ha sido, ni mucho menos, el que él imaginaba cuando se jactaba de su fortaleza física antes de partir. Su paso por Supervivientes 2026 ha sido un «visto y no visto» de apenas diez jornadas que ha dejado un sabor amargo tanto en la audiencia como en los profesionales de la cadena. El entrenador personal, conocido por esculpir los cuerpos de las celebridades más relevantes del país, cometió el pecado capital del reality: vender una victoria absoluta antes incluso de saltar del helicóptero.
Esa sobreexposición de confianza se volvió en su contra en cuanto el barro hondureño y la convivencia extrema llamaron a su puerta. La decepción ha sido de tal magnitud que Joaquín Prat, habitualmente comedido, ha liderado una corriente de opinión muy crítica en su programa. El presentador ha cuestionado incluso la necesidad de realizar el despliegue habitual en plató para recibir a alguien que, a su juicio, no ha honrado el espíritu de sacrificio que exige el programa.
La sentencia de Joaquín Prat: «Pocos tan miserables como él»
La reacción de Joaquín Prat ha destacado por una crudeza inusual. «Me hubiese ahorrado recibirlo en plató», sentenciaba el comunicador, visiblemente molesto por lo que considera una falta de respeto al formato. Prat no solo se quedó en la superficie del fracaso deportivo de Ghita, sino que analizó lo que, para él, fue una rendición psicológica injustificable tras solo semana y media de concurso.
El presentador fue tajante al desgranar la estrategia del exnovio de Adara Molinero: «No ha aguantado porque lo han echado. Le ha salido mal la estrategia de querer ser protagonista desde el minuto uno. Se ha pasado de frenada y, al verse en la otra playa, se ha rendido. Solo le ha faltado ponerse a llorar». Para Prat, Ghita representa la antítesis del superviviente, llegando a tildarlo como uno de los peores perfiles que han pasado por la isla: «Es uno de los peores concursantes de la historia de Supervivientes. Pocos tan miserables como él», zanjó sin ambages.
La audiencia y el «sambenito» del fraude

El veredicto de la calle no ha sido más benévolo que el de los despachos de Mediaset. En la primera nominación de la temporada, el público dictó sentencia de forma fulminante. Álex Ghita fue incapaz de movilizar el apoyo necesario para salvarse frente a perfiles, a priori, menos «físicos» como Toni Elías, Marisa Jara o José Manuel Soto. Esta derrota en las urnas digitales confirma que el espectador ha penalizado la arrogancia inicial frente a la falta de resistencia emocional posterior.

Incluso Ion Aramendi, encargado de recibir al expulsado en Madrid, trasladó el sentir general del público con una franqueza devastadora: «Muchos dicen que has sido una decepción; hay quienes incluso te llaman fraude». Esta etiqueta de «fraude» es la que ahora persigue al preparador físico en su regreso a la realidad, después de haber fallado en el reto de demostrar que los músculos trabajados en el gimnasio sirven de poco si no van acompañados de una estructura mental a prueba de precariedades.
El fin de una estrategia fallida

La salida de Ghita deja un vacío en la paleta de personajes de esta edición, pero también una lección para futuros aspirantes: la audiencia de Supervivientes suele perdonar la debilidad física, pero rara vez perdona la rendición prematura tras haber alardeado de invencibilidad. Joaquín Prat ha puesto voz a un sentimiento de estafa mediática que sobrevuela el plató de Mediaset, señalando que la rentabilidad de su fichaje ha sido nula.
Ghita tendrá ahora que enfrentarse al circuito televisivo de España, un terreno que, como se ha visto en las últimas horas, no perdona a quien presume en exceso y claudica a la primera de cambio. Su aventura terminó en el momento en que dejó de ser el protagonista absoluto y fue desplazado a otra playa, un giro que su ego no pudo soportar según la interpretación de los expertos de la casa.
