La trayectoria de Mario Casas no se explica sin la disciplina y la soledad de aquel adolescente que, en lugar de patear un balón en Badalona, tomaba un autobús para perderse en la oscuridad de una sala de cine. Hoy, esa obsesión temprana por el séptimo arte cristaliza en su papel más físico y complejo hasta la fecha: el de un agente del CNI en la película ‘Zeta‘.
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El refugio solitario de un futuro ganador del Goya

Antes de ser el rostro más cotizado de nuestra industria, Mario Casas era un joven que encontraba en las películas su «refugio y su obsesión». Criado en la periferia de Barcelona, el actor recuerda con nostalgia cómo se desmarcaba de los intereses de su generación. «Yo con 13 o 14 años, mientras mis colegas jugaban al fútbol, cogía el autobús del centro comercial para ir al cine solo», confiesa al recordar una infancia marcada por la fascinación hacia el cine comercial de Spielberg y los videoclubs.
Esta raíz atípica es, según el propio actor, la que explica su ambición actual por registros cada vez más arriesgados, una búsqueda de identidad interpretativa que ya le valió el reconocimiento de la Academia con un Goya por No matarás.
‘Zeta’: El salto al espionaje de alto nivel

En esta nueva etapa profesional, Mario Casas se sumerge en el hermético y peligroso universo de la inteligencia española bajo la dirección de Dani de la Torre. En el largometraje Zeta, el actor da vida a un agente secreto que debe enfrentarse a una crisis internacional sin precedentes tras el asesinato simultáneo de cuatro exoficiales del CNI en diferentes embajadas alrededor del globo. La trama central de la cinta vincula estos crímenes con la denominada «Operación Ciénaga», una misión de alto secreto llevada a cabo en Colombia hace ya 35 años.

Fiel a su perfeccionismo, el ganador del Goya no ha dejado ningún detalle al azar para lograr una interpretación verosímil y profunda. Para prepararse, Casas visitó personalmente las instalaciones del Centro Nacional de Inteligencia con el objetivo de empaparse del entorno de trabajo real y se sometió a un intenso entrenamiento de varias semanas centrado en el manejo de armas y movimientos tácticos. Además, tuvo la oportunidad de conversar con un espía en activo, quien le reveló el complejo impacto psicológico que supone mantener una doble vida oculta incluso ante su propia familia, un testimonio que el actor ha utilizado para dotar de humanidad y realismo a su personaje.
Un reparto de lujo para un género por explotar

Casas no está solo en este desafío. Le acompañan el siempre imponente Luis Zahera y Mariela Garriga, formando un equipo que pretende demostrar que en España se puede hacer cine de espías al nivel de la saga Bourne o James Bond. «Parece que nos da vergüenza, pero Dani ha demostrado que es capaz de hacerlo», asegura el actor sobre esta apuesta de Prime Video.

A sus 39 años, aquel niño que iba solo al cine ha conseguido no solo protagonizar las historias que antes alquilaba en el videoclub, sino también dirigirlas, como demostró con su debut tras las cámaras en Mi soledad tiene alas. Con Zeta, Mario Casas confirma que su ambición no tiene techo y que su refugio adolescente se ha convertido en su reino profesional.
