La estampa idílica se rompió en el peor momento. Kiko Rivera regresaba a Sevilla tras unos días de vacaciones en Gran Canaria con sus tres hijos y con su madre, Isabel Pantoja, en el que ha sido el reencuentro familiar más simbólico desde que ambos sellaron la paz. Pero el dj no aterrizó relajado y con las pilas cargadas, sino de un humor de perros: al toparse con las cámaras en el aeropuerto, protagonizó un cabreo monumental y arremetió contra una reportera delante de sus pequeños, según las imágenes difundidas por Europa Press. «Después de 30 años persiguiéndome», soltó, fuera de sí.
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Unas vacaciones en familia que ponen sello a la reconciliación con Isabel Pantoja
Lo que había detrás del viaje era, precisamente, una imagen de armonía difícil de imaginar hace apenas unos meses. Kiko Rivera voló a Gran Canaria acompañado de su novia, Lola García, y de sus tres hijos, Francisco (fruto de su relación con Jessica Bueno), Ana y Carlota (en común con Irene Rosales), para disfrutar de unos días de descanso junto a Isabel Pantoja. No era un encuentro cualquiera: se trataba de la primera visita de los niños a su abuela desde que madre e hijo retomaron su relación el pasado marzo, tras años de un distanciamiento que parecía insalvable.
Al calor canario se sumó también su tío Agustín Pantoja, en un plan familiar que confirma que la reconciliación entre el hijo de Paquirri y la tonadillera va muy en serio y que las heridas del clan empiezan a cicatrizar. Durante esos días, Kiko exprimió al máximo la estancia, consciente del valor de que sus hijos vuelvan a compartir tiempo con la matriarca después de tanto ruido. La postal, en apariencia, era la de una tregua definitiva y celebrada. El problema llegó cuando el descanso tocó a su fin y la realidad mediática que lleva persiguiéndole toda la vida volvió a plantarse en su camino.
Del homenaje a su madre en Sevilla al estallido a la vuelta

La escapada tuvo incluso un paréntesis cargado de simbolismo. Kiko interrumpió sus vacaciones para volar el sábado a Sevilla y pinchar en la Plaza de España dentro del Icónica Santalucía Sevilla Fest, justo después de la polémica cancelación del concierto que su madre tenía previsto ofrecer allí, una suspensión que llevó a la organización a amenazar con acciones legales. Lejos de esconderse, el dj convirtió su sesión en una defensa cerrada de la artista: puso su clásico Así fue ante el público entregado y lo acompañó de una exclamación que resume su nuevo papel de escudero, «por mis cojones mi madre suena hoy aquí». Horas después volaba de nuevo a Canarias para reencontrarse con sus niños y con Isabel Pantoja.
Ese ida y vuelta relámpago dejaba claro hasta qué punto Kiko quería estirar cada minuto de un reencuentro que llevaba años deseando. Por eso resultó tan llamativo el contraste con lo que ocurrió a la vuelta. Este martes, el cantante de Quítate el top, sus tres pequeños y una Lola García convertida en inseparable sombra suya aterrizaban de nuevo en la capital andaluza para retomar la rutina laboral. La felicidad que cabía esperar tras semejante viaje se evaporó en cuanto el intérprete detectó a los reporteros esperándole en la terminal.
«¿Después de 30 años persiguiéndome?»: el enfado ante la mirada de sus hijos
La reacción fue desproporcionada para el ambiente familiar que le rodeaba. Visiblemente alterado, Kiko encaró a una reportera con un tono cada vez más hostil. «Pareces de Jaén, mi alma. ¿Eres de Jaén y no entiendes la broma? Después de 30 años persiguiéndome, ¿ahora no me vas a entender?», llegó a espetarle, incapaz de contener la irritación. Sus hijos, testigos directos de la escena, no daban crédito a lo que veían, mientras Lola García intentaba mantenerlos en un discreto segundo plano y protegerlos del mal trago.
El propio dj trató de justificar su estallido apelando al cansancio acumulado y a lo intempestivo de las horas, quejándose de que le grabaran en el aeropuerto cuando viajaba con sus niños después de un largo desplazamiento. La explicación, sin embargo, no borra la imagen de un padre perdiendo las formas con la prensa delante de sus tres pequeños, un flanco que en su día ya le costó no pocas críticas.
El episodio deja una lectura agridulce del momento que atraviesa Kiko Rivera. En lo personal, la reconciliación con Isabel Pantoja avanza a buen ritmo y las vacaciones canarias han sido su mejor prueba. En lo mediático, en cambio, el hijo de la tonadillera sigue librando su vieja guerra con las cámaras, esa que arrastra desde niño y que, treinta años después, continúa haciéndole saltar por los aires en el momento más inesperado.
