Carlos Corbacho, señalado como el hombre que durante años trasladó grandes cantidades de dinero en efectivo de Isabel Pantoja hasta Gibraltar, ha roto su silencio en ‘El Predio de… Cantora’ con un relato que pone cifras concretas a una de las sombras más persistentes del universo Pantoja.
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La calesa que valía más que un furgón blindado
La imagen resulta casi cinematográfica: una calesa tradicional, de las que evocan ferias y paseos señoriales, convertida en vehículo de transporte de fortunas en metálico. Así lo presentó el programa al introducir a Carlos Corbacho, a quien señaló como la persona que durante años se encargó de llevar el dinero de Isabel Pantoja hasta el Peñón. «En una calesa como esa que están viendo y en la que está él, se ha guardado más dinero que en algún furgón blindado», aseguró el presentador, una frase que condensa décadas de opacidad financiera en una sola estampa.
Corbacho no se anduvo con rodeos. Según su testimonio, los conciertos de la tonadillera se cobraban íntegramente en efectivo, y cuando las cifras se disparaban, la operación tomaba un rumbo muy concreto: cruzar la frontera con Gibraltar. «Se pagaban todos en efectivo, cuando había una cantidad elevada entrábamos a Gibraltar y se cambiaban en libras esterlinas. Se podía llevar 10, 15 millones de euros», afirmó sin titubeos ante las cámaras.
Una obsesión que se cuenta en billetes
Más allá de las cifras, Corbacho dibujó un retrato de la artista que trasciende lo meramente económico para adentrarse en lo casi obsesivo. Según su relato, Pantoja sentía una fijación visceral por el dinero en metálico, una querencia por tenerlo cerca, tangible, bajo su control directo. «Tiene una obsesión con el dinero, a ella le gusta el efectivo. Siempre ha tenido mucho metálico en casa. Todo ese efectivo se lo guarda ella», declaró Corbacho, trazando la imagen de una mujer que desconfiaba de cualquier intermediario que no fuera el papel moneda.
Durante su intervención, Corbacho también hizo referencia a un pasadizo secreto dentro de la finca donde, según su versión, se ocultaban cantidades de dinero. Los detalles de este relato resultaron confusos en algunos tramos, pero la idea central quedó clara: Cantora no solo era una residencia de lujo, sino también, presuntamente, una caja fuerte con forma de cortijo andaluz.
Kiko Rivera y la carrera por salvar los muebles
El testimonio de Corbacho no fue el único que alimentó la emisión. Begoña Gutiérrez del Amo, abogada que conoce de cerca los entresijos legales de la familia, aportó una lectura complementaria sobre los movimientos de Kiko Rivera en medio de este tablero financiero. Según Gutiérrez del Amo, entre madre e hijo no existía ningún acuerdo formal, lo que habría empujado al DJ a actuar en solitario para proteger sus intereses. «Kiko considera que él tiene que salvar, primeramente, su parte, que es lo mismo que hubiera hecho yo», reconoció la letrada con una franqueza que dejaba poco margen a la interpretación.
Gutiérrez del Amo también reveló que Pantoja habría intentado una operación similar con un empresario canario llamado Enrique Castilla, aunque sin el resultado esperado. Un movimiento fallido que, según la abogada, evidencia la urgencia con la que la tonadillera habría buscado soluciones a su situación patrimonial.
El peso de un testimonio en prime time
La aparición de Carlos Corbacho en ‘El Predio de… Cantora’ supone un antes y un después en el relato público sobre las finanzas de Isabel Pantoja. No se trata ya de rumores de pasillo ni de insinuaciones veladas en un plató: es un testigo directo, con nombre y apellido, poniendo cifras millonarias y describiendo rutas concretas ante las cámaras de televisión. Que esas palabras lleguen ahora, cuando la sombra de Cantora se alarga más que nunca sobre el legado Pantoja, no parece casual.
Gibraltar, la calesa, los millones en efectivo y un pasadizo secreto: los ingredientes de una novela que, sin embargo, lleva décadas escribiéndose en la vida real. Y cuyo último capítulo, a juzgar por lo escuchado esta noche, aún guarda páginas por desvelar.
