A sus 79 años, Susan Sarandon sigue siendo el ejemplo vivo de que la independencia no es solo una actitud frente a las cámaras, sino un eje vital. La ganadora del Óscar, cuya trayectoria sentimental es tan vibrante como su activismo pacifista, ha vuelto a situarse en el foco tras cumplirse cuatro años de su mediática confesión en un «late show» estadounidense, donde se declaró abiertamente bisexual. Desde sus inicios en un colegio de monjas hasta su madurez como icono de la libertad sexual, Sarandon ha demostrado que las etiquetas son, para ella, meros accesorios de una vida dedicada a la autenticidad.
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Una juventud de lucha y el origen de su nombre

Nacida como Susan Abigail Tomalin, la actriz creció en el seno de una familia católica tradicional. Sin embargo, su espíritu libre emergió pronto en la universidad, donde costeaba sus estudios de Arte Dramático trabajando como peluquera y limpiadora, mientras se escapaba de las aulas para manifestarse contra la guerra de Vietnam. Fue en esa etapa, a finales de los 60, cuando conoció a Chris Sarandon, con quien se casó en 1968 y de quien adoptó el apellido que la acompañaría durante toda su carrera. Irónicamente, en el casting que cambió su vida para la película Joey, ella fue la elegida mientras él era excluido de las pruebas.
Los ardientes años 80 y el desafío a la medicina

La filmografía de Sarandon está marcada por encuentros que traspasaron la pantalla. En 1983, el rodaje de El ansia la unió a David Bowie y Catherine Deneuve, protagonizando con esta última una de las secuencias lésbicas más icónicas del cine. Su fuerte carácter quedó patente cuando, ante la oferta de un licor para «entrar en situación», espetó: «No hace falta estar borracha para querer acostarse con la Deneuve». Por aquel entonces, sus romances con Sean Penn y Christopher Walken ya eran de dominio público.
Uno de los capítulos más heroicos de su vida personal fue su maternidad. Diagnosticada con una endometriosis severa que, según los médicos, le impedía ser madre, Susan desafió los pronósticos. A los 37 años, fruto de su relación con el director Franco Amurri, nació su hija Eva, un embarazo que la actriz llevó adelante aun sabiendo que ponía en riesgo su propia vida.
La era Robbins: amor, activismo y el Óscar en el baño

En 1988, durante el rodaje de la película La bella y el campeón, comenzó su relación con Tim Robbins, un actor doce años menor que ella con quien formó una de las parejas más sólidas y respetadas de Hollywood durante veintitrés años. Pese a la estabilidad de su unión, Susan Sarandon se negó siempre a pasar de nuevo por el altar al haber quedado escarmentada por su primer matrimonio, una postura que mantuvo firme durante toda su convivencia. Juntos tuvieron dos hijos, Jack y Miles, a quienes criaron en un entorno alejado del prestigio tradicional mientras ambos se consolidaban como el «azote» de la industria cinematográfica debido a sus constantes y punzantes discursos políticos.
La pareja no dudó en utilizar su influencia para denunciar las injusticias sociales, lo que les llevó a sufrir un sonado veto en Hollywood tras aprovechar su intervención en la gala de los Óscar de 1993 para denunciar la situación de un campamento de enfermos de Sida en Guantánamo. Esta plataforma de protesta provocó que los responsables de la Academia de Artes de Hollywood dejaran de invitarlos a ediciones posteriores, un castigo que solo se levantó cuando ella regresó de forma triunfal como ganadora de la estatuilla a la mejor actriz por su papel en Pena de muerte, un filme dirigido por el propio Robbins. Fiel a su estilo independiente y desmitificador, Susan Sarandon decidió no exhibir el galardón en su salón de estar, prefiriendo tenerlo expuesto de manera informal en su cuarto de baño.
«Disponible y abierta»: su realidad actual

Tras su ruptura con Robbins en 2009 —motivada, según ella, por una reflexión existencial tras participar en la obra de teatro Exit the King—, Sarandon mantuvo una relación de cinco años con Jonathan Bricklin, treinta años menor. Fue tras esta ruptura cuando la actriz declaró estar «disponible» y abierta a experimentar relaciones con mujeres.

Su confesión final de bisexualidad en septiembre de 2022 en The Tonight Show no fue más que la rúbrica a una vida donde, como el propio Frank Sinatra, siempre ha hecho las cosas «a su manera».
