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Corazón

Seis días señalando a un inocente para acabar admitiendo que las fotos las mandó Carmen Borrego con permiso de las dos

Pedro Serrano González
7 min 15
las campos

Seis días señalando a un hombre por toda la parrilla. Seis días de indignación, de manos a la cabeza y de anuncios de acciones legales. Y este lunes, en De lunes a viernes, resulta que las fotos de la casa las mandó Carmen Borrego. Lo dice su propia hermana. Que cada cual saque sus conclusiones sobre a quién se ha estado tomando el pelo aquí.

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Lo que Terelu ha soltado hoy, sin que le temblara la voz

Conviene transcribirlo despacio, porque tiene delito. Terelu Campos, preguntada en directo por quién envió unas fotografías del ático de Málaga al hombre al que su familia lleva una semana crucificando, empezó por el clásico escurrir el bulto —«no quiero decir quién las envía»— para acabar soltándolo dos segundos después: «Las envía Carmen». Y añadió el matiz que remata la faena: aquel hombre recibió esas imágenes «con la autorización de las propietarias de la casa», es decir, de las dos. De Carmen y de ella. Con permiso. Nadie robó nada.

A partir de ahí, la defensa se sostiene sobre un alfiler: que las fotos que él recibió no son exactamente las que acabaron publicadas en el portal inmobiliario. Puede ser. Pero esa precisión, que en un juzgado quizá valga algo, en el plató no arregla nada, porque destruye por completo el relato con el que llevan una semana alimentando a la audiencia. Aquel «¿quién ha podido poner esto? No ha sido ni mi hermana ni yo» con el que arrancó todo, aquel espanto interpretado en directo, aquella víctima de un desconocido sin escrúpulos, se convierte hoy en algo mucho más prosaico: una gestión familiar que se les fue de las manos y que decidieron facturar como escándalo.

La pregunta que Carmen Borrego tiene que contestar, y no va a contestar

Aquí está el fondo del asunto, y es de una gravedad que ninguna sobremesa debería dejar pasar. Terelu reconoció este lunes que ella no supo nada de aquel envío hasta el fin de semana. Repítanlo despacio: hasta el fin de semana. Es decir, que durante días enteros su hermana vio cómo la señalaban, cómo se la ponía en duda en su propio programa y en ‘¡De Viernes!’, cómo se especulaba con su credibilidad delante de toda España, y no descolgó el teléfono para decirle una frase de nueve palabras: «Oye, las fotos se las mandé yo, con permiso».

Que alguien explique eso. Porque solo caben dos lecturas y ninguna deja bien a nadie. O bien Carmen Borrego no fue capaz de calibrar que el dato que ella tenía guardado desactivaba la bomba que le estaba estallando a su hermana en la cara —y entonces hablamos de una torpeza monumental—, o bien lo calibró perfectamente y aun así calló, y entonces hablamos de otra cosa. La propia Terelu dejó caer el reproche con esa media sonrisa suya de cuchillo: «Me hubiera gustado saberlo antes, porque lo hubiera llamado». Traducido: mi hermana me ha dejado tirada seis días. Y cuando le insistieron, la respuesta fue de manual: «Eso se lo preguntas a Carmen». Ni una defensa. Ni un «seguro que tuvo sus motivos». Nada.

Seis días, cinco versiones y un hombre en medio

Pongamos la cronología en fila, porque el desmoronamiento es de manual y está todo en directo, grabado, sin necesidad de fuentes anónimas. Miércoles 15: aparece el anuncio del ático de Pedregalejo por 1.525.000 euros y Terelu jura que ni ella ni su hermana tienen nada que ver, mientras anuncian que se están «asesorando legalmente». Viernes 17: Ángela Portero revienta la coartada en ese mismo plató al asegurar que las fotos se hicieron con Terelu y Alejandra Rubio dentro de la casa, y apunta un motivo nada romántico: que les habían reventado una exclusiva que pensaban cobrar. Ese mismo viernes, José María Almoguera se sienta en ‘¡De Viernes!’, niega que haya venta inminente, sostiene que las fotos se hicieron sin permiso y anuncia acciones legales. Terelu se levanta y abandona el plató.

Sábado 18: Makoke se sienta en Fiesta y deja caer que el señalado, Nacho Picatoste, es familiar suyo, que lleva toda la vida en el negocio inmobiliario y que lo está pasando muy mal con lo que se está diciendo de él. Lunes 21: Terelu admite que las fotos las mandó Carmen con autorización de ambas. Cinco versiones en seis días, cada una desmintiendo a la anterior, y todas ellas emitidas con el mismo gesto de dignidad ofendida. Mientras tanto, un profesional con nombre y apellidos ha estado paseándose por los informativos del corazón convertido en el villano de un culebrón que, según la propia protagonista, empezó con una autorización suya.

Las acciones legales que se han ido evaporando

Y llegamos a la parte más elocuente, la que explica por qué esto no acabará en ningún juzgado. Recuerden el tono del primer día: asesoramiento legal, medidas, acciones. Aquello sonaba a demanda inminente. Hoy, en cambio, el asunto ya no va de tribunales sino de aclarar matices sobre qué fotos son unas y cuáles otras. ¿Qué ha cambiado por el camino? Que ha aparecido el parentesco. La propia Terelu lo soltó este lunes al pasar, como quien comenta el tiempo: el hombre al que llevaban una semana señalando es «el marido de su prima hermana».

O sea, que el desconocido sin escrúpulos que había robado unas fotos de la intimidad familiar resulta ser familia. Y que las imágenes se las mandaron ellas. Y que hay permiso de por medio. Y aun así se dejó correr durante seis días un relato que ponía a ese hombre en la picota. Si alguien encuentra en esa secuencia una sola decisión defendible, que la exponga. Porque lo que queda a la vista es que la indignación duró exactamente lo que duró la posibilidad de que resultara rentable, y que se desactivó en cuanto quedó claro que llevarla hasta el final significaba sentar en el banquillo a alguien de la propia familia.

Al público se le puede engañar una vez

Lo que más irrita de todo esto no es el lío, que a fin de cuentas es un lío de familia sobre un piso. Es la displicencia. Es la certeza, evidente en cada plató, de que da igual lo que se cuente el miércoles porque el viernes se puede contar lo contrario sin pagar peaje alguno. Es tratar a quien está al otro lado de la pantalla como si tuviera la memoria de un pez, incapaz de recordar lo que se dijo hace setenta y dos horas. Y esto no es un desliz aislado: es un método, repetido durante años, en el que cada conflicto familiar se convierte en material de sobremesa, se estira todo lo que dé de sí y se corrige sobre la marcha cuando la realidad no acompaña.

Que conste que aquí nadie pide un mea culpa televisado, que además sería otra escena más. Basta con algo mucho más barato: dejar de vender indignación cuando lo que hay es un descuido propio. Porque el saldo de esta semana es demoledor: un hombre señalado públicamente por algo que, según se ha acabado sabiendo, hizo con autorización; una hermana que dejó a la otra a los pies de los caballos durante seis días pudiendo evitarlo con una llamada; y una audiencia a la que se le ha pedido que se indigne cinco veces seguidas con cinco relatos incompatibles entre sí. Se puede seguir haciendo televisión así, claro. Lo que ya no se puede es pretender que nadie se dé cuenta.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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