David Bisbal no piensa esconderse en su nuevo papel televisivo. El cantante almeriense, que se sentará como jurado en la primera edición estadounidense de Operación Triunfo, la bautizada como ‘OT USA‘, ha dejado claro con qué talante afronta el reto: quiere ser un juez cercano y emocional, en las antípodas del crítico temible que popularizó Risto Mejide. «Si quieren encontrar a un Risto, que lo encuentren, pero yo voy a ser el bueno», avisó en un vídeo difundido por el propio formato y recogido por La Razón y Cadena 100.
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Un jurado que reniega del bochorno televisivo

Que Bisbal iba a formar parte del jurado del desembarco americano de Operación Triunfo ya lo contamos cuando se anunció su fichaje. Lo que faltaba era saber con qué actitud pensaba ejercer, y el propio artista se ha encargado de despejar la duda sin rodeos. Frente a la escuela del veredicto hiriente que durante años ha marcado los Talent shows en España, el almeriense reivindica justo lo contrario: «Yo lo que busco es una voz que me emocione, que me haga sentir». Su vara de medir, insiste, no será el ego ni la humillación, sino el talento capaz de ponerle la piel de gallina.
El cantante llegó incluso a rebajarse a sí mismo para dejar clara su filosofía, en una frase que resume su enfoque: «Si un participante canta ‘Ave María’ mejor que yo, me muero de felicidad, te lo juro». La declaración, hecha ante las cámaras del formato, dibuja a un jurado que se coloca del lado del concursante y no en su contra, y que entiende su regreso al universo que lo lanzó a la fama como una oportunidad para devolver algo de lo mucho que Operación Triunfo le dio. No es un papel menor: será una de las caras visibles con las que la marca intentará conquistar al público estadounidense.
Una edición internacional que se graba en Colombia
La apuesta es ambiciosa. ‘OT USA’ es la primera adaptación estadounidense del formato de Gestmusic, se emitirá íntegramente en español en Telemundo y arrancará el 7 de julio en prime time, con una duración prevista de nueve semanas. Al frente de la presentación estará la actriz mexicana Natalia Téllez, y junto a Bisbal en la mesa del jurado se ha confirmado a la cantante Ximena Sariñana. Las grabaciones no se realizan en Estados Unidos, sino en los estudios de RCN televisión en Bogotá, un desembarco latinoamericano con el que la franquicia busca rentabilizar el enorme tirón de Operación Triunfo en toda la región.
La mecánica concreta de esta edición todavía no se ha detallado, aunque el esqueleto del concurso, con su academia, sus galas y sus nominaciones, es de sobra conocido por el público. Para Bisbal, el compromiso no está exento de sacrificio personal: encadenar casi tres meses de rodaje en Colombia le obligará a hacer encaje de bolillos con su gira y, sobre todo, a pasar largas temporadas lejos de sus hijos, un peaje que ha reconocido abiertamente. Aun así, el reclamo de volver a la casa que lo vio nacer artísticamente ha pesado más que cualquier inconveniente.
Amalia Martos, la madrileña de 18 años que se cuela en la gala 0

La edición guarda además un motivo extra de interés para el público español. Entre los veinte aspirantes que pelearán por un puesto en la academia figura Amalia Martos, una madrileña de 18 años que se convierte en la concursante más joven de la tanda. Lejos de ser una desconocida, Martos ya cuenta con experiencia ante las cámaras: ha trabajado como actriz en la serie de Disney+ Ayla y los Mirror y como bailarina en la película Voy a pasármelo bien. Ella misma se define, con una sinceridad desarmante, como «extrovertida, muy impulsiva y a veces un poco mandona».
El desembarco de Bisbal en el jurado tiene, para él, un evidente sabor a cierre de círculo. Hace ahora un cuarto de siglo, un jovencísimo almeriense se daba a conocer en la primera edición española de Operación Triunfo, donde quedó subcampeón por detrás de Rosa López antes de lanzar una carrera internacional que lo ha convertido en uno de los artistas latinos más reconocibles. Veinticinco años después, el que fuera alumno aventajado se sienta al otro lado de la mesa para juzgar a una nueva generación, con la promesa de hacerlo desde la emoción y no desde la cuchilla.
