En las imágenes difundidas de estas vacaciones, tal y como las describe El Español, hay dos personas paradas en la calle saludando a quien se les acerca. Ella, con vaqueros, camisa blanca y un bolso playero azul y blanco al hombro. Él, con la camisa desabrochada y también vaqueros. Detrás, un rótulo rojo y una pancarta con el retrato de Napoleón Bonaparte coronado de laurel. La estampa sería la de cualquier matrimonio veraneando en Córcega si no fuera por un detalle que casi nadie está contando: no es solo él quien tiene un problema judicial. Ella también.
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Nicolas Sarkozy, de 71 años, está en libertad bajo control judicial y espera para el 30 de noviembre la sentencia de apelación que puede devolverle a prisión. Pero Carla Bruni, de 58, arrastra desde el pasado diciembre una petición de la Fiscalía francesa para ser enviada a juicio, no por la financiación libia en sí, sino por unas presuntas presiones a un testigo de aquel caso. Eso es lo que convierte estas fotos en algo más que unas vacaciones de lujo: es un matrimonio en el que los dos están señalados, cada uno por una pieza distinta del mismo asunto, paseando por la isla mientras el reloj corre.
Lo que casi nadie cuenta: ella también está en la petición de juicio
El 16 de diciembre de 2025, la Fiscalía Nacional Financiera anunció que solicitaba enviar a juicio al expresidente y a su mujer, entre otros, por presuntas presiones a un testigo clave del caso de la financiación libia. Según el comunicado de la propia Fiscalía, el cargo que se les atribuye a ambos es el de una presunta asociación ilícita con el fin de cometer un delito de estafa en banda organizada; en el caso de él, siempre según ese mismo comunicado, se añade otro de presunto soborno de testigos. Ninguno de los dos ha sido juzgado ni condenado por estos hechos. Junto al matrimonio, la Fiscalía pidió también juicio para la periodista del corazón Michèle Marchand, conocida como ‘Mimi’, amiga personal del exmandatario y una de las principales donantes de su partido. Conviene precisar el estado de ese trámite, porque no es lo mismo una cosa que otra: lo que hay es una petición de la Fiscalía, es decir, la solicitud de que un juez acuerde abrir juicio. Siete meses después, en la hemeroteca consultada para esta pieza no aparece ninguna información posterior sobre esa solicitud, ni de que se haya acordado el juicio ni de que se haya archivado.
El testigo en cuestión se llamaba Ziad Takieddine, un intermediario francolibanés que había declarado ante los jueces haber entregado en persona cinco millones de euros en efectivo procedentes del régimen de Muamar el Gadafi entre finales de 2006 y principios de 2007. Después se desdijo en una entrevista grabada en Beirut en noviembre de 2020 y emitida por BFMTV y Paris Match. Ese cambio de versión es lo que la investigación atribuye a Sarkozy y su entorno. Takieddine ya no puede aclarar nada: falleció en Beirut el 23 de septiembre de 2025.
Veinte días en La Santé, un libro y una lista larga de causas

La cronología ayuda. El 25 de septiembre de 2025, Sarkozy fue condenado en primera instancia a cinco años de cárcel por asociación ilícita en la causa de la financiación libia de su campaña de 2007. El 21 de octubre ingresó en la prisión de La Santé, en régimen de aislamiento y con dos escoltas permanentes. Salió a los pocos días —las fuentes consultadas oscilan entre veinte y veintiuno, y entre el 10 y el 11 de noviembre— cuando el Tribunal de Apelación de París acordó su puesta en libertad bajo control judicial. Volvió escoltado por coches y motocicletas a su mansión de Villa Montmorency, en el distrito XVI de París.
Ese régimen tiene condiciones concretas, y son las que explican dónde puede estar: según la Fiscalía, no puede salir de Francia y tiene prohibido contactar con el ministro de Justicia, que le visitó en la cárcel y desató una tormenta por ello. Córcega es territorio francés. Lo que describen las fuentes consultadas es, por tanto, un veraneo dentro de los límites que le fijó el tribunal. Y la lista de causas es más larga de lo que suele resumirse: ya tiene firme medio año de cárcel por la trama de facturas falsas de su campaña de 2012, un año más exento de cumplimiento por las escuchas para obtener información de un magistrado, y aparece además en denuncias sobre la posible corrupción en la adjudicación del Mundial de Catar 2022 y en una investigación por presunto tráfico de influencias con un grupo de presión ruso en 2020. El 10 de diciembre publicó un libro de más de doscientas páginas sobre su paso por la cárcel, El diario de un prisionero, en el que dedica un espacio destacado al papel de su mujer.
El año que ella ha tenido, contado por ella misma

A todo lo anterior hay que sumarle algo que ella hizo público por su cuenta y que da otra dimensión a la foto del paseo. El 20 de diciembre de 2025, Carla Bruni anunció en Instagram que terminaba cinco años de hormonoterapia tras haber sido diagnosticada a finales de 2019 de un cáncer de mama. «Cirugía, radioterapia, hormonoterapia: es el camino que tenemos que recorrer para curar este tipo de cáncer», escribió. Y no ocultó el precio: «A pesar de sus efectos secundarios bastante agresivos, estoy agradecida a la ciencia por haber inventado la hormonoterapia: protege de forma eficaz de la recaída, que es frecuente en los años que siguen al diagnóstico».
Aprovechó además para dirigirse a otras mujeres en su situación con dos mensajes muy concretos. El primero, de aguante: «Por supuesto, la hormonoterapia es un tratamiento bastante pesado, pero su eficacia puede salvarles la vida». El segundo, de prevención: «Quiero decir una vez más a todas las mujeres que lean esta publicación que no duden en hacerse sus pruebas de detección cada año, si es posible». Cerró agradeciendo al equipo médico su «competencia y humanidad». Esa fue su semana de diciembre: el lunes 16, la Fiscalía pidiendo enviarla a juicio; el sábado 20, el final de cinco años de tratamiento.
Una tregua con fecha marcada

Con ese historial detrás, las vacaciones corsas se leen distinto. No es la primera vez que la pareja escoge la Isla de la Belleza: especialmente comentadas fueron las de 2015, cuando alquilaron una villa de lujo que chocaba con la discreción a la que Sarkozy tenía acostumbrado a todo el mundo. Aquella vez les acompañaba su hija Giulia, que hoy tiene 14 años y esta vez ha preferido quedarse para seguir con la hípica, su gran afición, y con su yegua, Valentine du Delta. Es la misma hija a la que la cantante aludió el pasado junio cuando confesó su adicción y contó el pacto que mantiene con ella para alejarse del alcohol. El rótulo rojo que se ve al fondo de las imágenes es el de Le Bilboq —popularmente Le Bilboquet—, uno de los establecimientos más codiciados de la costa corsa.

Y ahí está el contraste que sostiene la historia: un expresidente que ha pasado por la cárcel, con dos condenas ya firmes y un brazalete electrónico en el horizonte, saludando relajado a la puerta de un restaurante caro; y a su lado una mujer que cerró en diciembre cinco años de tratamiento oncológico y que sigue esperando saber si se sienta en el banquillo. La tregua tiene fecha: el 30 de noviembre, cuando el Tribunal de Apelación dicte sentencia en el caso libio. De ese día depende que Sarkozy vuelva a prisión para cumplir la condena entera. Cuatro meses. Justo el tiempo que dura un verano largo.
