El pasado 30 de enero, el Rey Felipe VI alcanzó los 58 años de vida en un momento de plenitud institucional, pero optando por una celebración alejada de grandes fastos. Fiel a la tradición de la familia Borbón de unir normalidad y aniversarios, el monarca sopló las velas en la intimidad, disfrutando de un respiro en su intensa agenda de trabajo y priorizando el calor de su núcleo familiar en el Palacio de La Zarzuela.
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Un cumpleaños entre el deber y la familia
A pesar de ser el soberano con más agenda de todas las monarquías durante el pasado 2025, Don Felipe no detuvo su actividad de despacho el viernes 30. Uno de los momentos más comentados de la mañana fue su audiencia con la presidenta de Eslovenia, Nataša Pirc Musar, donde el Rey hizo gala de su buen humor. Ante la pregunta de la periodista Ascensión Vázquez sobre cómo llevaba los 58, el monarca respondió entre risas: “Ahí van, no pesan demasiado”, una evolución optimista de aquel “vamos tirando” que pronunció a los 56.
La nota de alegría la puso la Infanta Sofía, quien adelantó su regreso desde Lisboa —perdiendo incluso un día de clase— para estar junto a su padre. El gran festejo tuvo lugar el sábado, con un almuerzo en su residencia al que asistieron la Reina Sofía, especialmente arropada tras la pérdida de su hermana, y un grupo de amigos íntimos. Fue un aniversario agridulce: por un lado, la satisfacción de volver a ser cuatro en casa con la presencia de la Princesa Leonor (en su último curso militar en San Javier) y Sofía; por otro, la sombra de la reciente muerte de su tía Irene de Grecia y el dolor por las víctimas de la tragedia ferroviaria de Adamuz, a cuyas familias los Reyes habían consolado apenas un día antes en Huelva.
El fenómeno Felipe VI: Elegancia y popularidad en máximos históricos
Felipe VI no solo saca su nota más alta de popularidad desde que llegó al trono, logrando salvar la imagen de una Corona que heredó «dañada», sino que se ha convertido en un auténtico icono de estilo global. La prensa internacional lo ha coronado como el ‘royal’ más apuesto del mundo, destacando su impecable porte heredado de su abuelo, el Rey Pablo de Grecia. Sus trajes y camisas a medida son fenómeno viral incluso en la exigente Inglaterra.
El «secreto» del Rey: Salud y deporte
Su envidiable estado físico no es fruto del azar. Siguiendo una dieta sumamente saludable y una rutina de ejercicio constante, el monarca —que fue diploma olímpico en Barcelona 92— utiliza el deporte para desconectar. Aunque practica desde escalada hasta esquí, su lista de favoritos es clara:
- Pádel: Juega frecuentemente en la pista de Zarzuela.
- Esquí: Su gran pasión desde la infancia, escapándose a la montaña siempre que puede.
- Vela: Al timón del Aifos cada verano para competir en la Copa del Rey.
