La gran dama del periodismo televisivo español recibe el homenaje que su trayectoria merece. Rosa María Calaf, de 81 años, ha sido galardonada con el Premio Nacional de Televisión 2026, un reconocimiento que el Ministerio de Cultura concede dotado con 30.000 euros y que el jurado ha otorgado por unanimidad. La histórica corresponsal de TVE, una de las voces más respetadas de la profesión, es distinguida por «el legado de una figura pionera en el reporterismo televisivo».
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Un premio unánime a una pionera en un mundo de hombres
El fallo, decidido este miércoles, subraya el papel de Rosa María Calaf como la corresponsal más veterana de RTVE, alguien que formó parte de los servicios informativos «en un tiempo en que las mujeres tenían una representación anecdótica en el periodismo». Su nombre se convierte así en sinónimo de esfuerzo y talento en una época en la que abrirse camino como reportera internacional era una auténtica excepción.
El galardón, según el jurado, premia «una trayectoria ejemplo de periodismo riguroso», con «una especial destreza para explicar la complejidad con claridad». Más allá de la estatuilla, el reconocimiento pone en valor a una profesional que ha hecho de la honestidad y del trabajo minucioso su seña de identidad a lo largo de más de cuatro décadas de oficio.
La reportera que narró el mundo, de Moscú a Pekín

Si algo distingue a Calaf es la amplitud de su mirada. A lo largo de su carrera ocupó las corresponsalías de los principales centros políticos del planeta: Nueva York, Moscú, Buenos Aires, Roma, Viena, Hong Kong y Pekín. Fue precisamente en 1987 cuando abrió la corresponsalía de Moscú para cubrir la extinta Unión Soviética, un destino clave que la situó en el epicentro de la historia. Ese recorrido, sin parangón dentro de TVE, la ha convertido, en palabras del jurado, en «un referente indispensable de la profesión».
Pero su aportación va más allá de los kilómetros recorridos. El jurado destaca que Rosa María Calaf «comprendió el enorme poder de la imagen como herramienta para enriquecer el relato periodístico» e impulsó nuevas formas de crónica televisiva, con una mirada adelantada a su tiempo que la llevó a abordar asuntos entonces considerados tabú, como la homosexualidad. Con la misma naturalidad con la que entrevistaba a los grandes líderes mundiales, se calzaba las botas para hacer reportaje a pie de calle, sin perder nunca el pulso de la gente corriente.
Del equipo fundador de TV3 a maestra de las nuevas generaciones
La huella de Calaf también quedó marcada en los orígenes de la televisión autonómica. Formó parte del equipo fundador de TV3 y asumió su dirección de programación en 1983, en otro ejemplo más de su capacidad para estar siempre en primera línea de los grandes hitos del medio. El jurado resume su aportación con una frase reveladora: derribó prejuicios y «modernizó la narración periodística con su creatividad y osadía».
Lejos de considerar cerrada su etapa tras la jubilación, la periodista mantiene intacto su compromiso con el oficio y dedica buena parte de su tiempo a la formación de las nuevas generaciones de informadores, participando en actividades de divulgación sobre televisión y periodismo. El Premio Nacional de Televisión 2026 llega así no como un punto final, sino como el aplauso unánime a una figura que sigue siendo faro y referencia para quienes sueñan con contar el mundo con rigor y valentía.
