Una foto en casa, con sus hijos y una camiseta puesta a petición del pequeño, le ha costado a Javier Tudela una oleada de críticas que él no vio venir. Ha respondido con una frase que resume el ambiente de estos días: «Hay personas que ven una camiseta y empiezan a repartir carnés de quién es más español».
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Una fiesta en casa, una foto y un revuelo que se le fue de las manos
La publicación que lo desencadenó todo no tenía, en principio, nada de particular. En ella, la pareja compartía la fiesta que habían organizado con amigos para ver la gran cita entre España y Argentina, ese partido del que La Roja salió victoriosa para convertirse en campeona del mundo dieciséis años después de aquella primera estrella, gracias al gol de Ferrán en el minuto 106 de la prórroga.

Una escena doméstica de las que se repitieron por millones aquella noche en toda España: amigos, casa, televisión y niños dando vueltas. La diferencia estaba en un detalle que a él le pareció menor y a una parte de sus seguidores no: en la imagen, el creador de contenido aparecía con sus hijos luciendo la elástica argentina.
Bastó eso. Las imágenes generaron un gran revuelo en redes sociales, hasta el punto de que no le dejaron otra opción que salir a aclarar por qué la llevaba puesta. Y la explicación, cuando llegó, era mucho más sencilla de lo que la indignación acumulada daba a entender: no había gesto político, ni provocación, ni ambigüedad futbolística. Había un niño que le había pedido a su padre que se pusiera una camiseta concreta, y un padre que se la puso. Que algo así necesite explicación pública dice bastante más del clima de aquellos días que de quien colgó la foto, y él mismo lo ha planteado en esos términos al defenderse de una acusación que, en el fondo, nadie llegó a formular del todo.
«Voy con España, pero hoy llevo la camiseta porque mi hijo me la pidió»

Su aclaración fue directa y sin rodeos: «Voy con España, pero hoy llevo la camiseta de Argentina porque mi hijo me la pidió. Su madre es argentina y esa camiseta también forma parte de su historia». Ahí está el dato que desmonta la polémica entera y que casi nadie se molestó en comprobar antes de escribir: su pareja, Marina Romero, es argentina, de modo que el niño tiene las dos banderas en casa por nacimiento, no por capricho. Lo que para un espectador ajeno era una camiseta rival, en ese salón era simplemente la mitad del origen del crío. Y un padre que decide honrar esa mitad la noche en que juegan los dos países de su hijo no está eligiendo bando: está evitando que su hijo tenga que elegirlo.
Lo que el exconcursante de ‘GH VIP‘ ha reconocido no entender es cómo un gesto así ha generado tanto descontento entre quienes le siguen. «Lo que jamás imaginé es que una foto con mi familia pudiera molestar tanto a algunos», ha admitido, antes de rematar con la frase que ha terminado circulando por encima de todo lo demás: «Hay personas que ven una camiseta y empiezan a repartir carnés de quién es más español. Yo, en cambio, veo a un niño feliz porque su padre se puso la camiseta que él eligió». La contraposición es deliberada y funciona: de un lado, el que audita la españolidad ajena desde el teléfono; del otro, un crío contento. Puestos a decidir qué imagen envejece mejor, no parece que haya mucha discusión.
«El patriotismo no se mide por una camiseta, sino por los valores»
El hermano de Anita Matamoros ha querido dejar claro, además, que lo que siente por su país no está sujeto a la aprobación de nadie: «No necesito demostrar mi amor por España a desconocidos en Instagram», ha zanjado. Y ha ido un paso más allá para explicar dónde cree él que se juega de verdad ese asunto: «Lo que sí tengo claro es que el patriotismo no se mide por una camiseta, sino por los valores. Y el primero de ellos debería ser el respeto». Es un argumento incómodo precisamente porque no se puede rebatir sin quedar retratado: quien exige pruebas de patriotismo a un desconocido en un comentario está fallando justo en la primera de las condiciones que él enumera.
Y hay un detalle que conviene no pasar por alto, porque es el que mide el daño real de la campaña. Tras la oleada de mensajes, él mismo ha dejado caer que su apoyo se ha resentido: «Iba con España, pero después de leer algunos comentarios…», ha expresado, dejando la frase a medias y con la idea perfectamente entendida. Es decir, que el resultado de linchar a alguien por vestir a su hijo como el niño quería no ha sido reforzar el sentimiento colectivo, sino erosionarlo en quien lo tenía. Por eso ha pedido «recordar que una camiseta no debería sacar lo peor de una persona», una frase que suena a obviedad hasta que uno repasa el volumen de comentarios que tuvo que leer para escribirla.
«Recordará que su padre le hizo feliz»: el cierre que zanja el asunto

El punto final que ha puesto a la polémica es el que mejor explica por qué decidió responder en lugar de borrar la publicación y seguir con su vida. «Al final, cuando mi hijo vea esta foto dentro de unos años, no recordará quién ganó un partido. Recordará que su padre le hizo feliz. Y eso vale infinitamente más que cualquier comentario», ha sentenciado. Dicho de otra forma: la foto no va del partido, y quien la leyó como una declaración deportiva se equivocó de género. Va de un padre y de un hijo, y el marcador de esa noche es, en esa historia concreta, un dato accesorio que dentro de una década no significará nada para el único destinatario que le importa.
Queda, eso sí, el retrato de fondo, que es lo que ha hecho que su respuesta corra tanto. Una selección acababa de ganar un Mundial en la prórroga y buena parte de la conversación en redes se dedicó, esa misma noche, a examinar la ropa que llevaban puesta los demás en su propia casa. La reacción del creador de contenido no ha sido pedir disculpas ni matizar: ha sido explicar el porqué, recordar que su pareja es argentina y devolver la pregunta a quienes la lanzaron. Y lo ha hecho sin insultar a nadie, que es exactamente el registro que reclamaba en su mensaje. En una semana en la que las banderas han estado por todas partes, ha terminado siendo uno de los pocos que ha discutido sobre valores en lugar de sobre camisetas.
