Lleva años siendo uno de los personajes más comentados de la televisión española, y siempre desde un plató. Ahora Paula Vázquez, que la tuvo delante durante meses lejos de los focos, cuenta cómo es Rocío Carrasco cuando no hay micrófonos: «Vieron la niña que todavía hay dentro de esa mujer hecha y derecha».
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«Rocío fue súper generosa»: lo que vio quien la tuvo cerca

La presentadora habló de ella al recordar la primera edición de Hasta el fin del mundo, el formato de TVE en el que compitió junto a Anabel Dueñas recorriendo Sudamérica durante meses. Aquella experiencia, con las condiciones que impone el programa, la puso en una situación que no se parece en nada a la de un plató: sin dinero, sin comodidades y compitiendo a diario. Y al ser preguntada por ella, la conductora arrancó con una valoración que va justo en dirección contraria a la imagen que se ha construido a su alrededor durante años: «Rocío fue súper generosa».
Ella misma matizó, con una honestidad que da valor al testimonio, que quienes de verdad convivieron con las parejas no fueron los presentadores sino el equipo: «Quizá lo viven más los redactores y los operadores de cámara que viajan con ellos. Yo les veo cada cinco días cuando llegan a la meta, y aunque estoy informada de todo lo que les pasa, coincidimos poco». Es decir, no vende una intimidad que no tuvo. Pero sí conocía de antes a la protagonista, y eso es lo que le permite hablar de un contraste que pocos han podido comprobar en persona.
La imagen de plató frente a la de verdad

Ahí llegó la frase que resume todo lo demás: «Quienes la conocíamos sabíamos esa versión y cómo es ella por dentro. Y yo me alegro de que en el formato la gente la conociese de verdad, fuera de un plató, y que viesen la niña que todavía hay dentro de esa mujer hecha y derecha». La distinción que establece es tan precisa como demoledora para el relato construido en los últimos años: una cosa es el personaje que se ve sentado en un set, y otra la persona.
Y lo dice alguien que no es sospechosa de arrimar el ascua a nadie, porque no la ha defendido en ningún debate ni ha participado en la conversación televisiva que ha rodeado a la protagonista. Su testimonio se apoya en algo distinto: haberla visto en un contexto en el que no cabe la pose, con dos meses de viaje, sin dinero, durmiendo mal y compitiendo. Cuando alguien lleva tanto tiempo siendo materia de tertulia, un retrato así —hecho por quien ha estado delante y sin nada que ganar— pesa más que cualquier entrevista pactada.
Por qué ese formato saca lo que un plató esconde

La explicación que da la presentadora sobre por qué allí se ve a la gente como es tiene poco de misterio y mucho de agotamiento físico. «Sé lo duro que es este formato. Sé que en casa se ve una aventura que es muy chula, pero vivirla en primera persona cuando duermes mal, comes mal y vas al baño mal, te aseguro que el viaje deja de ser tan guay», advierte, antes de añadir la condición que lo remata: «Y no tienes dinero, efectivamente».
De ahí que espere exactamente el mismo efecto con los concursantes de la nueva entrega, que ya está rodándose: «Me parece que en ellas y en ellos nos va a pasar lo mismo. Vamos a conocer facetas que hasta ahora delante de las cámaras, con micrófonos, no han transmitido. Porque al final uno procura ser muy correcto constantemente. Y en este sitio les vamos a ver en primera persona luchando por sobrevivir». Es, en el fondo, una tesis sobre la televisión: que el plató fabrica corrección y personaje, y que solo el cansancio extremo devuelve a la persona. Su consejo para quienes empiezan ahora va en la misma línea: «Que lo disfruten mucho y que no se creen expectativas, porque de esa manera es la forma en la que todo les va a sorprender».
