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Corazón

El ático de María Teresa Campos tendría un tercer nombre: Gemma Serrano asegura que un prestamista se quedó una participación cuando ella estaba muy enferma y que Terelu y Borrego no pueden vender sin saldarlo

Pedro Serrano González
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La guerra por el ático de Málaga que Terelu Campos y Carmen Borrego heredaron de su madre acaba de abrir un frente nuevo, y esta vez no va de fotos ni de portales inmobiliarios: va de propiedad. Gemma Serrano, considerada uno de los azotes públicos de la familia e íntima amiga de Bigote Arrocet, ha reaparecido ante las cámaras este viernes para recuperar una información que asegura haber dado en su día y que, según ella, deja a las hermanas en una posición muy complicada si de verdad quieren vender: sostiene que hay un prestamista con una participación en esa casa. «No pueden vender la casa porque hay un prestamista», ha resumido. Todo lo que sigue son sus palabras y su versión, no un hecho acreditado, y así conviene leerlo.

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El nombre que, según ella, falta en la escritura

El relato que hace Gemma Serrano sitúa el origen del problema en los meses más duros de la enfermedad de María Teresa Campos, fallecida en septiembre de 2023. «En su día se puso en contacto un prestamista que les había dejado dinero a cambio de una participación en la casa», ha explicado. Y de ahí deriva la duda que lanza sobre la operación: «Entonces no sé de qué forma querrán venderlo. Lo podéis mirar a través del registro de la propiedad, si esa casa les pertenece por herencia o si esa casa tiene más de una persona que sea propietaria. Entonces, hay un prestamista que en su momento les dejó dinero, no sé si se lo habrán devuelto. Imagino que no». La invitación a consultar el registro no es un detalle menor: es exactamente el documento que zanjaría el asunto en un minuto y que, de momento, nadie ha puesto encima de la mesa.

Sobre el momento en que se habría producido ese préstamo, la colaboradora es igual de explícita: sostiene que las hermanas se pusieron en contacto con el prestamista porque necesitaban dinero «cuando estaba su madre muy enferma». Y añade una descripción de la situación patrimonial que, de ser cierta, complicaría cualquier venta: «Así que o pagan al prestamista la deuda que tenían… porque la casa estaba en manos del prestamista y de las dos hijas». Ella misma admite, eso sí, los límites de lo que sabe, y esa honestidad conviene recogerla: «Es que no tengo claro si de hecho ellas heredaron la casa y se quedaron solamente con el usufructo o si pagaron los impuestos por esa herencia. O sea, no lo tengo claro. Yo sé que cuando falleció María Teresa estaban en esa situación». Es decir, afirma el préstamo y la participación, pero no cierra en qué situación quedó todo después.

«No me creo nada de estas señoras»: el reto de la denuncia

El segundo golpe va contra la versión que las hermanas han sostenido estas semanas. Terelu Campos y Carmen Borrego han negado que el piso esté en venta y han negado también haber autorizado la publicación de las fotografías en un conocido portal inmobiliario. Gemma Serrano pone en duda las dos cosas y lo hace con un argumento incómodo por lo sencillo: si alguien se coló en la casa y publicó imágenes sin permiso, hay un camino evidente. «Si dicen que alguien se ha colado dentro de la casa y había puesto las fotos sin su permiso es tan sencillo como presentar una denuncia a la policía porque no has autorizado dichas fotos o porque no has autorizado que dichas fotos se expongan en un portal inmobiliario, ¿no?», ha planteado. Y a continuación, sin rodeos: «Es que no me creo nada de estas señoras».

Ese reto llega en un momento concreto de la historia, y por eso pesa. Terelu Campos ya rompió su silencio el 15 de julio jurando que ella no había puesto el piso a la venta y anunciando que se asesoraba legalmente, y Carmen Borrego se dolía dos días después de «una nueva guerra» por el ático de su madre. Es decir: hubo anuncio de medidas legales y hubo queja pública. Lo que no ha habido, hasta donde se sabe, es la denuncia que Gemma Serrano les reclama ahora. Ese hueco entre lo que se anunció y lo que se ha hecho es justamente el espacio por el que ella ha metido el dedo esta mañana.

Por qué su desconfianza encaja con lo que ya se demostró

Hay una razón por la que la frase «no me creo nada» no puede despacharse como una salida de tono, y está en la hemeroteca reciente de este mismo asunto. Durante casi una semana la versión oficial fue que las fotos habían salido de un tercero ajeno a la familia, y ese señalamiento tuvo nombre y apellidos: José María Almoguera tuvo que romper su silencio para negar que fuera a vender el ático y estallar por el señalamiento. Después se supo que aquellas imágenes se habían hecho con Terelu y Alejandra dentro de la casa. Y finalmente la propia familia acabó admitiendo que las fotos las había mandado Carmen Borrego, con permiso de las dos.

Ese recorrido es el que convierte la desconfianza de Gemma Serrano en algo más que una opinión hostil: seis días de una versión que se cayó sola. No prueba en absoluto que lo del prestamista sea cierto —eso sigue siendo únicamente su palabra y necesita el registro de la propiedad para sostenerse—, pero sí explica por qué su exigencia de documentos encuentra eco. En una historia donde la primera explicación no resistió el contraste, cualquier nueva negativa sin papeles pesa menos de lo que pesaría en otro caso. Y ahí es donde las hermanas tienen ahora un problema de credibilidad que es independiente de que tengan o no razón en el fondo del asunto.

Los 200.000 euros y la exclusiva que da por hecha

La colaboradora dejó además una puerta abierta que conviene registrar con precisión, porque matiza su propia acusación. Preguntada por la publicación de Lecturas según la cual las hermanas habrían pedido un préstamo de 200.000 euros sobre esa casa después de heredarla libre de cargas, Gemma Serrano reconoció que es posible que la deuda con el prestamista se saldara después. Es decir: ni siquiera ella afirma que el prestamista siga hoy en la propiedad. Lo que sostiene es que lo estuvo, que ella lo contó en su momento y que la única forma de aclararlo es documental. Todo lo demás —cuánto se debía, si se pagó, cuándo y con qué dinero— sigue sin respuesta pública.

Y remató con un pronóstico y una sentencia sobre el futuro económico de las hermanas que es, con diferencia, lo más duro de toda su intervención. Da por hecho que Terelu Campos y Carmen Borrego acabarán contando esto en una exclusiva pagada, porque a su juicio «no les queda otra que hacer en la vida. Porque como siempre han vivido de la madre, pues poco tienen ya por hacer». Y cerró preguntándose en voz alta por su patrimonio: «No sé hasta dónde pueden llegar estas señoras, aunque no me sorprende que no tengan dinero porque no lo han administrado nunca. ¿Qué bienes tienen estas señoras? Dime. Siempre han vivido de alquiler y siempre han vivido de lo que han podido. Por tanto, siguen igual». Ninguna de las dos ha respondido de momento a estas palabras. Si lo hacen, y si aportan el papel que zanja quién figura en el registro, la historia se acaba en una tarde. Mientras no lo hagan, seguirá creciendo.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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