Boris Izaguirre ha entrado este lunes en Telecinco a decir en voz alta lo que llevaba una semana escribiéndose en redes con muchas menos ganas de decirlo así: que dos hombres se abracen no es una noticia. Lo ha hecho a cuenta de las imágenes de Ferran Torres y Marcos Llorente en Ibiza, y ha rematado con un recado que no iba dirigido a ellos.
Te recomendamos

Se estrena en los tribunales tres meses antes que en pantalla: Vox lleva a la Audiencia Nacional la licencia que el Consejo de Ministros concedió a La Séptima

Su mejor dato en meses y aun así segundos: Telecinco despide ‘¡De Viernes!’ hasta septiembre tras una noche en la que ‘La Voz Kids’ le sacó casi tres puntos

Del salto acrobático en un parque temático a hermano de ‘La más grande’: Carlos Bernardino será Amador Mohedano en la serie de Rocío Jurado de La 1

Un plató le pone nombre a la frase que Kiko Rivera dejó sin nombre: Pepe del Real señala a Irene Rosales como el «topo» al que se refiere el comunicado

«Es muy importante que dejemos claro que para nosotros no es ningún problema el roce entre dos personas del mismo sexo o entre dos varones, porque forma parte incluso de la cultura mediterránea tener ese tipo de aproximación y demostración de cariño», dijo. Y cerró así: «Y que al contrario que ellos, jugadores que han demostrado que prefieren los golpes y puñetazos antes que los roces y los goles, pues nosotros apostamos por el amor y el cariño».
El recado del final no era para los dos futbolistas
Conviene detenerse en esa segunda frase, porque cambia de destinatario a mitad de camino. El «ellos» de «prefieren los golpes y puñetazos antes que los roces y los goles» no señala a nadie por su nombre, y aquí no se le va a poner uno que él no haya dicho. Pero la comparación —puñetazos frente a goles— apunta a lo que ocurrió sobre el césped en la final del Mundial, no a lo que ocurre en una playa de Ibiza. Es un dardo deportivo colado dentro de un alegato sobre homofobia, y funciona precisamente por el contraste: unos dan puñetazos, otros se abrazan.
Lo que motivó la intervención, en cambio, sí tiene contornos precisos. Tras la conquista del Mundial el 19 de julio frente a Argentina y la celebración en Cibeles, los internacionales se repartieron por sus destinos de vacaciones, y varios de ellos coincidieron en Ibiza. Las imágenes de esos días empezaron a circular después, y con ellas llegó una avalancha de comentarios homófobos en redes. Hubo también respuestas en sentido contrario: el futbolista Borja Iglesias compartió el emoticono de la mano haciendo un corazón bajo una publicación que hablaba de los dos. Y una de esas publicaciones lo formuló con claridad: «Miles de personas en las redes sociales han decidido convertir una muestra de cariño entre dos hombres en motivo de burla, insulto y homofobia».
Una precisión sobre las fotos que casi nadie está haciendo
Y aquí hay un detalle material que conviene fijar, porque medio sector lo está contando mal y de ese error nace buena parte del relato. Se ha escrito una y otra vez que los abrazos fueron «en un yate». No es exacto. De todo el material que ha circulado de esas vacaciones **solo hay una imagen en una embarcación**, y en ella no aparece ningún gesto cariñoso: los dos están simplemente con una copa en la mano. Las fotografías que desataron la conversación —el abrazo, el brazo alrededor del cuello— están hechas en una cala, sobre una pasarela de madera, con las rocas detrás y otros bañistas al fondo, y con los dos empapados acabando de salir del agua.
Parece un matiz menor y no lo es. «Yate» aporta una escenografía de intimidad y de puertas cerradas que el material no tiene: lo que hay es una playa pública, a plena luz y con gente alrededor. Cambiar el decorado cambia la lectura, y la lectura es justamente lo que se ha estado discutiendo toda la semana. Ninguno de los dos jugadores ha dicho una palabra sobre las imágenes ni sobre lo que se ha escrito a partir de ellas, y no tienen por qué decirla.
La tercera pareja que le atribuyen en una semana
Para uno de ellos, además, esto no es un episodio aislado sino el tercero seguido. Aquí se contó ayer que a Ferran Torres le habían adjudicado tres parejas en siete días: primero Pedri, después Ana Mena —que tuvo que salir a aclarar que apenas le conoce— y ahora Marcos Llorente. El repaso de lo publicado en nuestras fuentes durante esos días dejó un dato que ordena bastante el asunto: de las más de treinta piezas aparecidas en la prensa española sobre esas vacaciones, ninguna tituló sobre un romance. Las únicas que lo enfocaron como rumor sentimental fueron extranjeras.
Esa es la distancia que la intervención de Izaguirre viene a marcar: entre lo que la prensa que conoce el vestuario leyó —cachondeo, celebración, abrazo de compañeros— y lo que se leyó fuera de ese código. Su mensaje, despojado del recado final, se resume en una idea que en 2026 todavía hay que explicar en horario de tarde: el afecto físico entre dos hombres no necesita traducción. Que haga falta decirlo en un plató, una semana después y con miles de mensajes de por medio, es la mejor prueba de que sí hacía falta decirlo.
