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Corazón

María Iborra revela el crudo preludio del final de Verónica Forqué

Pedro Serrano González
5 min 365
Verónica Forqué sonríe ante las cámaras en un acto público, años antes de su fallecimiento

La artista María Iborra rompe su silencio en un libro memorialista donde relata el declive de su madre, Verónica Forqué, tras su polémico paso por MasterChef Celebrity. Una confesión valiente que recorre el dolor, la culpa y el oscuro impacto que las críticas de los espectadores tuvieron en la salud mental de la gran dama del Cine Español.

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La sombra de una sonrisa incombustible

La historia del cine y la televisión en España tiene capítulos que se escriben con luces de neón y otros que, lamentablemente, se cierran en la penumbra de un baño en un piso de Pozuelo de Alarcón. El 13 de diciembre de 2021, el país se despertaba con la noticia de que Verónica Forqué, la mujer de la eterna sonrisa y la voz quebrada, había decidido marcharse para siempre. Fue Menuka, la mujer de confianza que cuidaba de ella, quien se encontró con el terrible hallazgo: la actriz se había suicidado colgándose de un radiador con un pañuelo. Ahora, años después, su hija María Iborra ha decidido que es el momento de poner palabras al silencio a través del libro ‘No soy Verónica Forqué’, una obra donde se materializan las memorias que la actriz nunca pudo terminar y cuyo contenido ha sido adelantado por el diario ABC.

Las grietas invisibles de una salud mermada

Para entender el final, hay que mirar hacia atrás, hacia los cimientos que empezaron a agrietarse mucho antes de las cámaras de televisión. La salud mental de Verónica no fue un problema repentino; sufrió su primera gran depresión a los 59 años. Aunque en aquel momento la medicación y el sostén de su marido, Manuel Iborra, sirvieron de red de seguridad, la vida le tenía preparados golpes que socavarían su resistencia emocional. La muerte de su hermano Álvaro fue un punto de inflexión. Verónica se refugió en el trabajo y en un hábito que compartía con él: fumar marihuana, una forma, según explicaba a los suyos, de «sentirse cerca de él». Sin embargo, según relata su hija, «esa obligación de no rendirse jamás, de ver siempre el lado positivo de las cosas, acabó pasándole factura».

El confinamiento y el estallido de las señales de alarma

La pandemia de 2020 fue el escenario de las primeras señales de alarma que solo su círculo íntimo pudo detectar. Durante el confinamiento, María observó comportamientos que se alejaban de la normalidad: un trastorno alimentario incipiente y una necesidad compulsiva de comprar objetos que llegaban a casa de dos en dos. La vuelta a los escenarios con la obra ‘Las cosas que sé que son verdad’ solo confirmó que algo se había roto por dentro. La actriz comenzó a aislarse, a sentir que el exterior era una amenaza y a mostrarse profundamente agotada de su propia imagen pública. Su hija es clara al respecto: «Estaba harta de Verónica Forqué. Superharta». Fue entonces cuando tomó la decisión que, a la postre, resultaría fatal: abandonar el teatro para embarcarse en la aventura de MasterChef Celebrity.

MasterChef Celebrity y el abismo de la opinión pública

El paso por el talent de cocina fue, en palabras de su hija, el «golpe final». Aunque la experiencia de grabación fue extenuante pero positiva, lo que vino después, la emisión y la reacción del público, fue lo que terminó por destruirla. El odio desmedido en las redes sociales la sumió en un estado casi vegetal, convirtiéndola en una sombra de sí misma que no encontraba motivos para levantarse de la cama. María relata con una honestidad desgarradora cómo su madre empezó a prepararla para el final con frases que hoy resuenan con un peso insoportable: «Yo estoy fatal, solo estoy estorbando; si me quito de en medio es mejor para todos, también para ti».

El ritual del adiós y la última llamada

La mañana del fatídico lunes, Verónica Forqué realizó un gesto que su hija describe con extrema crudeza como un «casting de pañuelos». La actriz sacó todos sus pañuelos y los extendió sobre la cama, evaluando cuál de ellos sería el más adecuado para su propósito. María se despidió de ella con un beso sin saber que sería la última vez que la vería con vida. Horas después, Menuka la llamaba al teléfono para darle la noticia que nunca habría querido recibir: «María, your mother… She is hanging, she is hanging…». La actriz se había quitado la vida frente a un espejo, utilizando un pañuelo de seda gris azulado con flores que nunca fue devuelto a la familia.

El peso de la ausencia y el perdón necesario

Tras la muerte llegaron las preguntas y el dolor de los que se quedaron. Manuel Iborra, completamente roto, le dijo a su hija que nada de eso habría pasado si no se hubiera ido de casa, sintiendo que el «dique» que la protegía se había roto tras su separación. Sin embargo, María Iborra cierra este relato con una reivindicación del legado de su madre y una reflexión sobre la inutilidad de buscar culpables. Asegura que la trayectoria de décadas de la actriz fue más poderosa que el deseo de autodestrucción que la invadió al final. «La Verónica Forqué que te habías labrado durante décadas era mucho más poderosa que la Verónica Forqué que quiso destruir a Verónica Forqué. No lo conseguiste, mami, me alegro de poder decir que no lo conseguiste», concluye en su libro.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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