El esgrimista rompe su silencio en El Tiempo Justo para explicar la cruda realidad detrás de su sonada ausencia en la celebración de Jeimy Báez. Entre procesos judiciales y pruebas de paternidad, Yulen Pereira denuncia que el pequeño aún no lleva su apellido y que la situación legal le impide formar parte de la vida del menor.
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La fractura entre Jeimy Báez y Yulen Pereira ha alcanzado un punto de no retorno tras el bautizo del hijo que tienen en común, nacido en septiembre de 2025. Lo que debería haber sido un evento de unión familiar se ha convertido en el detonante de una guerra pública sin precedentes. Este pasado fin de semana, la que fuera pareja de Carlo Costanzia compartía en sus redes sociales las imágenes de una ceremonia privada a la que no solo faltó el padre, sino que tampoco fue invitada ninguna persona del entorno del deportista. Ante el revuelo generado por estas imágenes, Pereira ha decidido dar un paso al frente en el plató de El tiempo justo para arrojar luz sobre un conflicto que va mucho más allá de una simple mala relación.
El capitán del equipo nacional de espada ha sido demoledor al explicar los motivos de su ausencia. Según sus declaraciones, el problema no fue su reciente competición en Budapest, sino un vacío legal que le impide ejercer sus funciones paternales. «Hay temas muy importantes respecto a mi hijo que no se han regularizado, que no se han tomado en cuenta y que para mí son la base de todo esto», ha expresado con firmeza el deportista, señalando directamente a la falta de reconocimiento oficial de su paternidad en el registro.
Un laberinto judicial: sin apellidos y sin voz
La revelación más impactante de Yulen ha sido confirmar que el pequeño, tras ocho meses de vida, todavía no lleva el apellido Pereira. Esta irregularidad administrativa es la que ha motivado su decisión de no participar en actos como el bautizo. «Llevo casi ocho meses detrás de que se regularice la situación de mi hijo», confesó el esgrimista, subrayando que legalmente no figura como el padre y, por tanto, carece de cualquier potestad para tomar decisiones sobre la crianza o la educación religiosa del menor.
En este contexto, Pereira ha dejado claro que se encuentran inmersos en un proceso judicial complejo en el que él mismo ha solicitado formalmente el reconocimiento de su apellido. «Estamos en medio de un proceso judicial, en el cual yo he buscado poner el apellido; no se está jugando a nada», afirmó tajantemente, desmintiendo así las acusaciones de falta de compromiso. Para el deportista, el bautizo era un paso precipitado mientras no se establecieran las bases legales de sus derechos y deberes hacia el pequeño.
Cruce de acusaciones: entre la duda y la mentira
La intervención televisiva no ha estado exenta de réplicas inmediatas. Mientras Yulen defendía su postura, Jeimy Báez hacía llegar mensajes a los colaboradores del programa, como Leticia Requejo, tachando de «mentiras» los argumentos del esgrimista. La modelo insiste en que las dudas que Yulen ha manifestado anteriormente sobre su paternidad —llegando a solicitarse una prueba de ADN— son la verdadera causa de la distancia y de que el proceso no avance con normalidad.
Por su parte, Yulen Pereira se ha mantenido fiel a su discurso, asegurando que su único objetivo es formar parte activa de la vida de su hijo bajo el amparo de la ley. «Cuando me habla de cosas, le respondo siempre lo mismo, que quiero formar parte de la vida del niño», zanjó el atleta. La interpretación mediática es evidente: la reconciliación parece imposible mientras la identidad legal del niño siga siendo objeto de debate en los juzgados, dejando a una familia paterna deseosa de conocer al pequeño en una situación de espera indefinida.
