Kiko Rivera vuelve a situarse en el centro de la polémica tras ser acusado de asaltar la que fuera su casa durante casi cuarenta años. Almudena Mateos, guardesa de la finca Cantora desde 2024, ha denunciado un «episodio muy desagradable» protagonizado por el DJ y su actual pareja, Lola García, quienes presuntamente forzaron la entrada de la propiedad para llevarse enseres personales a pesar de que la finca ya no pertenece a la familia Pantoja tras su venta el pasado invierno.
Te recomendamos

Alejandra Rubio entra en casa con su hija Tessa y alguien se le ha adelantado con un detalle que no esperaba y que ella enseña orgullosa

Laura Matamoros descarta volver a pincharse el tratamiento que la ha tenido un mes de médicos y lo zanja con un «esto no me lo vuelvo a pinchar»

Tita Cervera reaparece tras cuatro meses sin pisar la calle, se declara «la mar de bien» y anuncia su vuelta a Madrid para presidir la inauguración del Museo Thyssen

Ariana Grande cambia en directo el verso que daba por pasado lo suyo con su novio Ricky Alvarez y canta que quiere que sea su último amor: sus fans hablan ya de boda
Un enfrentamiento hostil con cerraduras rotas de por medio
Almudena Mateos, responsable de la seguridad y mantenimiento de la finca desde 2024, ha roto su silencio en el programa ¡De Viernes! para narrar lo que define como un «episodio muy desagradable». Según su testimonio, los hechos ocurrieron el pasado 16 de abril, cuando descubrió que uno de los balcones traseros de la casa principal estaba semiabierto. Al regresar de comprar nuevos candados para asegurar el perímetro, Mateos se encontró con que la cerradura de la puerta principal había sido forzada y rota.
Al entrar en la propiedad pensando que se trataba de una invasión, la empleada se topó con Kiko Rivera, su novia Lola García y tres trabajadores más. La situación escaló rápidamente hacia un enfrentamiento verbal de alta tensión. «Lola se envalentona conmigo, buscando discutir en todo momento», relata la guardesa, quien también afirma que el grupo levantó las manos de forma amenazante frente a su hija, lo que la llevó a grabar la escena con su móvil y llamar a la policía en medio de un ataque de nervios.
La mudanza forzosa de los enseres de Kiko Rivera
A la espera de que el hijo de Isabel Pantoja ofrezca su versión de los hechos, las informaciones apuntan a que el productor musical acudió a su antigua morada para recuperar enseres que todavía permanecían en el cortijo, incluyendo automóviles y diversas maletas. La controversia radica en las formas empleadas, ya que el asalto se produjo presuntamente sin el consentimiento de la actual gestión de la finca y mediante el uso de la fuerza sobre la propiedad.
Este incidente se suma a la reciente reconciliación entre Kiko Rivera y su madre, quienes tras años de disputas públicas por la herencia de Paquirri y la gestión de Cantora, parecen haber firmado la paz definitiva. La guardesa, que asegura tener pruebas gráficas de todo el altercado, profundizará esta noche en los detalles de la pelea en una entrevista que promete arrojar luz sobre los motivos que llevaron al DJ a entrar de forma tan abrupta en la que fue su casa durante casi cuatro décadas.
Isabel Pantoja y Kiko Rivera: reencuentro público en el horizonte
Paradójicamente, este conflicto coincide con los preparativos para la primera imagen pública de madre e hijo tras su acercamiento. Se espera que el próximo 27 de junio, en un festival de música en Sevilla, ambos compartan escenario. Isabel Pantoja actuará junto al grupo Il Divo y, acto seguido, Kiko Rivera será el encargado de cerrar la jornada con su sesión de DJ, tomando el relevo directo de la tonadillera ante miles de personas.
Este festival se presentaba como el broche de oro a una etapa de distanciamiento, pero el presunto asalto a Cantora añade un nuevo capítulo de inestabilidad a la familia Pantoja. Mientras la cantante continúa con su gira y sus compromisos internacionales, su hijo vuelve a estar en el ojo del huracán mediático por su temperamento y por un conflicto de propiedad que parece no tener fin, incluso después de haberse deshecho del inmueble más emblemático de su historia familiar.
