Llevaban meses callados mientras el viudo de su madre daba su versión. Ahora los hijos de Olivia Vàlere han contestado por primera vez, y no solo acusan a Philippe Roger de dilapidar la fortuna: sostienen que ha faltado a la verdad en lo más importante, porque el pleito por la herencia no está cerrado.
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«Todavía no hay sentencia»: el punto que desmonta el relato del viudo
De todo lo que han contado, este es el dato con más consecuencias prácticas y el que conviene poner por delante. Frente a la idea instalada de que el asunto judicial estaba resuelto, la versión de la familia es la contraria: «Todavía no hay sentencia que diga que ese testamento es válido». Se refieren al testamento hológrafo que apareció después del fallecimiento de la empresaria y cuya existencia, aseguran, los hijos desconocían por completo. Si esa afirmación se sostiene, cambia por completo el estado de la cuestión: no habría un reparto firme, sino un procedimiento todavía abierto sobre el que aún debe pronunciarse un juez.
Es una precisión relevante porque durante meses la narrativa pública ha sido la del conflicto ya sentenciado, con un ganador y unos perdedores. Los hijos sostienen ahora que esa foto no se corresponde con la realidad procesal. En la misma línea desmienten otro extremo que se había dado por bueno: que la hija estuviera ocupando sin permiso la vivienda de París. Según su versión, la propia empresaria la había autorizado a vivir allí desde hacía tiempo, de modo que no está de «okupa» como llegó a afirmar el abogado francés. Son dos correcciones de fondo a un relato que llevaba tiempo circulando sin réplica.
La acusación más dura: «Se está gastando la herencia en sus novias de 20 años»

El titular emocional, sin embargo, es otro. Tras conocer las alegaciones de Karen Vàlere, el periodista Nacho Gay —a quien los hijos han dado su versión en exclusiva— resumió así el reproche central: «Se está gastando la herencia en sus novias de 20 años». La acusación que trasladan es que, al poco tiempo de morir su madre, el viudo tomó el dinero y lo gastó, dilapidando buena parte de la fortuna para contentar a sus parejas veinteañeras. Conviene subrayar que se trata de la versión de una de las partes en un litigio abierto, no de un hecho acreditado.
Dentro de ese capítulo hay un detalle que duele más que las cifras, porque toca lo simbólico. La hija sostiene que su madre y ella habían hablado de que las joyas serían para ella, su única hija, y que ahora las llevan las novias del viudo. En una herencia con inmuebles y patrimonio de por medio, que el punto más doloroso sea ese dice bastante de cómo se vive un conflicto así desde dentro. Ella insiste, además, en un argumento que atraviesa toda su intervención: que su madre se desvivía por sus hijos y jamás los habría dejado sin protección, algo que a su juicio no encaja con el reparto que se ha defendido públicamente.
De qué acusaba él a ellos: la casa de París y los cuadros de Marbella
Para entender el alcance de esta réplica hay que recordar de dónde viene. Fue él quien llevó el conflicto al terreno público y quien formuló las primeras acusaciones, con dos episodios muy concretos. Por un lado, señaló a Karen por lo que consideraba un intento de quedarse con la vivienda de París. Por otro, acusó a Arnaud de haber aprovechado el periodo en el que él sufría un derrame cerebral para llevarse varios cuadros de la casa familiar de Marbella. Dos reproches de peso que quedaron sobre la mesa durante meses sin que la otra parte respondiera.
Ese silencio es precisamente lo que rompe ahora la familia, y explica por qué el asunto vuelve a la actualidad. Hasta este momento la conversación pública se había construido sobre una única voz, la del viudo, que además ha ido concediendo entrevistas y detallando su punto de vista mientras rehacía su vida personal. Que los hijos hayan decidido hablar ahora, y hacerlo con una batería de desmentidos concretos en lugar de con generalidades, convierte el episodio en algo más que un intercambio de reproches: es la primera vez que las dos versiones están disponibles a la vez y pueden compararse.
Un conflicto que empezó antes del fallecimiento

Hay un apunte cronológico en su relato que ayuda a entender la profundidad del enfrentamiento y que hasta ahora no se había situado con tanta precisión. La hija fecha el inicio de sus problemas con el viudo aproximadamente dos meses antes de la muerte de su madre. Es decir, que la tensión no nació al abrirse el testamento ni al repartirse los bienes, sino cuando la empresaria todavía vivía. Ese matiz cambia la naturaleza del asunto: no estaríamos ante una pelea sobrevenida por el dinero, sino ante un deterioro previo que la herencia solo habría hecho estallar.
Con todo lo anterior sobre la mesa, el caso queda en un punto muy distinto al de hace unas semanas. Por un lado, un procedimiento que, según los hijos, sigue vivo y pendiente de una resolución sobre la validez del testamento hológrafo. Por otro, dos versiones enfrentadas sobre lo ocurrido con el patrimonio, las joyas y las viviendas, cada una respaldada por una parte y ninguna de ellas confirmada judicialmente por ahora. Y en medio, el nombre de una empresaria que convirtió su local en un símbolo de la noche de la Costa del Sol y cuyo legado lleva meses discutiéndose en los platós antes que en los juzgados.
