El actor cordobés ha protagonizado el momento más crudo de la temporada en Lo de Évole al confesar que su característica ronquera no es natural, sino el resultado de un esfuerzo físico por encajar en un canon de masculinidad ajeno. En una charla íntima con Jordi Évole en laSexta que se emitirá el próximo domingo, el intérprete ha desvelado cómo su rechazo a ser homosexual moldeó incluso su propia anatomía.
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Una máscara física para huir de su identidad

Más allá de los focos y el éxito, la entrevista en el programa de Atresmedia profundizó en las raíces psicológicas de un actor que vivió décadas bajo una presión invisible. Fernando Tejero admitió un detalle desgarrador sobre su identidad que dejó mudo al plató: «Yo tengo la voz grave de forzarla porque yo no quería ser homosexual». Esta confesión fue interpretada por el propio Évole como el verdadero «primer papel» de su carrera profesional, una máscara física construida deliberadamente para intentar encajar en un molde de masculinidad que le resultaba totalmente extraño.
Esta revelación arroja una luz nueva sobre la trayectoria de Tejero, sugiriendo que su interpretación más difícil no ocurrió ante las cámaras, sino en su vida cotidiana. Forzar su voz durante años para sonar «más hombre» ante una sociedad que percibía como hostil le dejó una secuela crónica que hoy es su seña de identidad, pero que nació del dolor y la negación de sí mismo.
El rechazo a mercantilizar su salida del armario
La conversación también abordó la ética de la privacidad en una industria que, en pleno auge de su fama tras Aquí no hay quien viva, intentó poner precio a su verdad. Tejero reveló que recibió ofertas astronómicas para protagonizar una exclusiva sobre su orientación sexual. «Me ofrecieron mucha pasta por salir del armario públicamente», confesó el actor, concretando que la cifra alcanzó los «150.000 pavos».
A pesar de la magnitud de la oferta, el intérprete se mantuvo firme en sus principios: «No acepté nunca, no quería hacer negocio con eso». Esta decisión subraya la integridad de un artista que se negó a que su intimidad se convirtiera en un producto de mercado, prefiriendo vivir su proceso de liberación de forma personal y sin contratos de por medio.
Éxito, ansiedad y el miedo a las represalias laborales
El actor también rememoró los claroscuros de su carrera, como la noche en la que ganó el Premio Goya, un hito que recuerda borroso por estar «de lexatines hasta el culo» debido a la ansiedad que le generaba la exposición pública. A sus 60 años, Tejero reflexiona sobre un pasado marcado por ser la «oveja negra» —o la «blanca», según su propia interpretación— de una familia con la que no tuvo cercanía en sus inicios.
Finalmente, Tejero y Évole analizaron la situación actual de la cultura en España, señalando que la falta de posicionamiento político o personal de muchos artistas se debe al temor real a perder oportunidades de trabajo. «Hay miedo a no trabajar», sentenció el actor, cerrando una entrevista que quedará para la historia de la televisión por su valentía al desmantelar, punto por punto, la construcción de su propia máscara.
