La boda del año empieza a tener cara B, y no la está escribiendo nadie que dé la cara. Nueve días después de que Taylor Swift y Travis Kelce se casaran en el Madison Square Garden, el Daily Mail ha publicado el testimonio de varios asistentes —todos ellos anónimos— que desmontan el relato de cuento de hadas: hablan de un séquito de amigas que custodiaba a la novia como si fueran sus «minions», de una rifa de regalos de lujo que dejó a los invitados «descolocados» y de un banquete que, dicen, «parecía un acto de networking». El problema, y no es menor, es que ya hay una invitada dispuesta a poner su nombre y su apellido para desmentirlo.
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La rifa que, según los anónimos, «mató el ambiente»
Conviene separar el grano de la paja, porque en esta historia hay un hecho incontestable y una interpretación muy discutida. El hecho es que la rifa existió, y de eso no cabe duda alguna: los novios montaron atracciones de feria en el mítico recinto neoyorquino —skee-ball, minigolf, un juego de aros de temática futbolística y una máquina de pinball— con las que los invitados ganaban papeletas para un sorteo de premios de auténtico escándalo. Se repartieron relojes de Cartier, bolsos de Chanel y Dior y, como plato fuerte, un Chevrolet Chevelle de 1970, el mismo modelo en el que la pareja viajó junta en su primera cita, con una matrícula personalizada que rezaba «JUST&T MRD». Que no es un rumor lo demuestran las propias ganadoras: Jackie Tranquill, esposa del jugador de los Kansas City Chiefs Drue Tranquill, enseñó en sus redes el bolso Chanel negro que se llevó, valorado en unos 6.400 dólares, con la papeleta premiada en la mano.
Lo nuevo, y lo que ha reventado la conversación este domingo, es el veredicto de los invitados. Uno de ellos, sin identificar, lo despacha así en el tabloide británico: «Fue realmente extraño. Justo después de la ceremonia, Taylor y Travis hicieron una rifa y estuvieron una hora repartiendo regalos caros. Todo el mundo se quedó descolocado». Y va más lejos, en la cita que resume el reproche: «Fue un circo, un meet and greet. Todos pensábamos: ¿por qué nos regalan bolsos de Chanel como si fuéramos sus pobres fans? Fue bastante humillante. Mató el ambiente». La acusación de fondo no es la ostentación, sino algo más sutil y más hiriente: que la pareja trató a un salón lleno de estrellas de Hollywood como si fuera un club de seguidoras. Aunque en el mismo reportaje aparece un contrapeso que el titular no recoge: otro asistente definió la rifa como algo simplemente «juguetón». Eso sí, ese ganó un bolso de Chanel.
Los «minions», el «acto de networking» y las estrellas que se fueron pronto

La segunda andanada apunta al círculo de hierro de la novia. Según una única fuente anónima, varios invitados que sí conocían bien a la pareja intentaron acercarse a felicitarles y se sintieron rechazados por las amigas que rodeaban a Swift, a las que despacha con ese despectivo «minions». La imagen es demoledora, pero tiene un problema serio de solidez: el propio Daily Mail, en el párrafo inmediatamente siguiente, recoge a otra fuente que sostiene exactamente lo contrario, que los recién casados recorrieron la sala y se aseguraron de saludar a todos sus seres queridos. Un reportaje que se contradice a sí mismo en dos frases consecutivas obliga a leerlo con la cautela con la que se leen los tabloides. Lo mismo ocurre con otra de las puyas: la de que el banquete olía a operación de relaciones públicas, con Swift presentando a su marido a Steven Spielberg, Tom Hanks, Brad Pitt, Adam Sandler y Tom Cruise, «gente que puede ayudarle a conseguir papeles» cuando cuelgue el casco. «Parecía un acto de networking», remata la fuente.
Hay un detalle que el titular del tabloide enlaza con habilidad y que su propio texto se encarga de deshacer. Es cierto, y está documentado en fotografías de los paparazzi, que Tom Brady, Jessica Alba y Hugh Grant abandonaron la celebración antes de tiempo. Pero el rotativo admite negro sobre blanco que «no está claro por qué se marcharon». Nadie ha establecido que se fueran por la rifa ni por ninguna otra cosa: simplemente se fueron, y el resto es sugerencia. A esa lista de reproches se suman los invitados que confiesan no tener ni idea de quiénes eran los novios —«nos sorprendió recibir el mensaje; todo era raro y parecía un evento benéfico de empresa»— y las quejas por las colas y por comer de pie, estas últimas sí corroboradas en su día por otros medios estadounidenses.
La invitada que sí da la cara: «Es una narrativa completamente falsa»

Y aquí llega el giro que convierte esto en una guerra de relatos y no en una simple filtración. Frente a la nube de fuentes sin rostro, hay una mujer que estuvo allí, que se identifica y que ha salido a desmentirlo todo públicamente. Se trata de Tavia Hunt, esposa de Clark Hunt, propietario de los Kansas City Chiefs, que respondió sin anestesia a esta línea de reportajes: «Es una narrativa completamente falsa. No se quedaron sin champán. No había colas largas. Absolutamente todo el mundo estuvo sentado durante la ceremonia». Y despachó a los testigos invisibles con una sola palabra: «Rumores, no la verdad». Por honestidad hay que precisar el matiz: Hunt contestaba a la primera tanda de acusaciones —la del champán agotado y los invitados de pie—, no a la de los «minions» de hoy. Pero el precedente pesa, porque demuestra que ya ha habido una invitada real, con nombre y apellidos, que ha llamado mentira a lo que cuentan los anónimos. En la misma dirección, Kylie Kelce, cuñada del novio, ha definido la boda con un único adjetivo: «increíble».
De los representantes de la pareja, silencio absoluto: fueron consultados y no han respondido, ni para confirmar ni para desmentir. Mientras tanto, los datos que sí están fuera de discusión dibujan una celebración descomunal. La boda se celebró el 3 de julio en el Madison Square Garden ante cerca de mil invitados, la ofició Adam Sandler —ordenado legalmente para la ocasión, amigo de Kelce desde el rodaje de ‘Happy Gilmore 2’—, la novia entró al son de una versión instrumental de su propia ‘Love Story’ enfundada en un vestido de alta costura de Dior firmado por Jonathan Anderson, y sobre el escenario cantaron Paul McCartney y Stevie Nicks. La pareja pagó además 160.000 dólares a la ciudad de Nueva York por el operativo policial, según confirmó el propio alcalde. Y hay una última ironía que el tabloide desliza casi de puntillas, en la última línea de su demoledor reportaje, citando de nuevo a un anónimo: los novios están «en una nube» con cómo salió todo. «Se quieren de verdad», dice la fuente. La misma clase de fuente, exactamente, que unos párrafos antes lo estaba tirando todo por tierra.
