Se acabó. Lo que muchos esperaban que fuera solo un bache temporal se ha transformado en una ruptura irreversible. Álvaro Morata y Alice Campello han iniciado formalmente los trámites de su divorcio, poniendo fin a una década de amor y una familia con cuatro hijos en común. Tras un verano de 2024 marcado por una separación mediática y una posterior reconciliación que hizo soñar a sus seguidores, el capitán de la Selección Española y la empresaria italiana no han logrado gestionar las «incomprensiones» que venían desgastando su matrimonio. En ‘Vibras en Corte‘ desgranamos los detalles de esta mudanza definitiva en Milán y las palabras de un Morata que, pese al dolor, sigue señalando a Alice como la mujer de su vida.
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La noticia, que ya sobrevolaba el entorno de la pareja tras unas Navidades distanciadas, ha sido confirmada por el futbolista al periodista Javi de Hoyos en el programa ‘D Corazón’. Morata ha querido ser tajante para evitar especulaciones dañinas: «No hay terceras personas». Sin embargo, el amor no ha sido suficiente para salvar un compromiso que ya se vio sacudido por una crisis profunda hace apenas un año.
Mudanza en Milán: Vidas separadas a pocos metros
El distanciamiento ya no es solo emocional, sino físico. Según ha confirmado la revista ‘Hola’, Álvaro Morata ha abandonado el exclusivo domicilio conyugal en Milán, donde reside Alice con sus hijos, para instalarse en una nueva vivienda situada a escasos minutos a pie. Un movimiento estratégico que busca mantener la cercanía con sus pequeños en este durísimo proceso de transición.
Las señales de alarma se intensificaron al cierre de 2025, cuando ambos compartieron reflexiones que hoy cobran un nuevo sentido:
- Alice Campello: Habló de un año que la puso «a prueba» y de la necesidad de vivir experiencias difíciles para evolucionar.
- Álvaro Morata: Admitió que el último año le «sacudió por dentro», obligándole a mirarse de frente en una etapa laboral y personal especialmente convulsa.
De Venecia al adiós: Ocho años de un romance de «redes sociales»
La historia de Álvaro y Alice siempre pareció un cuento de hadas moderno. Se conocieron en 2016 a través de un mensaje directo en redes sociales cuando él militaba en la Juventus. A pesar de las advertencias del padre de la italiana sobre los futbolistas, la química fue instantánea. Solo un año después, en junio de 2017, celebraban una boda de ensueño en Venecia que dio paso a ocho años de respeto y cuidado mutuo.
Sin embargo, como ellos mismos explicaron en su primera ruptura en agosto de 2024, las «incomprensiones continuas» terminaron por intoxicar la convivencia. Aunque en aquel momento intentaron frenar a tiempo para no llegar a un punto «tóxico», la segunda oportunidad que se dieron cinco meses después no ha logrado fructificar.
El respeto como bandera en el adiós
A diferencia de otras rupturas traumáticas en el mundo del deporte, Morata y Campello mantienen un discurso de profunda admiración recíproca. El futbolista insiste en que están pasándolo «muy mal», mientras que Alice siempre ha defendido que Álvaro ha sido una persona que no ha hecho más que «priorizarla y cuidarla».
Desde Vibras en Corte seguiremos pendientes de los próximos pasos de la expareja, que por ahora mantiene un perfil bajo en redes sociales, centrados en proteger la estabilidad de sus cuatro hijos, quienes, en palabras del propio Álvaro, son «lo mejor que han hecho jamás».
¿Crees que una segunda oportunidad puede salvar un matrimonio desgastado o, como en el caso de Morata y Alice, suele ser el preámbulo de un final inevitable?
